lunes, 28 de octubre de 2013

Felisberto Hernández




Creo haber sentido por primera vez a mi yo. Mi cuerpo estaba sentado en una silla y los ojos miraron por una ventana que daba sobre copas de árboles. Bueno, era mi yo quien se asomó a mis ojos y miró largo rato los movimientos de las hojas mientras la cabeza pensaba en sus cosas. Y debe haber sido él quien se asustó cuando una palmera movió sus palmas como si fueran ciempiés muy grandes.

¿Tengo ilusión o tengo curiosidad de buscar el yo?

Parece que todo este yo mío ocurre dentro de los límites de mi cuerpo.




Diario de un sinvergüenza, Felisberto Hernández. Obras completas, Tomo III, Editorial Arga, Montevideo.

1 comentario:

  1. mirado lingüísticamente, el sujeto de la acción no es tal, sino solo el lugar donde ocurren los hechos. Qué bueno este Felisberto. Ya había leído alguno de sus cuentos (sorprendentes!). Ese desdoblamiento invita a pensarnos desde algún lugar, pero ¿desde qué lugar?

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