martes, 10 de abril de 2012

Teoría de la boca

Hasta hace un tiempo,  siempre había pensado que la boca de alguien formaba parte de su rostro sin que en ella se pudiera advertir cualidad alguna relacionada con el interior del sujeto. Bocas anchas, estrechas, largas o pequeñas eran parte de una compleja mezcolanza de genética y por ello la boca nunca se me había manifestado  como una alegoría del espejo del alma, solo era  un complemento sensual del rostro del sujeto, o todo lo contrario.Pero llevo tiempo observando bocas de diversos estilos, unas me producen agrado,  y las que me dejan indiferente no las recuerdo;  algunas forman parte de una especie de molde que se repite en otras bocas y forman una hilera de resonantes cavidades con un rasgo común que observo últimamente en sucintas apariciones en televisión,  o en algunas fotografías de personajes públicos fijadas en la página del diario.  Suelen ser pequeñas, se ovalan asimétricamente al enunciar en voz alta opiniones o discursos ,  parecen poco elásticas y carecen de aura. Pueden, esas bocas, estar dotadas de gruesos labios o de imperceptibles láminas labiales. Todas acaban formando un gesto chirriante que deja en el rostro una irascible mueca que me desagrada profundamente. Hay bocas que han dado la mejor poesía. Otras que en esa mezcla de terror y placer en que se deleitan,  me recuerdan que “el corazón humano abarca más que el lenguaje”.




1 comentario:

  1. Sí, yo también me he quedado enganchada a esa sensación, sobre todo mirando en la tele a ciertos políticos. Observaba sus bocas como se movían, como dejaban salir las palabras, esa mueca. Pero no era solo desagrado por la percepción de algo feo, era también cierta sensación de rubor y malestar como si hubiera presenciado algo íntimo, una parte del cuerpo que acostumbra a estar tapada, que no se hubiera adaptado a la luz ni a la presencia de los demás, que no hubiera aprendido a ser visible. Y entonces tuve una impresión, algo escatológica, lo reconozco, y me pareció quizás que en determinados seres,cerrados a la vida, la boca acabaría pareciéndose a la otra abertura (íntima y oscura)donde finaliza el tubo digestivo. Y no me pareció descabellada la idea, porque quizás cumplieran la misma función. Y entonces he pensado que si la boca se ha vuelto un órgano impúdico en determinados seres, ¿no estaría bien que se la pudieran tapar con un pequeño velito, a lo Sherezade, para relajar esa mueca "de terror y placer" que sienten cuando espasmódicamente extraen grupúsculos de palabras por el agujero obstruído de sus bocas?

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