jueves, 12 de julio de 2012

Lo real




Ahora que estamos literalmente intervenidos pienso en lo que eso significa. No puedo creer que todo lo que nos alcanza sea posible.  Conjeturar posibilidades. Esto es posible, esto no;  esto es imposible, aquello puede suceder. Lo que está sucediendo no se nota en la calle casi nada. He bajado la calle Escorial hasta Plaza Joanic y,  como siempre,  en unos diez minutos han pasado más de once autobuses turísticos de dos plantas atiborrados de personas haciendo fotografías . Como si nada sucediese. Unos captan escenas para almacenarlas en su ordenador y probablemente nunca más serán ni miradas ni evocadas, otros bajamos la calle sin decir nada. Observo que la tienda de electrodomésticos ha cerrado y la de lencería de mujeres  está liquidando sus existencias. Paso frente a  fruterías regentadas por chinos o pakistaníes, no confío en esos precios  ¿qué nos venden?  Los dos restaurantes frente al hospital casi vacíos, otra familia china regenta el bar de tapas de toda la vida. Cambios y silencio. Lo posible solo se alcanza a comprender cuándo  ha pasado el tiempo e  instaurado su paisaje,  entonces queda un malestar porque te sientes robada . Robo de lo más íntimo en aras a la construcción de una sociedad que fotografía sin saber qué mira. Sí, estamos intervenidos hace ya bastante tiempo. Lo sabemos, aunque quizás se necesite todavía más tiempo para comenzar a saberlo. ¿Sabemos que sabemos?  Alguien dicta sus leyes y os deja sin trabajo, sin vivienda, sin pagas, sin derecho a sanidad, sin nada. Los autobuses anuncian viajes baratos al norte de Europa, unos 49 euros el vuelo. ¿A quién se dirigen esos anuncios? Otra cosa posible, demasiadas realidades “imposibles” mientras lo real marca una grieta muy profunda. En un intenso libro de Nadiezhda  Mandelstam editado hace años en España (1984) cuando era posible creer en la utopía (Contra toda esperanza) ,la compañera del poeta ruso  dejó escrito,  relatando un interrogatorio en la cárcel,  que “en el aullido el hombre deja su huella en la tierra y comunica a los demás cómo ha vivido y muerto. Con su aullido defiende su derecho a vivir, envía un mensaje a los que están fuera, exige defensa y ayuda. Si no queda otro recurso, hay que aullar. El silencio es un verdadero crimen contra el género humano”.

1 comentario:

  1. Muy enriquecedora esta visión que nos das,y además viniendo de alguien que vive en la ciudad, que vive la ciudad, sobre todo para los que vivimos fuera de las urbes.Siempre pensamos que es en la ciudad donde "pasan" las cosas aunque como tú dices con tanta precisión: hay un tiempo entre eso que es posible y su realidad impuesta y que ese "darse cuenta", al fin, tampoco es instantáneo para aquellos que lo presencian.

    Tus palabras me han hecho recordar ese cuento donde un padre se sorprende al ver cómo su hijo culmina un puzzle complicado del mundo en breves minutos. No es difícil, dice el hijo, por detrás estaba la silueta de un hombre. Es ese hombre el que he unido en piezas. Ahora ese hombre del reverso se queda sin trabajo, en la misería; pero en las imágenes visibles del puzzle hay viajes,colores, material lujoso,posibilidades...Y cada vez más,el anverso es más luminoso e irreal y el reverso más gris y más real.

    Y el contraste es demasiado para encontrarle una lógica. Ya es demasiado.

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