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lunes, 30 de enero de 2012

Cuaderno de Montevideo

23 de octubre

Durante un tiempo, allá por 1928, el Palacio Salvo de la plaza Independencia fue el más alto de Sudamérica. Los tres hermanos Salvo, hijos de inmigrados italianos,  compraron el terreno en 1921. Allí estaba situado el viejo edificio del Café La Giralda donde se cantó por primera vez el tango La Cumparsita.  Encargaron la obra al arquitecto Mario Palanti, que retornaría después a su país para reintegrarse al equipo oficial de arquitectura al servicio de Mussolini. Es una construcción con referencias renacentistas, reminiscencias góticas y algunos toques neoclásicos que en los años setenta comenzó a deteriorarse.  Dos años tardaron en construir 27 pisos, dos sótanos y  370 apartamentos.

Desde el año 1935,  todos los lunes,  se reunía en el séptimo piso una tertulia de intelectuales. Estuvo habitado por escritores y poetas,  como la narradora Armonía Sommers –quien vivió en un apartamento hasta su muerte-;  y la poeta Idea Vilariño, -afincada allí durante un tiempo-. En los setenta dos malogrados poetas tuvieron su refugio en los oscuros apartamentos interiores: Julio Chapper, fallecido después de sufrir una enfermedad degenerativa;  y la poeta Inés González Zubiaga suicidada en su apartamento de interior.

Los edificios que proyectan una estructura tan contundente suelen acaban con la energía de sus inquilinos. Los más fuertes acaban yéndose, pero los ingenuos se convencen de que viven en un lugar privilegiado que los distingue del resto de los mortales. Estos edificios representan la arrogancia de algunos arquitectos.

El Palacio Salvo está concebido ahora como una empresa. Se trata de una  sociedad y los propietarios pagan las acciones de la misma de acuerdo a la dimensión de su apartamento. Otros inquilinos de vidas más anónimas también murieron en extrañas circunstancias.

Miro hacia arriba imaginándome asomada en una de las ventanas más altas cerca de la cúpula y fumando un cigarrillo. Reaparece de nuevo la certeza de que he encontrado otra vez a mi doble. Todas están en mí. El objeto perdido soy yo.





 La lejanía –Cuaderno de Montevideo- (en prensa)

jueves, 26 de enero de 2012

Estampas barcelonesas


angelopoulos.-9

Entro a un  bar entre Hospital y Junta de Comerç, es de los pocos que quedan “de los de antes”. No es de una multinacional ni de los chinos (a los que admiro por su afán). Frente al ventanal hay un espacio en obras que agujerea el suelo para dar espacio,   en un futuro próximo, a los coches. Estamos en una zona de la ciudad que pide todavía más espacio para ellos. La radio del establecimiento tiene el volumen muy alto y me quedo sin voluntad escuchando cosas que no me interesan. Los pájaros vuelan a ras de las grúas. Podría ser poético pero no lo es. Algo se desmorona deshaciéndose lentamente. Están los gestos, las idas y venidas de los jóvenes excluidos y parapetados en sus auriculares, al margen de todo tipo de ruido ciudadano. Están las ventanas que respiran quejándose. Leo en una de ellas: “Barcelona es un model que exclou els qui no s´hi adequen”. El volumen de la radio me echa del  lugar y cambio de bar. Espero a una amiga y todavía es temprano. Voy al Café de la Ópera. Está vacío, (¿y la gente?) Me agrada estar casi sola, pero los camareros miran impacientes tras la puerta acristalada. No hay ni turistas. Suspiro pensando en que quizás, el modelo, se desmorona y si así fuera habría que volver a empezar. Un cosquilleo alegre me invade. Y de repente, el aleteo de otros pájaros negros cuya sombra se pone sobre el diario. Me detengo hacia la noticia de que acaba de morir el director griego Theo Angelopoulos.  Estaba paseando por el extrarradio ateniense, buscando inspiración para su última película sobre la crisis griega. Lo atropelló un motorista cuando atravesaba la carretera por un túnel prohibido para los peatones. Con su muerte, deja inacabada su última reflexión sobre la sociedad, la política, la crisis. Tres amenazantes sustantivos cuyo significado ha ido mutando hasta llegar a un oscuro velo, casi maldito. Sus películas no eran una representación teatral de la realidad sino que convertían en poesía esa realidad de la que formamos parte todos. En sus imágenes, los movimientos captaban los sinuosos impulsos de la emigración sucesiva, porque era un dios de los viajes hacia adentro, donde está la verdadera poesía. Salí del Café con una gran pesadumbre. Quizás los demonios están demasiado cerca.

martes, 24 de enero de 2012

Mandelstam. Leer


En sus “libretas de notas” relativas al “Viaje a Armenia” hay unas cuantas palabras con relación al “demonio de la lectura” que se ha escapado de las profundidades de la devastadora cultura. La gente, cuando lee, se sumerge en un mundo ilusorio y procura recordar lo leído, dicho de otra manera, se entrega por completo al poder de la letra impresa. Mandelstam proponía que no se leyese sin recordar, sino acordándose, es decir, comprobando cada palabra con su propia experiencia o bien confrontándola con la propia idea principal, la misma que le da personalidad al individuo. A su juicio, en la lectura pasiva, “recordada”,  se ha estructurado a lo largo de siglos la propaganda de ideales comunes a todos y se ofrecían para un consumo masivo verdades ya fabricadas y bien pulidas. Una lectura semejante no despierta el intelecto, sino que se convierte en una especie de hipnosis, aunque la época moderna tiene recursos más poderosos para privar al hombre de voluntad.



Nadiezhda Mandelstam, Contra toda esperanza

(trad. De Lidia K. de Velasco)

domingo, 22 de enero de 2012

del diario

El problema siempre es el dinero. Parece que no piensa en otra cosa. Eso hace que el amor no surja.
Seguramente hay que dejarlo manar (tachadura).  Encontrar la fuente (del amor).
¿O el centro? (borrones). Quizás pensar en diminutivo...

jueves, 19 de enero de 2012

La cuestión no es hacer lo mismo, sino intentar que lo mismo no sea un paso perdido a sabiendas de que no hay pasos que hagan avanzar porque eso es una idea. La mayoría de las ideas se extienden hacia nuestro ángulo de visión como una muestra de tapas en un bar. El mero hecho de verlas y sentirlas nos hace desearlas y rechazarlas. En ese vaivén el alma sufre porque la exposición ante las cosas inunda nuestro ser y las apariencias revolotean como moscas reencontradas. La esperanza y el deseo no nos dejan en paz. Pero sin esperanza y sin deseo... Hoy nos hemos sentido minúsculos ante la ciudad. Atrapados entre los expositores. Atrapados y muy lejos de todo. Porque importa el latido constante y no callan las calles. Estamos solos. Sí. Y las calles no nos dicen nada ni nos abrazan. Deambular como muertos en busca de otra vida. Que el consuelo no sea comprarse la camisa de flores. Que el deseo no sea ponérsela. Que dejen de flotar las revelaciones que nos hincan hacia el permanente paso hacia adelante como si andar fuese una ruta.

sábado, 14 de enero de 2012

Latente

Nada sorprende menos que la noticia de que un grupo privilegiado de personas pague una media de 500 euros por un bolso de una marca determinada, una botella de champán, o dos millones en un ático con vistas. En realidad,  ya casi nada nos sorprende. Leemos la prensa en titulares a través de internet , o escuchamos pasivamente la selección de noticias que se emiten desde cualquier canal informativo. La información es un relleno de algo que ya no está estrechamente vinculado a nuestras vidas,  sino que la percibimos ajena: es lo que sucede en el mundo pero no te afecta. La desafección con la que andamos es un síntoma. El síntoma es aquello que todavía no se ha manifestado como enfermedad,  pero comienza a dar muestras de su presencia.  Son tantas las noticias  que nos hemos adormecido ante ellas y cualquier modificación en nuestra vida acaba siendo aceptada. Por ejemplo, aceptamos que en muchas ciudades desplacen a los habitantes de las mismas hacia la periferia (o directamente hacia la muerte a través de leyes que suspenden cualquier ayuda social) y aceptamos que los centros urbanos de las mismas acaben siendo réplica de otros idénticos para que la máxima aspiración del visitante, acabe convertida en el impulso irrefrenable de comprar y comprar. También hemos aceptado que poco a poco la literatura haya cambiado de faz y ahora se nos ofrezcan,  bajo el mismo epígrafe,  bazofias intransitables.  Es difícil distinguir ante envases tan bien compuestos y calculados. Vale más una subvención repartida entre sesudos cocineros estúpidos, que darle alas a una sociedad que tenía en sus calles, barrios, ciudades, sus señas de identidad. Ahora todos sabemos que no hay un lugar en el mundo, que en todas partes hay una línea roja marcada por el consumo de lujo y el turismo de grandes empresas, y otra línea que se desdibuja en las demarcaciones de la misma ciudad. Y ahí están los tontos intentando seducir al nuevo rico que llega dispuesto a gastarse trescientos euros en una cena o mil quinientos en una noche de suite.  Tanto da en Montevideo como en Paris. Sin embargo,  hay otra ciudadanía que ya nota los síntomas de algo que no acaba de aceptar. Está latente.

jueves, 12 de enero de 2012

Pregunta

¿Dónde están las emociones de esta primavera pasada?
¿Por qué vuelan y se van y llegan otras?
¿Soy la misma?


miércoles, 11 de enero de 2012

Gombrowicz

Lunes
Después de mucho tiempo y con gran somnolencia navegué de vuelta, de Norte  Sur… y ayer a las ocho de la noche pasé del barco a una lancha que me condujo al puerto de Goya, pueblo pequeño, treinta mil habitantes, en la provincia de Corrientes.
Uno de esos nombres que a veces, al verlos en el mapa, excitan nuestra curiosidad. ¿Por qué? Por no ser interesantes, porque nadie viaja a ellos… ¿Goya? ¿Qué puede ser eso? El dedo cae en un nombre: una aldea en Islandia, un pueblito argentino… y nos tienta el deseo de ir a conocerlos.
Diario argentino

martes, 10 de enero de 2012

Nubífero anhelo

¿Si intentara una nube...
una pequeña nube,
cotidiana,
modesta,
transportable,
privada?

Quizás con el recuerdo,
el cansancio,
la pipa,
después de muchas noches
y de mucha paciencia.
!Qué alivio el de sentirla debajo del sombrero
o saber que nos sigue
como si fuera un perro!




Oliverio Girondo

viernes, 6 de enero de 2012

del diario

¿Y si todo estuviese,  en realidad,  en mí? Como si mi cuerpo,  en su volumen,  pudiese ser dividido de fuera hacia adentro y en cada segmento habría un sentido de la percepción más rotundo, más ¿completo? Ahora vivo con un fragmento de esa división y a veces siento que otra parte de mi sabe cosas que solo se pueden discernir si las imagino. Por ejemplo, que estoy viva y muerta, que soy árbol y cielo, que puedo percibir lo que pasó mañana.

miércoles, 4 de enero de 2012

Vampiros


Quisiera hacer una comparación que no carece de hondas semejanzas. Ahora que está de moda el mundo del vampiro con todas sus variantes, me ha venido a la cabeza que una grúa bien podría ser, en el imaginario que me crece, el símil de un vampiro. Quizá de ahí provenga la exaltación y admiración a la figura del mismo.
Estoy en Tánger, cerca de la estación del tren. Donde antes había un enorme descampado,  ahora las grúas se mueven rítmicamente sin parar haciendo agujeros en las hermosas superficies de arcilla,  entre el Mediterráneo y el Atlántico. Arcilla-sangre. No es difícil establecer el paralelismo. Los vampiros quieren la sangre para estar entre los vivos y salir de la tumba que los condena a una soledad que no desean. Estar entre los vivos los hace superiores porque sólo necesitan seducirlos para absorber sus venas a cambio de que éstos queden convertidos en lo mismo,  pero sin conciencia de ello, ahí está la gracia. Las grúas se han trasladado de las costas españolas que han dejado carcomidas ciudades enteras dejando dibujados enormes bloques esqueletos. Ahora están aquí, los vampiros han cambiado de región y se seducen para ver quién es más hermoso y joven.
Donde había vida entre las venasde la ciudad, lo paupérrimo se adentrará para dejar paso al espectáculo de la grúa que echa a los moradores  del lugar de sus antepasados;  así, la vena hambrienta del vampiro succiona la vena adormecida del que tiene hambre,  y donde estuvo el latir constante, llega un pulso moribundo que arrasará la vida y los desterrará de su barrio,  convirtiendo sólo a unos pocos en traficantes de sangre. El resto perecerá de aburrimiento o de hambre, y las Medinas abrirán sus puertas a los también hambrientos espejos del capitalismo. Donde no había prisa, la gente correrá y se adentrará en la vena roja y bullente de quien desea que esa succión los haga vulnerables a lo que llamamos tiempo, liquidándolos sin saberlo. Dejándolos sin tiempo. Los escaparates repetidos en todas las ciudades europeas serán la tumba de donde saldrá, cada noche, la legión vampírica dejando en el cuerpo de la antigua ciudad señales de sus colmillos para que,  quien se adentre,  desee poseer también la sangre que ellos almacenan en forma de humillante joya*.
*Joya: apartamento, abrigo de piel, bolso de ídem, liposucción en el rostro o en el cuerpo, alimentos envasados al vacío, rostros parecidos, algunos iguales, sonrisas petrificadas enseñoreándose en  modelos repetidos en todos los canales de televisión, teléfonos de última generación,  toda clase de pantallas planas…