sábado, 14 de enero de 2012

Latente

Nada sorprende menos que la noticia de que un grupo privilegiado de personas pague una media de 500 euros por un bolso de una marca determinada, una botella de champán, o dos millones en un ático con vistas. En realidad,  ya casi nada nos sorprende. Leemos la prensa en titulares a través de internet , o escuchamos pasivamente la selección de noticias que se emiten desde cualquier canal informativo. La información es un relleno de algo que ya no está estrechamente vinculado a nuestras vidas,  sino que la percibimos ajena: es lo que sucede en el mundo pero no te afecta. La desafección con la que andamos es un síntoma. El síntoma es aquello que todavía no se ha manifestado como enfermedad,  pero comienza a dar muestras de su presencia.  Son tantas las noticias  que nos hemos adormecido ante ellas y cualquier modificación en nuestra vida acaba siendo aceptada. Por ejemplo, aceptamos que en muchas ciudades desplacen a los habitantes de las mismas hacia la periferia (o directamente hacia la muerte a través de leyes que suspenden cualquier ayuda social) y aceptamos que los centros urbanos de las mismas acaben siendo réplica de otros idénticos para que la máxima aspiración del visitante, acabe convertida en el impulso irrefrenable de comprar y comprar. También hemos aceptado que poco a poco la literatura haya cambiado de faz y ahora se nos ofrezcan,  bajo el mismo epígrafe,  bazofias intransitables.  Es difícil distinguir ante envases tan bien compuestos y calculados. Vale más una subvención repartida entre sesudos cocineros estúpidos, que darle alas a una sociedad que tenía en sus calles, barrios, ciudades, sus señas de identidad. Ahora todos sabemos que no hay un lugar en el mundo, que en todas partes hay una línea roja marcada por el consumo de lujo y el turismo de grandes empresas, y otra línea que se desdibuja en las demarcaciones de la misma ciudad. Y ahí están los tontos intentando seducir al nuevo rico que llega dispuesto a gastarse trescientos euros en una cena o mil quinientos en una noche de suite.  Tanto da en Montevideo como en Paris. Sin embargo,  hay otra ciudadanía que ya nota los síntomas de algo que no acaba de aceptar. Está latente.

1 comentario:

  1. Tienes razón poeta, la sociedad ha quedado velada.
    Si no reaccionamos a tiempo,
    nos van a arrojar a los arrabales,
    sin cielo donde mirar unas pocas estrellas, con el alma
    hipotecada y los sueños desalojados…

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