lunes, 30 de abril de 2012

Im-presión





“En 1557, se constituyó legalmente la Stationers´Company de Londres, para fiscalizar los derechos de los autores e impresores y editores, y para el siglo XVIII estaban tomando forma por toda Europa occidental las modernas leyes de la propiedad literaria. La tipografía había convertido a la palabra en una mercancía. El antiguo mundo oral comunitario se había dividido en feudos francos reclamados por particulares. La tendencia de la conciencia humana hacia un mayor individualismo había sido muy estimulada por la impresión. Por supuesto, las palabras no eran del todo una propiedad privada. Hasta cierto punto seguían siendo compartidas. Los libros impresos hacían eco unos de otros, de buen o mal grado. Al ponerse en marcha la era electrónica, Joyce enfrentó plenamente las angustias de la influencia, y en Ulises y Finnegans´Wake emprendió premeditadamente la tarea de hacer eco de todo.
Al sacar las palabras del mundo del sonido –donde primero tuvieron origen en el intercambio humano activo- y relegarlas definitivamente a la superficie visual, y al explotar de otros modos el espacio visual para el manejo del conocimiento, la impresión alentó a los seres humanos a pensar cada vez más en sus propios recursos internos (conscientes e inconscientes) como cosas, impersonales y religiosamente neutras. La impresión ayudó a la mente a sentir que sus posesiones se guardaban en alguna especie de espacio mental inerte”.

Oralidad y Escritura, Walter J. Ong



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada