viernes, 31 de mayo de 2013

Grabado en Pompeya




Ya he vendido los volantes y las ramplonas medias
pedíame un comerciante en su ración de precio
dos doblones y una escafandra,  pero labio
inferior semiovalado mío díjole que no
que tanto no es el precio que solitaria yo los saco
del baúl para que no sean míos y enséñole
linda foto que reseca en el reborde le muestra
compañera informal al son de una pavana.





(Por mí no arderán los quicios ni se quemarán las teas. León, Claraboya, Aula Negra. 1987)

jueves, 16 de mayo de 2013

Ante un café










Ante un café



Cuando su verdadera naturaleza
se reveló, había ánforas viejas
enfrente, y martíni, eso le encanta,
un buen trago y todo parece
desubicarse. Ah, la razón
que ordena los lugares donde no se habita.



jueves, 9 de mayo de 2013

Paseos barceloneses









El operario del servicio de mantenimiento hace funcionar el aire acondicionado. Se escucha un murmullo de usuarios tras el mostrador. La Jefa sale de su despacho y los mira para cerciorarse de que todo está en orden. Vuelve a entrar en su despacho. No sabe qué hacer.  La gente está demasiado triste, pero de eso no se ha dado cuenta la Jefa de Contabilidad.  Su trabajo consiste en controlar los horarios de los trabajadores y supervisar la contabilidad que genera la empresa,  ya que el trabajo propiamente de contable lo realizan otras dos funcionarias. Ella está solo para supervisar. Todos están muy tristes. En la cafetería del edificio los dos camareros peruanos están serios; uno limpia la vitrina de los postres y el otro mira a los clientes que todavía están terminando los postres. El gesto del primero ante la demanda de uno de los comensales de otro café ha denotado siglos de sumisión de un pueblo que se ha quedado sin respuestas ante los abusos de quienes usurparon sus tierras y cultura. Los más de cinco siglos de sumisión le corren por las venas y acaso él no lo sepa. O sí. Sería maravilloso que de repente lo supiera. Si así fuese no le serviría el café al grosero cliente. Se lo tiraría sobre la ropa limpia y planchada. El dueño de la cafetería es un hombre de mediana edad, feo y pequeño de estatura. Sus ojos están más tristes que los de la Funcionaria que se revuelve en la cama sin dar tregua a la sucesión de temores a los que llamamos pensamientos. El hombre feo cobra a los clientes, esa es su función. Los camareros peruanos sirven a los clientes. El orden no se altera;  todos están tristes. Alguien entra de repente y advierte esa tristeza. ¿No os dais cuenta de que ya nadie se ríe? Un joven de aspecto andino que estaba terminando el postre sonríe y dice que sí, que es cierto.

sábado, 4 de mayo de 2013

Instante en el alma




Ejecutaba
la profesora en la pizarra
la regla de tres y la raíz
de la cifra cuatrocientos seis
que no cuadraba, en el parque
un infinito pájaro se adueñaba
del busto cejijunto del héroe.
La campanilla del recreo
llenó el patio de niñas ilusionadas.
Al picaporte se le cayó un tornillo.
Un charco de agua reflejaba
el tupido horizonte
de casas alineadas.