jueves, 1 de diciembre de 2011

Escenas barcelonesas

La avenida del Paseo de Gracia celebra la noche de “tiendas abiertas” hasta tarde para el consumo de calidad. Eufemismo bajo el que se esconde que solo pueden comprar los que tienen más dinero. Qué palabra: dinero. Su significado viene del latín “denarius”. Era una moneda de plata pequeña cuyo valor equivalía a diez “ases”. Con el tiempo la palabra, que proviene de una idea de fragmento, lo ocupa todo. Entré a una de las tiendas de diseño y observé atentamente el precio de los objetos que necesitamos para la cocina. El precio de una olla equivale a la renta per cápita de un mes de una familia del altiplano boliviano. Con lo que cuesta una noche de hotel se podría pagar un tratamiento bucal a un jubilado. Arrastré mis pies hasta el horizonte donde se abrían más tiendas y sentí náusea. El consumo no hace sensible al alma: la devora. Atrapada en esta cuestión pensé que no soy capaz de irme. Simone Weil escribió que la grandeza del hombre está en el hecho de recrear la vida y que no hay que responder a un daño con reacciones que lo hagan mayor. No tengo respuesta.

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