lunes, 4 de marzo de 2013

Poesía






Los géneros no hacen que un texto sea mejor o peor, simplemente clasifican,  como todo el mundo sabe. En música, por ejemplo, podemos distinguir la ópera del jazz, la balada del mambo, la sinfonía del rock, nadie confundirá un tango con una canción napolitana,  ni una jazz sesión con una zarzuela. Si nos acercamos al mundo de la pintura también distinguiremos el cuadro por su estilo, desde el expresionismo abstracto  hasta el surrealismo, la pintura veneciana del siglo XVI, o las hieráticas figuras de Chirico;  nuestra mente prepara un escenario en el momento de pensar en tal pintura u otra, no hay confusión posible a no ser que lo desconozcas. No así pasa en la poesía. Podemos distinguir entre la poesía del siglo de Oro , una Jarcha o un romance, un poema arábigo andaluz de un fragmento de la Canción de Rolando, si nos vamos acercando al siglo XX la poesía lo es todo. Tanto vale el poema que nos cuenta el desengaño amoroso de un joven narcisista como el padecimiento de una madura mujer cuyo pasado le provoca malestar. El tema casi siempre se mueve alrededor del yo. Vale tanto decir que esta fuente se secó y pasan los pájaros sobre las alamedas que un oscuro enigma irrumpiendo en el sueño del poeta. Pero no todo es poesía. Cuando vas a una librería,  en la sección de poesía están todos los libros expuestos recién editados, en algunas,  hay secciones dedicadas a autores, allí es menos difícil perderse. Pero para el profano que no sabe distinguir un mal poema, como sí distinguiría un bolero de una samba, y que  no tiene herramientas para discernir ante la exposición de poemarios donde se halla la buena poesía, le recomiendo que se guíe por su olfato y que vaya acostumbrándose a pocos hallazgos.

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