lunes, 30 de abril de 2012

Im-presión





“En 1557, se constituyó legalmente la Stationers´Company de Londres, para fiscalizar los derechos de los autores e impresores y editores, y para el siglo XVIII estaban tomando forma por toda Europa occidental las modernas leyes de la propiedad literaria. La tipografía había convertido a la palabra en una mercancía. El antiguo mundo oral comunitario se había dividido en feudos francos reclamados por particulares. La tendencia de la conciencia humana hacia un mayor individualismo había sido muy estimulada por la impresión. Por supuesto, las palabras no eran del todo una propiedad privada. Hasta cierto punto seguían siendo compartidas. Los libros impresos hacían eco unos de otros, de buen o mal grado. Al ponerse en marcha la era electrónica, Joyce enfrentó plenamente las angustias de la influencia, y en Ulises y Finnegans´Wake emprendió premeditadamente la tarea de hacer eco de todo.
Al sacar las palabras del mundo del sonido –donde primero tuvieron origen en el intercambio humano activo- y relegarlas definitivamente a la superficie visual, y al explotar de otros modos el espacio visual para el manejo del conocimiento, la impresión alentó a los seres humanos a pensar cada vez más en sus propios recursos internos (conscientes e inconscientes) como cosas, impersonales y religiosamente neutras. La impresión ayudó a la mente a sentir que sus posesiones se guardaban en alguna especie de espacio mental inerte”.

Oralidad y Escritura, Walter J. Ong



martes, 24 de abril de 2012

Escenas barcelonesas





“Paseemos cerca del mar”, le digo a M.  esta tarde, “disfrutemos del azul intenso y de las nubes chocantes”. Llegamos en coche hasta la zona de restaurantes de la Avenida Icaria y vemos que no podemos aparcar si no dejamos unas monedas en el tragadero que pone el ayuntamiento señalizando la zona en color azul. Si quieres pasear debes pagar. Han alargado la zona hasta los confines. Continuamos avanzando buscando un hueco libre de pago, por suerte hay un partido entre dos equipos rivales y la gente ha dejado algunos huecos, así que cerca del Paseo de Pueblo Nuevo dejamos el coche. Estamos cerca del cementerio. Del viejo barrio apenas quedan cuatro paredes tapiadas de las que todavía se lee que hacían “bocatas” hace unos años. Nos adentramos en una cervecería vacía y consumimos un par de cervezas a precio de oro. Mientras tanto, comienza a llover. Es un placer pasear por el barrio casi vacío. Advertimos  que han vuelto a cambiar los antiguos chiringuitos y en su lugar hay dos uniformados locales exactamente iguales a unos metros regulados de distancia, según la normativa. El césped de los alrededores está tan verde y recortado que parece irreal. La normativa dice que aquí debe estar el banco donde sentarse y allí la escultura que forma una vieja popa oxidada, tan bien colocada que hace daño. A lo lejos los hoteles muy caros. Durante el paseo me he sentido atropellada por una horda de patinadores rubios que gritaban felices. Un poco más de caminata y decenas de ciclistas se cruzaban con nosotras a menos de cuarenta centímetros, sin duda su habilidad me ha causado cierto estupor.  Han desaparecido los ciudadanos para dar paso a los turistas. Ya no hay hombres maduros mirando furtivamente los cuerpos de jóvenes, ni viejas prostitutas solitarias ensimismadas en sus pensamientos, tampoco nos hemos cruzado con quienes residen en el barrio. Ni olor a pescado frito, ni familias modestas buscando donde sentarse para tomar un vino sin pagar un precio por estar frente a su mar. Esta es la ciudad, este es el territorio. Una mujer, calles adentro, hurgaba en la basura del supermercado masticando alimentos encontrados en los cubos abandonados. La ciudad adquiere un perfil siniestro. Evoco la lejanía y recitamos un verso de Alejandra Pizarnik: Cómo decir en palabras de este mundo que partió de  mí un barco llevándome.

martes, 17 de abril de 2012

La Patagonia


Como me comentaba el poeta y editor Raúl Orlando Artola, en el campo de los artistas e intelectuales siempre se ha tenido conciencia de la barbarie que el poder y los grandes empresarios –extranjeros y nacionales- con la complicidad de la iglesia católica, sometieron primero a los habitantes de estas tierras originarias, luego a los obreros rurales, y finalmente a los militantes populares presos en Rawson y masacrados en Trelew en 1972. [1]  El desaparecido poeta Joaquín Guianuzzi vaticinó que los poetas de la Patagonia,  sin ser conscientes del todo,  acabarían  revelando el drama de esa tierra, de la época y del territorio. Ellos están encontrando la expresión que deriva en belleza,  pero también en denuncia, en malestar, en irritación muchas veces.  La poesía como elemento de denuncia tiene más sentido que nunca.
(fragmento)


[1] - Dos películas fundamentales para conocer estos acontecimientos son:  La Patagonia  rebelde,  basada en la obra de  de Osvaldo Bayer  y dirigida por Héctor Olivera (1974), y  Trelew de Mariana Arruti (2003).

lunes, 16 de abril de 2012

Escenas barcelonesas

Hoy ha caído el valor de las tasas de los bonos españoles.  De nuevo tantas veces la misma noticia con grados de intensidad variable –y siempre hacia la catástrofe- . He paseado por el barrio. Primero he ido a la peluquería  y nada hemos comentado (el peluquero y yo)  de dicha caída; después me he acercado a la droguería para proveerme de algunas cosas que me hacían falta;  el joven que me atendió expresaba, con su impaciencia, que pasase la media hora lo antes posible para irse de allí.  Después he tomado una cerveza biológica en la plaza Rovira i Virgili,  es uno de mis bares favoritos. Sentada tras la barra mientras hojeaba la reciente reedición de “Infancia en Berlín hacia el mil novecientos” de Walter Benjamin, la memoria, entre trago y trago me ha llevado  a la biblioteca en el apartamento montevideano de Enrique Fierro e Ida Vitale: el pasado año estaba yo hurgando entre sus libros y allí encontré la antigua edición publicada en Alfaguara del mismo relato. ¿Me importaba la deuda mientras  leía el primer párrafo? No. “No lograr orientarse en una ciudad aún no es gran cosa. Mas para perderse en una ciudad, al modo de aquel que se pierde en un bosque, hay que ejercitarse”. Más tarde he subido caminando hasta mi casa mientras decenas de coches circulaban a velocidades de pasmo. Algunos arbolillos no carecían de flores blancas o lilas: no he sabido identificarlos, así, clavados literalmente en la acera y delgados como los enjutos brazos del Quijote. Un algarabía de jóvenes turistas bajaba feliz después de su visita al Parque Güell exclamando en inglés no sé qué cosas. La deuda se envanece cada vez más. Es una deuda fantasma, que no toca a los ciudadanos porque no se sienten aludidos. Pero los va deteriorando y se nos come. La deuda es un gas que nos afecta a todos y sin embargo no lo sentimos  al respirar ( a veces,  al inspirar);   sencillamente se nos cae encima y emana de los cielos mediáticos contagiando todo cuanto toca. ¿Podrá, este acoso constante acerca de una caída imaginaria,  hacer real lo que se propone? 




martes, 10 de abril de 2012

Teoría de la boca

Hasta hace un tiempo,  siempre había pensado que la boca de alguien formaba parte de su rostro sin que en ella se pudiera advertir cualidad alguna relacionada con el interior del sujeto. Bocas anchas, estrechas, largas o pequeñas eran parte de una compleja mezcolanza de genética y por ello la boca nunca se me había manifestado  como una alegoría del espejo del alma, solo era  un complemento sensual del rostro del sujeto, o todo lo contrario.Pero llevo tiempo observando bocas de diversos estilos, unas me producen agrado,  y las que me dejan indiferente no las recuerdo;  algunas forman parte de una especie de molde que se repite en otras bocas y forman una hilera de resonantes cavidades con un rasgo común que observo últimamente en sucintas apariciones en televisión,  o en algunas fotografías de personajes públicos fijadas en la página del diario.  Suelen ser pequeñas, se ovalan asimétricamente al enunciar en voz alta opiniones o discursos ,  parecen poco elásticas y carecen de aura. Pueden, esas bocas, estar dotadas de gruesos labios o de imperceptibles láminas labiales. Todas acaban formando un gesto chirriante que deja en el rostro una irascible mueca que me desagrada profundamente. Hay bocas que han dado la mejor poesía. Otras que en esa mezcla de terror y placer en que se deleitan,  me recuerdan que “el corazón humano abarca más que el lenguaje”.




sábado, 7 de abril de 2012

Alejandra Pizarnik (un sueño)






Me levanto sudando. He soñado otra vez  con papá y mamá. Yo les pido que me dejen sitio entre ellos, sobre la cama, pero no me ven, o no me oyen. Grito. Lloro después. Ellos se abrazan y me ignoran. Preparo un café cargado y me meto bajo la ducha, necesito agua fría. Me llevaban al colegio tomada de la mano, luego me alzaban en brazos y me hacían carantoñas, cosas que no decían nada y se quedaban en la expresión brrr, brrr. No sé si podré soportar la existencia. Qué fría está el agua. Hoy he escrito un poema después de que Marta se fuese. Te deseas otra. La otra que eres se desea otra. He adelgazado. Ahora puedo pasear de arriba abajo con la ventana abierta. Hace calor. Quiero capturar y mostrar lo que está fuera de la escena, pero existe en mí una sospecha de que lo esencial es indecible, por eso escucho el sonido letal de las palabras que anuncian muerte. Para ella he escrito: en esta noche en este mundo las palabras del sueño de la infancia de la muerte.
Mi madre me llama malhumorada porque he estropeado el vestido de gasa y me he puesto los pantalones de mi padre, no quiere que la gente me vea –según ella- tan desaliñada. Me he cortado el pelo como si fuese un muchacho. Ayer en el colegio fumé un cigarrillo sin que nadie me viese, luego llegué tarde a clase y me tuve que colar por la ventana. Les hago reír. Mi madre levanta la mano amenazadora y corro, corro por la avenida en busca de mi amor.
Marta ha llegado pero dice que se irá pronto, que tiene que irse porque su trabajo así se lo exige. Yo pataleo. Sufro. Soy varias pataleando. Todo son repeticiones de experiencias. Pinto mi habitación de negro y la cubro con fotos de revistas y dibujos, en una de las fotos Evita saluda a un grupo de personas, está radiante. Hago un tachón sobre su rostro y me refugio NON, RIEN DE RIEN, NON JE NE RÉGRÉTE RIEN.
Me mareo. Ayer tomé demasiado alcohol, luego aquella conversación tan lamentable y el portazo, pero antes tuve que arañarle y ella me apretó demasiado el brazo derecho. Me duele. Saldrá un pequeño morado. ¿De donde viene esa conspiración de invisibilidad? Ninguna palabra es visible. ¿Y mi madre? ¡Quiero que te parezcas a tu hermana en todo! ¿Por qué no eres como ella? Mamá, mamá. Lloro. Mi persona está herida, mi primera persona del singular. Brrr, brrr. Los años pasan, voy a llegar tarde.
Octubre. Cuando tenía veinte años yo dije: Alejandra Alejandra debajo estoy yo Alejandra. La noche caía, y mis dibujos esparcidos por el suelo de la habitación. Yo y mi desarraigo. ¿Papá? ¿mamá? Qué tristes ojos azules, papá. Te quiero y escribo contra el miedo, contra el viento con garras que se aloja en mi respiración. Mi angustia... anoche dormí demasiado, se bambolea la persiana y la habitación sufre de dos tonos de luz. Cuando ella me abrazaba sentía como si me exprimiese el alma y yo era  una explanada de tiempo sin final, pero la noche de nuevo, la noche, la magistral sapiencia de lo oscuro, el cálido roce de la muerte. Yo te escribo, mi amor, este día de octubre, cuando me siento tan despojada del lenguaje que ni las palabras me sirven, cuando te elevas como una sombra erguida sobre mi recinto amurallado de recuerdos, cuando te toco imaginariamente y del crepúsculo caen los chorros de coñac que nos bebimos jugando a ver quien amaba más. Quiero que regreses. Brrr, brrr. Los deterioros de las palabras deshabitando el palacio del lenguaje, el conocimiento entre las piernas ¿qué hiciste del don del sexo? Yo hago palabras con tu despedida y me muero de no verte. ¿Qué hago con mi sexo, materia de la palabra no dicha? Mi amor, introduce un lenguaje nuevo en mí que no choque precipitándose con el de la infancia, quiero creer que has venido para repararme y exorcizarme. Más que el lenguaje, tu lengua, más que la casa de palabras que se desmorona, un día entero contigo. ¿Dónde estás? Mamá, mamá, ¿dónde está ella? ¿por qué me habéis dejado las dos? ¿No hay un alma viva en esta ciudad? porque ustedes están muertos  ¿y qué espera puede convertirse en esperanza si están todos muertos? Sudo, creo que tengo fiebre. No sé, quizás he tomado demasiadas pastillas. A ver... una, dos, tres, mi amor ¿cuándo dejaremos de huir? Cuatro, cinco, veintidós, treinta y seis, como los años que tengo. No puedo más de no poder más, palabras embozadas, todo se desliza. Mi edad, esa rara abolladura de tiempo. Cuarenta y tres... Todos mis poemas a cambio de que llames a la puerta y que aparezcas. ¿Me abres la puerta mamá? Por favor, abre. Cincuenta. oh ayúdame a escribir el poema más prescindible, el que no sirva ni para ser inservible, ayúdame a escribir palabras en esta noche, en este mundo.


(2003)




lunes, 2 de abril de 2012

Mirada animal


De las fotografías sobresalen algunas de mayor tamaño. Las dejo a un lado. Me recreo en una de pequeño formato. Debo tener unos siete años. Estoy enfadada y no miro a la cámara. Llevo puesta una falta plisada muy corta y un jersey de lana con unos rombos que tricotaron las manos de mi madre. Se mezclan diversas sensaciones que desembocan en interrogarme acerca del tiempo que empleó mi madre en hacer el pequeño jersey; en la catedral de Barcelona que se ve a lo lejos; en las dos trenzas de mi cabello negro. ¿Qué sabe esa niña?
La confronto conmigo. ¿Qué sé yo ahora? El saber se diluye en una pregunta que no deja de ser poco esperanzadora: ¿qué será de mí?
Conciencia, espíritu, alma, lo que llamamos interioridad,  todo eso está junto, unido por las cuerdas que ataban los antiguos paquetes. No hay movimiento de dedos si no existe el impulso. No me dirijo al supermercado sino lo he decidido antes. No me mueve el amor si no lo siento.   El poema aclara mucho más que la filosofía y avanza en una dirección que se conjuga en un aquí y ahora (Barthes) de fugas constantes. Ese tiempo no es lineal, es centrípeto. Y a veces llega la respuesta sin haber formulado la pregunta . Para ello acudir a Rilke es recomendable. 

Elegía VIII (fragmentos)

Lo que hay fuera lo sabemos por el semblante
del animal solamente, porque al temprano niño
ya le damos la vuelta y le obligamos a que mire
hacia atrás, a las formas, no a lo Abierto, que
en el rostro del animal es tan profundo. Libre de muerte.
A ella sólo nosotros la vemos; el animal libre
tiene siempre su ocaso, detrás de sí
y ante sí tiene a Dios, y cuando anda, anda
en la eternidad, como andan las fuentes.
Nosotros nunca tenemos, ni siquiera un solo día,
el espacio puro ante nosotros, al que las flores
se abren infinitamente. Siempre hay mundo
y nunca Ninguna Parte sin No: lo puro,
no vigilado que el hombre respira y sabe
infinitamente y no codicia. Cuando niño
se pierde en silencio en esto y le
despiertan violentamente. o aquel muere y es esto.
Pues cerca de la muerte uno ya no ve la muerte
y ira fijamente hacia fuera, quizás con una gran
mirada de animal (...)