miércoles, 4 de julio de 2012

Selva Casal, la poesía






P ¿Cuándo empezaste a escribir?

R Yo creo que no empecé a escribir. Yo estuve siempre en la escritura,  pero primero fue como un sueño y como era tan raro el sueño, decía que había soñado de esta manera me parecía que nadie podía recriminarme nada y cuando supe escribir,  escribí.

P ¿A qué necesidad responde la escritura?
R La única necesidad que nos va quedando, que paradójicamente se evade en el sueño,  que es la realidad, irrumpe en el alma y en el fondo no hay contradicción. Vivimos nuestra propia paradoja, no es una línea recta la vida, ni mucho menos.

P Háblanos de las causas que te impulsaron a escribir.
R El solo hecho de existir. Causas serían limitativo, sería ponerlo  a algo que no tiene ni principio ni fin.

P ¿Crees que la poesía va a la infancia?
R La infancia sustenta la poesía, allí es permitida la locura en el buen sentido de la palabra;  la  locura para nuestro íntimo equilibrio. Tomada así, la infancia es la propulsora, pero luego, en  el transcurso de vivir,  se va enriqueciendo por los estados de conciencia, por las situaciones límites que alcanzan a todos los seres por no saber si lo que se hace tiene algún sentido. Hay un tiempo perdido en el aprendizaje,  cuando llegamos a saber,  ya ese mundo se vuelve ceniza y no tenemos tiempo y la falta de tiempo interior también es una limitación pero a la vez afina el sentido de la realidad,  y escribir con mayor sosiego y serenidad.
Me habría vuelto loca si no hubiese escrito, porque la poesía, en mi caso,  fue una forma de relación.
Fui muy feliz de niña, pero el hecho de estar en la vida, aunque relacionarse con otros seres es difícil aunque parece fácil. Conté con la comprensión de mi padre que vivía y estaba en la poesía como si fuera una religión; y la fe de mi madre, tan profunda, que daba seguridad a los seres que tenía cerca de ella. Con el problema que todos tenemos por la posible supervivencia del alma después de la muerte, yo le pregunté si ella creía que después de la muerte si nos íbamos a volver a ver, -estoy tan segura como estoy mirándote, me dijo-
Eso da fuerzas, reconforta, aunque fuera todo un sueño o una gran mentira, eso da fuerzas.
Tuve un hogar muy claro. Las relaciones con mis hermanos fueron positivas. El mayor me leía siempre temas de filosofía y a mí me encantaba, dio un tono especial a mis lecturas, a mi quehacer. Hoy miro hacia atrás y me parece todo un sueño.
Cada libro es un eslabón de algo que no sabemos bien qué es, así, la poesía es como la extraña desnudez, porque va al origen de las cosas, busca el rostro verdadero de la vida desde el punto de vista subjetivo. También es cierto que vivimos en un mundo demencial, en un mundo que nos atropella, y en el cual nos debatimos; y entonces no podemos ser indiferentes, sabemos que los adelantos tecnológicos han traído muchas ventajas y ha simplificado muchos aspectos, por otro lado el afán de descubrir y sacar mayor beneficio de las cosas  nos lleva al borde de la desaparición.
Decía que nuestro temor es desaparecer por completo, porque por un camino tecnológico se puede llegar a la catástrofe universal,  más allá de las catástrofes naturales: terremotos,  volcanes. El hombre puede hacer más daño,  y entonces nos preguntamos:  ¿adónde vamos?  ¿adónde va  la poesía?
La poesía no va hacia ningún lado, la poesía es, tiene finalidad en sí misma.

P ¿También está la poesía en las pequeñas cosas cotidianas?
 R Pienso que sí, que si no hubiera palabras,  también existiría la poesía, porque nos valemos de palabras pero después hay que tirarlas para que nos dejen penetrar en la esencia de las cosas yo siento mucho la poesía de lo cotidiano, siento que cada día es el primero de la creación,  levantarse y poder mirar,  respirar,  es un privilegio que no siempre valoramos  tomando el café con leche,  me parece muy importante.



Fragmento de entrevista realizada en casa de la poeta uruguaya Selva Casal en Abril de 2011 en su casa de Solymar (Uruguay) a cargo de  Concha García y Silvia Guerra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario