lunes, 3 de diciembre de 2012

Infancia en Berlín














La reedición de Infancia en Berlín,  de Walter Benjamin (Berlín 1892- Port Bou, 1940),  es una buena noticia que deja en los anaqueles de las librerías un tesoro entre tanta opacidad.  Que yo sepa,  la primera edición en España la editó Alfaguara en aquella inolvidable colección de tapas azules.  Fue en 1982 y hubo una segunda edición en 1987, luego desapareció tan preciado libro que pude reencontrar en la librería de unos amigos poetas,  y aunque la ley no lo permitiera,  fotocopié todo el libro ante la dificultad de encontrarlo de nuevo.  Traducido por el desaparecido  Klaus Wagner , su traducción difiere en el estilo con la que aquí comento de Jorge Navarro Pérez.
 Walter Benjamin empezó a redactar, en el verano de 1932, una serie de recuerdos del tiempo de su infancia berlinesa que fue publicando en diversos periódicos y revistas y que debido a los apuros económicos (que siempre le acecharon)  a menudo los editaba bajo seudónimo. Él no los vio la forma de libro. Se editó póstumamente: edición que fue llevada a cabo su gran amigo Theodor Adorno, en 1950
Es sus fragmentos de recuerdos es interesante resaltar que Benjamin no se ocupa de reproducir pura y simplemente la distribución de los papeles dentro del círculo familiar patriarcal, sino que la experiencia social del niño será idéntica a la del adulto que las consignará.  El relato referente al parque de “Tiergarten” que abre el libro perfila la senda de una escritura llena de recovecos  y horizontes: “No lograr orientarse en una ciudad aún no es gran cosa. Mas para perderse en una ciudad, al modo de aquel que se pierde en un bosque, hay que ejercitarse”.   Los textos, un total de cuarenta, como mosaicos, son profecías retrospectivas que revelan,  ya en las emociones inconscientes de la infancia,  el punto de vista del historiador materialista con dotes proféticas que llegaría a ser. La posición del niño  plenamente consciente de su privilegio en el ambiente de la burguesía judía de finales de siglo XIX influirá evidentemente en su pensamiento posterior. Así, el Benjamin adulto narra todo tipo de impresiones dentro de una perfecta composición metafórica que desbroza poéticamente todos aquellos elementos que dejaron en su memoria una secuela: el teléfono y la arrogancia con el que su padre atendía sus negocios bursátiles, la preparación de un viaje familiar, las anotaciones sobre las estaciones del año. Por ejemplo en “Una mañana de invierno” anota:  “Cada uno tiene un hada que le concede un deseo, pero solo unos pocos recuerdan cuál era, solo algunos advierten, con retraso, el que ese deseo se haya cumplido”. También deja sus impresiones al despertar del sexo,  los colores, el tiovivo y las bandas de música. Evocar acontecimientos a través de las emociones depositadas en los lugares es cosa de melancólicos, porque el melancólico añora los objetos, en ellos se condensan diferentes escenas de su vida. Benjamin, gran melancólico,  escribe de su propensión a la lejanía, que después desarrollaría en su concepto del “aura”. Despertar el yo infantil y su paso a la conciencia del autor, en aquel niño tan observador,  que sus emociones quedaron grabadas para siempre en pensamientos alegóricos; niño  enfermizo y con propensión a la soledad se imaginaba las horas acercándosele a su lecho.
Nacido en el seno de la alta burguesía judía, los padres se instalaron en el barrio del sudoeste del Tiergarten y fue allí donde el quince de julio nacería el autor bajo el nombre de Walter Benedix Schönflies Benjamin. El padre había adquirido su fortuna como socio de una casa de subastas y perito tasador, más adelante se haría inversor con fines especulativos. Según uno de sus biógrafos, Bernd Witte, en los recuerdos de imágenes contenidos en Infancia, trató de discernir, en la seguridad que experimentaba como miembro de la gran burguesía, los gérmenes de la destrucción a la que debía sucumbir el mundo del siglo XIX en medio de la guerra y la inflación, de tal manera que el recuerdo subjetivo de la infancia se transforma en una imagen histórica materialista. El ritual mundano de las veladas de recepción en la residencia de los padres revelaría la fragilidad de las relaciones familiares.  Si viviese ahora podría vislumbrar con toda claridad el cambio tan nefasto que comenzó a fraguarse en la década de los setenta con la unión política de Tatcher y Reagan y su política neoliberal,  que está derivando en la atrocidad capitalista percibida por el profético Walter Benjamin.

(publicado en Cuadernos del Sur)

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