miércoles, 4 de enero de 2012

Vampiros


Quisiera hacer una comparación que no carece de hondas semejanzas. Ahora que está de moda el mundo del vampiro con todas sus variantes, me ha venido a la cabeza que una grúa bien podría ser, en el imaginario que me crece, el símil de un vampiro. Quizá de ahí provenga la exaltación y admiración a la figura del mismo.
Estoy en Tánger, cerca de la estación del tren. Donde antes había un enorme descampado,  ahora las grúas se mueven rítmicamente sin parar haciendo agujeros en las hermosas superficies de arcilla,  entre el Mediterráneo y el Atlántico. Arcilla-sangre. No es difícil establecer el paralelismo. Los vampiros quieren la sangre para estar entre los vivos y salir de la tumba que los condena a una soledad que no desean. Estar entre los vivos los hace superiores porque sólo necesitan seducirlos para absorber sus venas a cambio de que éstos queden convertidos en lo mismo,  pero sin conciencia de ello, ahí está la gracia. Las grúas se han trasladado de las costas españolas que han dejado carcomidas ciudades enteras dejando dibujados enormes bloques esqueletos. Ahora están aquí, los vampiros han cambiado de región y se seducen para ver quién es más hermoso y joven.
Donde había vida entre las venasde la ciudad, lo paupérrimo se adentrará para dejar paso al espectáculo de la grúa que echa a los moradores  del lugar de sus antepasados;  así, la vena hambrienta del vampiro succiona la vena adormecida del que tiene hambre,  y donde estuvo el latir constante, llega un pulso moribundo que arrasará la vida y los desterrará de su barrio,  convirtiendo sólo a unos pocos en traficantes de sangre. El resto perecerá de aburrimiento o de hambre, y las Medinas abrirán sus puertas a los también hambrientos espejos del capitalismo. Donde no había prisa, la gente correrá y se adentrará en la vena roja y bullente de quien desea que esa succión los haga vulnerables a lo que llamamos tiempo, liquidándolos sin saberlo. Dejándolos sin tiempo. Los escaparates repetidos en todas las ciudades europeas serán la tumba de donde saldrá, cada noche, la legión vampírica dejando en el cuerpo de la antigua ciudad señales de sus colmillos para que,  quien se adentre,  desee poseer también la sangre que ellos almacenan en forma de humillante joya*.
*Joya: apartamento, abrigo de piel, bolso de ídem, liposucción en el rostro o en el cuerpo, alimentos envasados al vacío, rostros parecidos, algunos iguales, sonrisas petrificadas enseñoreándose en  modelos repetidos en todos los canales de televisión, teléfonos de última generación,  toda clase de pantallas planas…

2 comentarios:

  1. Ahora que lo dices, hace tiempo que siento brotar en la mano, solo en la izquierda, un apéndice metálico articulado que quiere escarbar en la arcilla, quizá en busca de monedas, quizá solo por el placer de comer tierra, como Rebeca, o tal vez por tocar algo vivo, algún gusano, una planta olvidada, un pez... ¿habré sido mordida por las grúas?

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  2. Tienes razón Concha, los vampiros metálicos
    no paran. No se repeta el menor espacio
    físico; los negocios del ladrillo van a exterminarlo todo...
    El ladrillazo debe terminar y dejarnos vivir con dignidad
    (la vida es demasiado efimera
    para dejarnos morder por la avaricia...)

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