sábado, 28 de julio de 2018

Poema (Ante las adelfas)






Ante las adelfas


No sé si el juicio de nuestros contemporáneos
es lo que importa. Quizás sea mejor
situarse ante las adelfas,
un poco más adentro de la foto,
donde cuando niña
aprendió a ser relativa.
Es hermosa la visión desde ese ángulo.
Alguien la mira desde atrás,  se adivina
una sombra. Días venideros no constan.



(la autora. de Acontecimiento, Tusquets 2008)

domingo, 8 de julio de 2018

lunes, 25 de junio de 2018

Olga Orozco












Señora tomando sopa

Detrás del vaho blanco está el orden, la invitación o el ruego,
cada uno encendiendo sus señales,
centelleando a lo lejos con las joyas de la tentación o el rayo del peligro.
Era una gran ventaja trocar un sorbo hirviente por un reino,
por una pluma azul, por la belleza, por una historia llena de luciérnagas.
Pero la niña terca no quiere traficar con su horrible alimento:
rechaza los sobornos del potaje apretando los dientes.
Desde el fondo del plato asciende en remolinos oscuros la condena:
se quedará sin fiesta, sin amor, sin abrigo,
y sola en lo más negro de algún bosque invernal donde aúllan los lobos
y donde no es posible encontrar la salida.

Ahora que no hay nadie,
pienso que las cucharas quizás se hicieron remos para llegar muy lejos.
Se llevaron a todos, tal vez, uno por uno,
hasta el último invierno, hasta la otra orilla.
Acaso estén reunidos viendo a la solitaria comensal del olvido,
la que traga este fuego,
esta sopa de arena, esta sopa de abrojos, esta sopa de hormigas,
nada más que por puro acatamiento,
para que cada sorbo la proteja con los rigores de la penitencia,
como si fuera tiempo todavía,
como si atrás del humo estuviera la orden, la invitación, el ruego.


(Fotos tomadas en Toay, Casa Natal de Olga Orozco, Concha García)
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jueves, 7 de junio de 2018

Alejandra Pizarnik y su tumba en La Tablada, Buenos Aires




Para llegar a la Tablada, población situada en el distrito de la Matanza, al oeste de Buenos Aires, hay que tomar dos autobuses y un tren, atravesar una infinidad de barrios observados a través de la ventanilla, casi todos iguales, casas bajas, comercios, aceras resquebrajadas y arboledas, mucho más difíciles de encontrar en la ciudad de Buenos Aires. Algunas casas están muy viejas, las calzadas no se han remozado desde hace años, la vía del tren la atraviesa sin cortarla porque toda ella está hecha a retazos. Decidimos ir a La Tablada, con la poeta Bárbara Belloc, uno de los días más lluviosos de mayo. La lluvia no iba a impedir la excursión que nos llevaría a verla tumba de la poeta Alejandra Pizarnik. El cementerio israelita de la Tablada es el más grande de Latinoamérica. Al llegar a la población, tristemente también conocida por el asalto al cuartel militarde la Tablada en 1989, con la lluvia calándonos, nos acercamos a una remisería –un coche de alquiler- para que nos llevara el cementerio. El conductor se sorprendió al proponerle el trayecto, no tenía ni idea de quién era Pizarnik, le interesaba hablar de la situación política en Argentina y comenzó a darnos datos que compartíamos.  El dólar había subido el día anterior lo suficiente como para provocar una inflación que ni el Fondo Monetario Internacional iban a impedir, todo lo contrario, los ajustes que suele pedir ese Fondo son mortíferos para la población.
Llovía tanto que apenas pudimos atravesar la acera sin mojarnos bajo un paraguas. Mientras recorríamos el largo paredón con inscripciones judaicas, no dejaba de asombrarme. Un empleado apellidado Meizón, nos ayudó a encontrar donde estaba la tumba de la poeta mediante un archivo virtual –hay más de 15.000 tumbas en La Tablada. En un ordenador tecleé su apellido. Había que recorrer un pasillo central y girar a la derecha y otra vez a la izquierda, pero la lluvia formaba un cortinaje tanespeso que se nos hacía difícil llegar. Alejandra Pizarnik se suicidó con 36 años en Buenos Aires. Nació el 29 de abril de 1936, provenía de una familia judía polaca que tuvo que huir hacia la Argentina como tantos otros. Admiramos su obra, su poesía se extiende desde la mente al cuerpo, es lúcida y dolorosa, te puede absorber hasta quedarte dentro, entre sus versos y la lectura está Alejandra. Pocas escritoras han llegado a comunicar la soledad y el desamparo como ella, sin artificios, a cuerpo descubierto. Lo que atrae es precisamente esa desnudez que nos atraviesa.
Bárbara me dice que la poesía de Pizarnik, en Argentina,  a temporadas es más o menos leída. No se mantiene un interés lineal. De repente, irrumpe de nuevo. No depende de nada, porque es palabra viva . La impresora saca un plano a color de la ubicación de las tumbas en el cementerio. Sector azul, Manzana 21. El predio, es decir, los terrenos para construir el cementerio fueron comprados en el año 1936, pero la primera piedra se colocó en 1950. El cementerio tiene tres partes, en una están enterrados la rama asquenazí, de procedencia europea oriental y central, en otra, los sefardíes, de procedencia portuguesa y española. Recientemente se inauguró otra zona para quienes resolvieron convertirse al judaísmo, pero no lo hicieron por los ritos y conducción de rabinos ortodoxos.
Ante la insistencia de la lluvia un operario llamado Marcelo llega con un carrito como los de golf y nos acompaña amablemente a la tumba de Alejandra bajo la lluvia. Estábamos solas, y el momento no carecía de cierta emoción. En la lápida una foto de ella junto a su padre, -con quien tuvo muy mala relación-. Bárbara me cuenta que los caminos de la poesía son curiosos. Una vez vio a un muchacho que leía un poemario suyo en una plaza en Villa Devoto, alguien le explicó que ese libro fue robado por otra persona que, aprovechando un descuido del lector, salió raudo para sustraerlo.
Mi primer recuerdo de Alejandra  esuna fotografía que me enseñó el pintor Antonio Beneyto, en Barcelona y acababa de publicar –en 1975-  una antología de su obra por primera vez en España la editorial Ocnos. Comenzamos a leerla poco a poco, cuando EstherTusquets decidió editar su poesía completa, sin ese temor que tienen los editores a que alguien desconocido no sea leído y por ello nada rentable. Fue una buena sugerencia de Ana María Moix y Ana Becciu.
El paisaje se extendía bajo la lluvia y las lápidas de mármol oscuras, sin apenas flores, resonancias con el nombre de la poeta que en realidad se llamaba Flora Alejandra.

Concha García
Publicado en Aladar (Correo de Andalucía)









sábado, 21 de abril de 2018

Poema de Teresa Arijón





Si fuera hombre usaría
la navaja de mi abuelo para afeitarme-
rozaría lentamente el hueco del mentón,
trazaría los ángulos del rostro con precisión de esteta.
Ha de ser un magnífico ejercicio de conciencia y de pulso
mirarse cada día al espejo,
navaja en mano.

viernes, 13 de abril de 2018

VENECIA MIRADA DESDE LA ACERA







VENECIA MIRADA DESDE LA ACERA

Me permito continuar escribiendo de Venecia, ciudad sobre la que tantos escritores, y pocas escritoras,  también han hablado. Me sumo con la intención de que en algún momento os pueda ofrecer un libro, la tentación es poderosa. El nombre de Venecia me lleva a la metáfora de un baúl imaginario. Cada vez que lo abro aparecen inusitados objetos. No puedo imaginarme un ordenador, donde caben muchísimas más cosas, sin embargo aparece precintado para el tacto.
Venecia está formada por cien islas agrupadas y rodeadas de centenares de otras. Los antiguos habitantes de la laguna se apoderaron de los puntos más altos y de esa obra de ingeniería el resultado dio una visión absolutamente diferente a lo que solemos mirar cuando vives en una gran ciudad con su monótonos semáforos a la espera de que cambien para cruzar la calle y los ruidos constantes. El Gran Canal tiene forma de interrogante a vista de mapa. Cuenta Goethe que Tiziano y Veronés plasmaban magistralmente la claridad de la ciudad porque era todo luz. No hay más que mirar sus pinturas.

Me detengo en los pequeños detalles mientras paseo hacia el Guetto, no puedo dejar de observar las figuras incrustadas en la piedra con cabezas leonadas humanizadas, cuando avanzas o retrocedes siempre hay algo que mirar, un dintel ladeado de madera, una fotografía del lugar cincuenta años antes, el brocado de un pozo de mármol, hay decenas de ellos. Veo una cabeza de piedra diminuta incrustada en la pared, un pomo en forma de león, unas bisagras centenarias. No es minimalista, se trata de fragmentos, de incrustaciones, de señales que en el camino encuentras tratando de no detenerte ante atractivos escaparates con bellos objetos fabricados en cristal de Murano. A nuestra vista también los menús de restaurantes y los tenderetes con máscaras, metáforas del goce del instante, en las claves ideológicas del pensamiento, tras las cuales se oculta el hombre con el fin de no asomarse a las profundidades de su ser. El agua quieta de algunos canales refleja las puertas y ventanas de las casas, las más altas de la ciudad que se encuentran en el Guetto de Venecia. El Guetto era una isla en el distrito de Canareggio a la que se accedía por dos puentes en el s. XV, cuando  judíos de distintos lugares de Europa fueron a refugiarse. Todavía se puede ver en el callejón que da acceso las letras pintadas: Calle Guetto novíssimo. Me atrae el aire de estrechez de  sus callejones. Es sábado, estamos buscando un restaurante para tomar pizza pero en este barrio las familias están reunidas y algunos hombres tienen en la cabeza la kipá, casi de uso exclusivo para varones, la cabeza se cubre y recuerda que no somos tan grandes como el ego. No nos atrevemos a entrar y miramos tras la cristalera. Vemos una celebración donde la gente baila,  ríe, es una escuela de rabinos. Atravesamos la plaza Campo di gueto nuovo sin dejar de pensar en el memorial que acabamos de ver en las paredes de la Casa di Reposo, se trata de un homenaje a los deportados a los campos de concentración. La plaza alberga el museo hebraico. Queremos captar el instante con las fotos, pero no se puede. Me gustaría hablar de la belleza y no puedo, no tengo palabras. ¿Cómo describir lo que se percibe en un instante? Solo la poesía puede acercarse. ¿Qué poema? Y pienso en Ezra Pound. Vivió en un callejón junto a su compañera, la violinista Olga Rudge, que sacrificó su carrera musical para irse con él. Con ella también pasó los últimos años de su vida. Los panfletos antisemitas en plena segunda guerra mundial transmitidas por la emisora fascista Radio Roma hizo que fuese repudiado. Pound culpó a la usura del cáncer del siglo y a los banqueros judíos de Europa y Norteamérica de ser los responsables de ese cáncer. Tiempo después lo procesaron por traición a la patria. Seguiremos.

Concha García
Publicado en Aladar (Correo de Andalucía) 7/4/2018

Poema (Ante las adelfas)

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