domingo, 31 de marzo de 2013

Alegrías (1)



Cuando era pequeña, es decir, cuando mi mente no había acumulado tanto recuerdo y yo era pequeña porque mi alma estaba expectante sin saberlo, entonces llegaban los pequeños acontecimientos diarios que se acumulaban en mi memoria formando pliegues y más pliegues de sensaciones que deben andar por el mismo lugar sin haberse borrado. Las sábanas tendidas en el barrio de calles estrechas y la luz de navidad,  en el aroma de café que sale del bar, son los entramados de mi memoria. Nada más visible que estas venas palpitantes como la muestra más evidente de que lo que existió no se muere nunca. A veces reaparece. Vuelvo a ser pequeña con regocijo, me pongo alegre y salto con esa alegría de balcón en balcón, alegre de estar triste. 

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