miércoles, 13 de febrero de 2013

Espantar las aves






Esta mañana amaba los pájaros que caminaban con sus dos patitas sobre el jardín de los vecinos. De repente se pusieron a volar, eran dos, negroazulados. Sentir amor así, súbitamente, como si el amor formase parte del proceso de una cadena y no pudiera manifestarse hasta la finalización del producto. La cadena se interrumpe si salta un elemento o si falla una pieza. Algo que no estaba previsto ocurrió y me vi envuelta en la perfecta armonía que de tanto en tanto recorre al ser.   Ante las sucesivas fallas del sistema,  el amor cada vez cuenta con menos referentes visibles o invisibles para ser notado.  Hay que acostumbrarse a mirar fijamente sin esperar nada o esperar algo sin mirar lugar alguno. La rareza que no sucumbe palidece ante mi ventana cuando observo al pajarraco de turno espantar las aves.

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