lunes, 18 de noviembre de 2013

Hotel en Viedma




Me muestra una página y digo que no, que no es así. Luego saca otra y le aseguro que tampoco. Acabamos compartiendo una caminata de unos dos kilómetros. Al principio era agradable, luego fue haciéndose mejor. Salimos rumbo al Este. Un perro se cruzó y se nos quedó mirando. Pelo muy negro, joven, parecía excitado . No quería jugar ni acompañarnos para que lo adoptásemos. Sus ojos eran humanos, parecían ojos de un hombre que te provoca para que te apartes, para que te quites del medio, para que te largues. Mi acompañante no reparó en la cuestión y continuaba con sus argumentos para convencerme de lo que era un poema bien escrito. Caminábamos tranquilamente, el viento no era demasiado fuerte. Miré hacia atrás para ver si el perro se había ido. El pequeño embarcadero estaba lejos, podía divisar la pequeña barca cruzando el río Negro, su recorrido era siempre el  mismo, pasar de Carmen de Patagones a Viedma. Carmen de Patagones fue fundada por gente de España, gallegos y maragatos, hace más de un siglo, en realidad poco tiempo. El cielo corre y desplaza las nubes con sus grandes soplidos. No diviso el perro. Continuamos el paseo hasta llegar a una pequeña playa, bajamos hasta la misma y nos sentamos sobre el tronco de un árbol. A la derecha veo tres perros más, luego observo que tras ellos llegan otros dos. Me inquieto. Es una manada, una manada de perros, perros  sin dueño, algo raro.  El perro negro reaparece , es el rey, los otros obedecen. Mi acompañante los mira sin inquietud y me muestra otra página con ejemplos. La mirada del perro negro me inquieta. Siento deseos de situarme frente a él, ladrarle, señalar mi territorio.  Tomo una piedra y se la tiro, ladran, ladran mucho. Mi acompañante agarra una rama seca y con un gesto amenazante los espanta. El perro negro me mira sin moverse del sitio, no me gusta ni su lengua ni su babeo constante. He pasado la noche tratando de hacer encajar qué rostro me recordaba aquel perro negro. Qué rostricidad regresaba y cuál era su amenaza. La habitación del hotel tiene un ventanal por donde veo el embarcadero mucho más cerca y hasta puedo distinguir el rostro del barquero. Un hombre bastante mayor, con la cara surcada, no sonríe. Cruza el río una vez y otra durante toda la jornada. Al entrar al hotel hay una fotografía tomada hace años,  cuando allí no había nada.

2 comentarios:

  1. El arte de los pájaros y nuestra experiencia estética, podemos llegar a contemplar lo sublime.
    https://twitter.com/G4S90/status/402122890230767616/photo/1
    Saludos,
    anna

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  2. ..."el perro amistoso colea hacia la derecha y el hombre de género, desdichado no recula hacia la brecha;¿cómo coleaba ese primer perro?"
    http://www.investigacionyciencia.es/noticias/el-perro-amistoso-colea-hacia-la-derecha-11602
    Saludos,
    anna

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