sábado, 7 de abril de 2012

Alejandra Pizarnik (un sueño)






Me levanto sudando. He soñado otra vez  con papá y mamá. Yo les pido que me dejen sitio entre ellos, sobre la cama, pero no me ven, o no me oyen. Grito. Lloro después. Ellos se abrazan y me ignoran. Preparo un café cargado y me meto bajo la ducha, necesito agua fría. Me llevaban al colegio tomada de la mano, luego me alzaban en brazos y me hacían carantoñas, cosas que no decían nada y se quedaban en la expresión brrr, brrr. No sé si podré soportar la existencia. Qué fría está el agua. Hoy he escrito un poema después de que Marta se fuese. Te deseas otra. La otra que eres se desea otra. He adelgazado. Ahora puedo pasear de arriba abajo con la ventana abierta. Hace calor. Quiero capturar y mostrar lo que está fuera de la escena, pero existe en mí una sospecha de que lo esencial es indecible, por eso escucho el sonido letal de las palabras que anuncian muerte. Para ella he escrito: en esta noche en este mundo las palabras del sueño de la infancia de la muerte.
Mi madre me llama malhumorada porque he estropeado el vestido de gasa y me he puesto los pantalones de mi padre, no quiere que la gente me vea –según ella- tan desaliñada. Me he cortado el pelo como si fuese un muchacho. Ayer en el colegio fumé un cigarrillo sin que nadie me viese, luego llegué tarde a clase y me tuve que colar por la ventana. Les hago reír. Mi madre levanta la mano amenazadora y corro, corro por la avenida en busca de mi amor.
Marta ha llegado pero dice que se irá pronto, que tiene que irse porque su trabajo así se lo exige. Yo pataleo. Sufro. Soy varias pataleando. Todo son repeticiones de experiencias. Pinto mi habitación de negro y la cubro con fotos de revistas y dibujos, en una de las fotos Evita saluda a un grupo de personas, está radiante. Hago un tachón sobre su rostro y me refugio NON, RIEN DE RIEN, NON JE NE RÉGRÉTE RIEN.
Me mareo. Ayer tomé demasiado alcohol, luego aquella conversación tan lamentable y el portazo, pero antes tuve que arañarle y ella me apretó demasiado el brazo derecho. Me duele. Saldrá un pequeño morado. ¿De donde viene esa conspiración de invisibilidad? Ninguna palabra es visible. ¿Y mi madre? ¡Quiero que te parezcas a tu hermana en todo! ¿Por qué no eres como ella? Mamá, mamá. Lloro. Mi persona está herida, mi primera persona del singular. Brrr, brrr. Los años pasan, voy a llegar tarde.
Octubre. Cuando tenía veinte años yo dije: Alejandra Alejandra debajo estoy yo Alejandra. La noche caía, y mis dibujos esparcidos por el suelo de la habitación. Yo y mi desarraigo. ¿Papá? ¿mamá? Qué tristes ojos azules, papá. Te quiero y escribo contra el miedo, contra el viento con garras que se aloja en mi respiración. Mi angustia... anoche dormí demasiado, se bambolea la persiana y la habitación sufre de dos tonos de luz. Cuando ella me abrazaba sentía como si me exprimiese el alma y yo era  una explanada de tiempo sin final, pero la noche de nuevo, la noche, la magistral sapiencia de lo oscuro, el cálido roce de la muerte. Yo te escribo, mi amor, este día de octubre, cuando me siento tan despojada del lenguaje que ni las palabras me sirven, cuando te elevas como una sombra erguida sobre mi recinto amurallado de recuerdos, cuando te toco imaginariamente y del crepúsculo caen los chorros de coñac que nos bebimos jugando a ver quien amaba más. Quiero que regreses. Brrr, brrr. Los deterioros de las palabras deshabitando el palacio del lenguaje, el conocimiento entre las piernas ¿qué hiciste del don del sexo? Yo hago palabras con tu despedida y me muero de no verte. ¿Qué hago con mi sexo, materia de la palabra no dicha? Mi amor, introduce un lenguaje nuevo en mí que no choque precipitándose con el de la infancia, quiero creer que has venido para repararme y exorcizarme. Más que el lenguaje, tu lengua, más que la casa de palabras que se desmorona, un día entero contigo. ¿Dónde estás? Mamá, mamá, ¿dónde está ella? ¿por qué me habéis dejado las dos? ¿No hay un alma viva en esta ciudad? porque ustedes están muertos  ¿y qué espera puede convertirse en esperanza si están todos muertos? Sudo, creo que tengo fiebre. No sé, quizás he tomado demasiadas pastillas. A ver... una, dos, tres, mi amor ¿cuándo dejaremos de huir? Cuatro, cinco, veintidós, treinta y seis, como los años que tengo. No puedo más de no poder más, palabras embozadas, todo se desliza. Mi edad, esa rara abolladura de tiempo. Cuarenta y tres... Todos mis poemas a cambio de que llames a la puerta y que aparezcas. ¿Me abres la puerta mamá? Por favor, abre. Cincuenta. oh ayúdame a escribir el poema más prescindible, el que no sirva ni para ser inservible, ayúdame a escribir palabras en esta noche, en este mundo.


(2003)




4 comentarios:

  1. Qué pena que seres como Alejandra no tengan cabida en este mundo. Habría que mudarse al otro, el de los seres sin piel que viven en carne viva, o mejor en alma viva.

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  2. Respuestas
    1. En una revista llamada El Signo del gorrión, hace años. La revista dejó de editarse. La autora soy yo, recreando una escena de la vida de Alejandra.

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  3. Pues me gusta mucho...
    Un saludo ;)

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