lunes, 23 de julio de 2012

Anahí Lazzaroni (dos poemas)



 La ciudad (fotografía)

Ángeles mutilados se ocultan
en la ciudad que fue destruida
y poblada

por fugitivos sin rostro
que llegan una y otra vez.

El océano sin acantilados
justifica la melancolía.

Lo que no permanece está aquí:

en las calles de polvo,
en las calles de nadie.

Quienes permanecen, llegan o parten
son la misma persona, desean lo mismo:

suave dinero,
la fuga,
y un lugar helado que no es

ningún lugar.


Del otro lado

La mujer que encontraron muerta en la playa era joven.
El martes y el miércoles cayeron meteoritos detrás del glaciar,
los pobladores dijeron que llevaba una cola de fuego azul.
Del otro lado de la ciudad hubo grandes estruendos.
Un pájaro castaño cruzó un cielo de nubes oscuras.
Por esta calle no anda ni un alma. Y eso que es viernes.







Del libro: El viento sopla (El Suri Porfiado, Argentina 2011)


Anahí Lazzaroni reside en Usuahia (Tierra del Fuego, Patagonia argentina) . Su poesía se muestra a través de un velo de impresiones donde el dolor de existir se vuelca en la tierra que habita y en la conciencia de deterioro que se produce poco a poco en su ciudad,  aplastada por oleadas  turísticas. En Ushuaia fueron aniquilados los pueblos originarios : los Ona, Yámanas y los Selk'nam. Ahora es un centro turístico cuya hermosura arrebata. El espíritu de ellos continúa habitando la Tierra del Fuego. Tanto las poetas Niní Bernardello como Anahí Lazzaroni llevan su canto para que se expanda.


jueves, 12 de julio de 2012

Lo real




Ahora que estamos literalmente intervenidos pienso en lo que eso significa. No puedo creer que todo lo que nos alcanza sea posible.  Conjeturar posibilidades. Esto es posible, esto no;  esto es imposible, aquello puede suceder. Lo que está sucediendo no se nota en la calle casi nada. He bajado la calle Escorial hasta Plaza Joanic y,  como siempre,  en unos diez minutos han pasado más de once autobuses turísticos de dos plantas atiborrados de personas haciendo fotografías . Como si nada sucediese. Unos captan escenas para almacenarlas en su ordenador y probablemente nunca más serán ni miradas ni evocadas, otros bajamos la calle sin decir nada. Observo que la tienda de electrodomésticos ha cerrado y la de lencería de mujeres  está liquidando sus existencias. Paso frente a  fruterías regentadas por chinos o pakistaníes, no confío en esos precios  ¿qué nos venden?  Los dos restaurantes frente al hospital casi vacíos, otra familia china regenta el bar de tapas de toda la vida. Cambios y silencio. Lo posible solo se alcanza a comprender cuándo  ha pasado el tiempo e  instaurado su paisaje,  entonces queda un malestar porque te sientes robada . Robo de lo más íntimo en aras a la construcción de una sociedad que fotografía sin saber qué mira. Sí, estamos intervenidos hace ya bastante tiempo. Lo sabemos, aunque quizás se necesite todavía más tiempo para comenzar a saberlo. ¿Sabemos que sabemos?  Alguien dicta sus leyes y os deja sin trabajo, sin vivienda, sin pagas, sin derecho a sanidad, sin nada. Los autobuses anuncian viajes baratos al norte de Europa, unos 49 euros el vuelo. ¿A quién se dirigen esos anuncios? Otra cosa posible, demasiadas realidades “imposibles” mientras lo real marca una grieta muy profunda. En un intenso libro de Nadiezhda  Mandelstam editado hace años en España (1984) cuando era posible creer en la utopía (Contra toda esperanza) ,la compañera del poeta ruso  dejó escrito,  relatando un interrogatorio en la cárcel,  que “en el aullido el hombre deja su huella en la tierra y comunica a los demás cómo ha vivido y muerto. Con su aullido defiende su derecho a vivir, envía un mensaje a los que están fuera, exige defensa y ayuda. Si no queda otro recurso, hay que aullar. El silencio es un verdadero crimen contra el género humano”.

miércoles, 4 de julio de 2012

Selva Casal, la poesía






P ¿Cuándo empezaste a escribir?

R Yo creo que no empecé a escribir. Yo estuve siempre en la escritura,  pero primero fue como un sueño y como era tan raro el sueño, decía que había soñado de esta manera me parecía que nadie podía recriminarme nada y cuando supe escribir,  escribí.

P ¿A qué necesidad responde la escritura?
R La única necesidad que nos va quedando, que paradójicamente se evade en el sueño,  que es la realidad, irrumpe en el alma y en el fondo no hay contradicción. Vivimos nuestra propia paradoja, no es una línea recta la vida, ni mucho menos.

P Háblanos de las causas que te impulsaron a escribir.
R El solo hecho de existir. Causas serían limitativo, sería ponerlo  a algo que no tiene ni principio ni fin.

P ¿Crees que la poesía va a la infancia?
R La infancia sustenta la poesía, allí es permitida la locura en el buen sentido de la palabra;  la  locura para nuestro íntimo equilibrio. Tomada así, la infancia es la propulsora, pero luego, en  el transcurso de vivir,  se va enriqueciendo por los estados de conciencia, por las situaciones límites que alcanzan a todos los seres por no saber si lo que se hace tiene algún sentido. Hay un tiempo perdido en el aprendizaje,  cuando llegamos a saber,  ya ese mundo se vuelve ceniza y no tenemos tiempo y la falta de tiempo interior también es una limitación pero a la vez afina el sentido de la realidad,  y escribir con mayor sosiego y serenidad.
Me habría vuelto loca si no hubiese escrito, porque la poesía, en mi caso,  fue una forma de relación.
Fui muy feliz de niña, pero el hecho de estar en la vida, aunque relacionarse con otros seres es difícil aunque parece fácil. Conté con la comprensión de mi padre que vivía y estaba en la poesía como si fuera una religión; y la fe de mi madre, tan profunda, que daba seguridad a los seres que tenía cerca de ella. Con el problema que todos tenemos por la posible supervivencia del alma después de la muerte, yo le pregunté si ella creía que después de la muerte si nos íbamos a volver a ver, -estoy tan segura como estoy mirándote, me dijo-
Eso da fuerzas, reconforta, aunque fuera todo un sueño o una gran mentira, eso da fuerzas.
Tuve un hogar muy claro. Las relaciones con mis hermanos fueron positivas. El mayor me leía siempre temas de filosofía y a mí me encantaba, dio un tono especial a mis lecturas, a mi quehacer. Hoy miro hacia atrás y me parece todo un sueño.
Cada libro es un eslabón de algo que no sabemos bien qué es, así, la poesía es como la extraña desnudez, porque va al origen de las cosas, busca el rostro verdadero de la vida desde el punto de vista subjetivo. También es cierto que vivimos en un mundo demencial, en un mundo que nos atropella, y en el cual nos debatimos; y entonces no podemos ser indiferentes, sabemos que los adelantos tecnológicos han traído muchas ventajas y ha simplificado muchos aspectos, por otro lado el afán de descubrir y sacar mayor beneficio de las cosas  nos lleva al borde de la desaparición.
Decía que nuestro temor es desaparecer por completo, porque por un camino tecnológico se puede llegar a la catástrofe universal,  más allá de las catástrofes naturales: terremotos,  volcanes. El hombre puede hacer más daño,  y entonces nos preguntamos:  ¿adónde vamos?  ¿adónde va  la poesía?
La poesía no va hacia ningún lado, la poesía es, tiene finalidad en sí misma.

P ¿También está la poesía en las pequeñas cosas cotidianas?
 R Pienso que sí, que si no hubiera palabras,  también existiría la poesía, porque nos valemos de palabras pero después hay que tirarlas para que nos dejen penetrar en la esencia de las cosas yo siento mucho la poesía de lo cotidiano, siento que cada día es el primero de la creación,  levantarse y poder mirar,  respirar,  es un privilegio que no siempre valoramos  tomando el café con leche,  me parece muy importante.



Fragmento de entrevista realizada en casa de la poeta uruguaya Selva Casal en Abril de 2011 en su casa de Solymar (Uruguay) a cargo de  Concha García y Silvia Guerra.

lunes, 2 de julio de 2012

Incendios




Agasajando el cuerpo con la durmiente tarea de olvidarlo casi todo me dejo caer entre las sábanas mientras arde parte de una región de este país. Las secuencias que me llegan tratando de acomodarme al silencio interior son de una luminosidad destructora. Un feo hombre que da órdenes sin saber cómo coordinar tanta desgracia se fuma un cigarrillo mirando por el ventanal de su bien amueblada oficina. Ayer cenó parrilla de mariscos y sangría. Baja la mano para buscar algo en el cajón, unos papeles que le comprometen. Más allá unas familias salen corriendo mientras giran la cabeza como la mujer de Lot temiendo que todo lo que tienen quede arrasado por las llamas. La naturaleza se ceba de nuevo donde la sal cayó hace tiempo, la que vertieron “ellos”. Comienzo a sentir una profunda tristeza por los pinos que no volverán a crecer, ni las orugas que se arrastraban sobre sus rasposos troncos. Miro de cerca las mariposas que ayer volaban y ya no están. Siento la brisa de un intenso volar de pájaros a lo lejos. Los hombres que custodian la ciudad se precipitan para apagar las llamas pero el incendio camina hacia nuestros corazones.  Un soplo de todos nosotros bastaría para alejarlos, para que las llamas se inclinasen del otro lado y ardiesen del revés.