martes, 23 de octubre de 2012

Paseando por Austin



La necesidad de saber dónde está. Camina hacia el otro extremo de la ciudad, aunque la ciudad sea radial y no tenga un solo extremo. En su mente ha dibujado una ruta ideal para que se adapte a sus paseos, pero sus paseos carecen de finalidad y esta mañana la ciudad ha amanecido brumosa, oculta entre la niebla;  desde la habitación del hotel soló podía ver los últimos pisos de los edificios más altos, ella estaba en la diecisieteava planta de uno de ellos. Mientras anda se da cuenta de que algo falta, no es una compañía fija, de esas que se fijan en las vidas de una, ni siquiera una ausencia, las ausencias no carecen de presencia. Se puede pasear junto al espectro del pasado y no apercibirse de que la ciudad es lo real. No, lo que faltaba era esa multitud que en otras ciudades multiplica las miradas que no se cruzan en las calles. Faltaba gente. Llevaba más de una hora caminando y solo se había cruzado con automóviles y algún ciclista. Se fue abriendo la niebla y cada vez las calles eran más anchas. El placer de mirar quedaba relegado a la expectación por ver algo. El callejeo no era más que el ejercicio de cruzar avenidas hasta llegar al otro extremo donde todo era exactamente igual. Comenzó a trazar otro dibujo de la ciudad mientras deseaba encontrar un lugar para sentarse tranquilamente. Familiarizada con los callejones, las callejuelas y las avenidas habitables, entre aquellas calles se le abría una nueva mirada  a la que lingüísticamente todavía no le  había rozado palabra alguna.

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