viernes, 25 de noviembre de 2011

Escenas barcelonesas


Me llama la atención la cara que pone la gente cuando compra un jamón. Hay, cerca de mi casa, una tienda de jamones frente a la parada del autobús. Mientras lo espero me gusta mirar el interior del establecimiento: varios jamones en hilera colgados en los laterales entre longanizas, morcillas y chorizos que también penden del techo. Un porrón de cristal medio lleno de vino tinto invita a regocijarse. Siempre hay matrimonios de mediana edad que se sonríen mutuamente cuando el dependiente les está enseñando el jamón y se lo hacen probar. Ambos asienten con felicidad y llegan al único acuerdo, quizá, del día;  el único placer que los reconcilia consigo mismos proyectando su autocomplacencia en el otro. Entonces sus espíritus se interrelacionan profundamente,   mientras observan los jamones

2 comentarios:

  1. qué bueno!
    es verdad!

    a veces parece la imagen de una enfermera
    enseñando un bebé recién nacido
    a sus padres

    esas miradas de satisfacción

    el jamón: nos saldrá ingeniero?
    parecen decir con la mirada

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  2. A esta escena sólo le falta un Buñuel...

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