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miércoles, 28 de noviembre de 2012

¿Poema?










                         Cuando se viene conmigo y las rarezas
                         de las calles nos parecen una inusitada
                         percepción del futuro, cuando se acomoda
                         junto a mí, en el coche, yendo hacia Lyon
                         o  pensando en regresar a Buenos Aires,
                         y me entretienen los pájaros rasantes
                         el mundo hacia adentro forma un agujero
                         brillante, de pequeño diámetro,
                         mi capacidad de pensar en lo inaprensible
                         se distrae con un trago de cerveza.


miércoles, 14 de noviembre de 2012

Agnes Nemes Nagy












Ante el espejo

Con lentitud te quitas el color de la cara,
y aún la misma cara quitártela quisieras;
esperas que el sillón se alce y haga un gesto
aburrido, surgiendo tras de ti.




(gracias a Madeleine N.)


 

sábado, 10 de noviembre de 2012

Paseos barceloneses



Parece que hay edades para la tristeza y una edad para la toma de conciencia de que la tristeza no depende siempre del sujeto que la padece,  sino que nos llega del ambiente, de un aire que sopla sobre nuestras almas desestabilizando la armonía. Las calles del barrio de Gracia están sucias. Las persianas de los comercios pintarrajeadas con feos trazos dibujados por despechados adolescentes. La proliferación de comercios chinos donde puedes encontrar todo tipo de mercancía, casi siempre vacíos, ante la mirada vigilante de quienes los regentan.  También ellos están tristes. Los restaurantes que antes eran alegres puntos de reunión entre los vecinos, ahora son frías salas salpicadas de algunos comensales que no se han visto nunca. Los más de siete mil visitantes al parque Güell diarios suben perezosamente la calle Larrard flanqueada por tiendas abarrotadas de souvenirs, todas son iguales vendiendo lo mismo. La entrada principal del parque que proyectó Gaudí para el disfrute de las clases altas de Barcelona a principios del siglo XX , siempre está abarrotada de gente que nunca se volverá a encontrar,  haciéndose fotografías. Todos sonríen cuando posan. Los quioscos de prensa están desapareciendo porque la crisis está arrasando un estilo de vida que nadie puede detener. La crisis no es más que el nombre que se le ha puesto a este despedazamiento de nuestra sociedad. La imagen de un líder político con el brazo alzado y los dedos posicionados de tal manera que pretende indicar el camino a seguir, entristece todavía más la calle. 


lunes, 5 de noviembre de 2012

La Benson





Salgo decidida a pasar la mañana en la biblioteca Benson de literatura latinoamericana, no tengo ni idea de las dimensiones de la misma y sé que está un poco más arriba del Texas Memorial Estadio Darrell K. Royal,  dentro del recinto universitario, así que atravieso la calle University, giro por la 24 hasta San Jacinto y allí dejo de ver los carteles de las calles y comienzo a caminar convencida de que mi sentido de la orientación me llevará en pocos minutos, pero de repente me veo ante la facultad de geofísica. Llego hasta la de ingeniería donde un joven camina con dos recipientes cilíndricos humeantes, uno en cada mano. Me veo ante un laboratorio de donde cae agua en forma de lluvia sin parar, luego de atravesar más pabellones encuentro el Texas Memorial Museum, allí un joven que habla tan poco español como yo escaso inglés me orienta y salgo en dirección contraria, así que después de una hora y media de caminata un profesor que me ha visto desorientada me ofrece ayuda y saca su ordenador de la cartera indicándome donde estamos exactamente. Llego sudorosa y solo tengo media hora ya que estoy citada para comer. Una funcionaria muy amable me pregunta qué quiero leer y le digo que no sé y que me indique donde está la poesía. Me da un papel color fucsia donde se detallan en clave  las ubicaciones de los libros. Hay miles. El ascensor está ahí atrás, me señala, justo tras el mostrador principal. Salgo por una puerta equivocada y me adentro en un pasillo flanqueado de oficinas decorado con pinturas de Oscar Martínez. “El tejano enamorado” se llama la serie. Oigo una voz que me dice:  -no, por ahí no es-. Retrocedo y  veo a un hombre muy anciano leyendo tras unas gruesas gafas y una gran lupa apuntando el texto, me enternece e impresiona al mismo tiempo. ¿Habrá en el futuro lectores así? Subo hasta la cuarta planta. Los estantes no se acaban nunca. ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde ir? Decido guardar en la memoria el trayecto y regresar al día siguiente. Hondamente impresionada me abate una impotencia lectora.