jueves, 11 de abril de 2013

Mi padre (del diario)



Primavera ya. Pájaros y esas cosas que reverberan por bellas. También es bello el reverberar de lo oscuro. Latidos de vida con promesas de más vida. Cuando deja de ser bello comienzas a morir. Lo ves todo lejano. Un anuncio de vida para la muerte. La naturaleza es cruel. Regresaba en el bus desde Olesa de Montserrat hasta Barcelona;  el sol se ponía tras los cristales de la ventanilla y ensombrecía,  dando relieve,  la montaña de Montserrat. Mi padre eligió Barcelona,  y hace veinte años eligieron, por casualidad, vivir cerca de la montaña sagrada. Ayer miraba aquella montaña sin el rencor de siempre, vinculada a esos políticos que quieren hacer suya la montaña. Religiones que quieren hacer suya la montaña. Montañas para que haya dueños espirituales -será que lo elevado evoca  en la gradación imaginaria y alquímica,  el más alto (no sagrado)  peldaño-. Superposiciones irreales donde no se puede vivir. Pensaba en mi padre, en la elección de Barcelona en vez de otra ciudad, en el tiro largo de las casualidades, en que su vida no ha sido inútil. Ahora es un anciano venerable. Un anciano que sabe que la vida es vivir. Cuando acabe ese pulso todo habrá terminado. No hay largos plazos ni extensas unidades de deseo. Es el latir constante, real, como cuando desgajas la naranja. Y todo ese amor que te sale para que la vida continúe.

2 comentarios:

  1. al fin encontré tu blog! Gracias por esos versos y tu presencia, en la presentación "Asomos de Luz" en La Sue. No conocía tu poesía hasta esa noche...
    Hasta la próxima,
    Anna C

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