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domingo, 31 de marzo de 2013

Anne Sexton


el asesino y otros poemas-anne sexton-9788474263077


Este artículo se publicó en Cuadernos del Sur (Diario de Córdoba), en 1996.
He perdido el dato de la fecha exacta.


DE AMA DE CASA A POETA

Resulta sorprendente que de Anne Sexton (Massachussets, 1928-1974), compañera generacional de poetas como Robert Lowell y Sylvia Plath, solo se haya traducido recientemente una breve antología de su poesía, teniendo en cuenta que ganó la mayoría de los premios importantes  accesibles a los poetas norteamericanos. Publicó ocho libros de poesía;  de algunos llegó a vender más de medio millón de ejemplares y siendo su formación académica algo precaria llegó a ser profesora de la Universidad de Boston. Anne Sexton reflejaba el perfil típico de la norteamericana de clase media conservadora, educada bajo las rigurosas normas del decoro. Mantuvo una difícil relación con sus padres, lo que dio origen a la inestabilidad psicológica que la motivaría a escribir poemas a partir de 1957 debido a los consejos de su psicoanalista. De alguna manera, gracias a la locura, se salvó del papel que la sociedad le tenía encomendado, una caricatura de mujer ideal de puertas para afuera, según lo representaban el cine y las revistas femeninas de aquellos años. La abdicación de su papel como madre y como esposa tuvo un enorme coste que la llevó al suicidio, mientras se debatía entre la contrariedad profunda que representaba doblegar su verdadera vocación a expensas de todo lo demás sin dejar de sentirse culpable. Como dice Maxime Kumin, gran poeta y su mejor amiga, Anne Sexton fue atacada por la crítica masculina precisamente por su confesionalidad, por manifestar en público su drama privado y por insistir en los aspectos patéticos y desagradables de la experiencia del cuerpo -era una mujer movida por dos energías contradictorias, una exhibicionista y otra espiritual-. Los poemas de Sexton construyeron la subjetividad de muchas mujeres, tanto viejas como jóvenes, madres o hijas, o amantes. En todos ellos hay un sentido de identidad como fragmentación, una consciencia alerta e inteligente, a menudo irónica de un yo que mira actuar a otro yo.
Oficialmente enferma, experimentó la literatura a través del inconsciente y dejó constancia de sus propias vivencias a lo largo de toda su obra. Tanto sus crisis de ansiedad como sus intentos de suicidio fueron elementos que impregnaron sus poemas, dotados de una gran belleza plástica y de un ritmo muy personal, desarrollado en los talleres de poesía dirigidos por Robert Lowell. Si contextualizamos el momento en el que aparece este tipo de poesía, hay que pensar que a causa de las dos guerras mundiales europeas había caído en descrédito el concepto del héroe romántico abarcador de un yo redentor. El psicoanálisis, que se centraba en los orígenes infantiles del comportamiento del adulto, evocaba recuerdos de una época y desde el punto de vista psicoanalítico legitimaba el retorno de desatadas pasiones en el campo del arte. Para ella, el poema era un “atisbo de conciencia” que no siempre llegaba cuando se deseaba. Sostenía que el poeta debe verse sorprendido por la vida, porque si comenzásemos a ser razonables es muy posible que dejásemos de escribir poemas para convertirnos sólo en críticos. En esa tensión sus temas fueron el amor, la pérdida, la locura, la búsqueda de una autoridad masculina a la que amar y en la que confiar. De hecho, ella abrió nuevos caminos, sobre todo en la poesía escrita por mujeres, rompiendo tabúes y resistió ataques por la extravagancia de sus temas. Escribió abiertamente acerca de la menstruación, el aborto, la masturbación, el incesto, el adulterio, la drogadicción, en un tiempo en el que estos temas no eran considerados propios de la poesía. 
 Ahora, gracias a esta exhaustiva biografía de la gran poeta norteamericana, a cargo de la profesora Diane Wood Middlebrook, podemos acercarnos a la obra de esta gran poeta y comprenderla en su contexto social y familiar.
ANNE SEXTON, UNA BIOGRAFÍA
Diane Wood Middlebrook
Ytraducción de Roser Berdagué
CIRCE, Barcelona, 1998. 496 páginas

EL ASESINO Y OTROS POEMAS
Anne Sexton.
Traducción de Jonio González y Jorge Ritter
ICARIA Poesía, Barcelona, diciembre 1996. 117 páginas





Alegrías (1)



Cuando era pequeña, es decir, cuando mi mente no había acumulado tanto recuerdo y yo era pequeña porque mi alma estaba expectante sin saberlo, entonces llegaban los pequeños acontecimientos diarios que se acumulaban en mi memoria formando pliegues y más pliegues de sensaciones que deben andar por el mismo lugar sin haberse borrado. Las sábanas tendidas en el barrio de calles estrechas y la luz de navidad,  en el aroma de café que sale del bar, son los entramados de mi memoria. Nada más visible que estas venas palpitantes como la muestra más evidente de que lo que existió no se muere nunca. A veces reaparece. Vuelvo a ser pequeña con regocijo, me pongo alegre y salto con esa alegría de balcón en balcón, alegre de estar triste. 

martes, 26 de marzo de 2013

Del diario





Para los peatones que se apresuran
en el horizonte
cualquier señal es buena
para no dejar irresuelto
pensamiento o conjetura,
un baile de pequeñas hojas
desprendidas de los árboles
vuela conjuntamente
hasta dejarse  abandonadas
en el crepitar del fuego
en la hondura de la huella
sobre la arena que la ola
deja cada instante,
se repite el azar
y la alegría.



martes, 19 de marzo de 2013

Jules Supervielle







Jules Supervielle nació en Montevideo, en 1887. A los ocho meses se quedó sin padres, morirían en Olorón Saint Marie, población del pirineo francés donde descansa también el poeta. Al parecer,  murieron porque la cañería del grifo donde bebieron agua estaba contaminada de cardenillo porque no se había usado en muchos años.  Los tíos de Supervielle se hicieron cargo del niño y se lo llevaron a Montevideo. Eran personas acaudaladas. Fundaron un banco en el tiempo que cualquiera,  con cierto poder adquisitivo,  podía fundar un banco. Ahora mismo no se puede fundar  ni una fundación. El niño se enteró de su orfandad con nueve años. Comenzó a escribir a tan temprana edad y no dejará de hacerlo hasta su muerte en 1960. Los detalles biográficos del poeta uruguayo- francés se pueden consultar en cualquier página de “google”. Lo que me interesa es sacarlo de las frías marañas de la red para darle un poco de vida a su poesía. “El poeta vive en un gran bosque donde el cuco del reloj canta a unas horas insensatas. (…) En mis escritos yo tengo, sucesiva o conjuntamente, quince, veinte, treinta años y así hasta los setenta y tres”. Siguiendo la estela de su contemporáneo Jorge Luís Borges, nacido doce años después, no le da importancia alguna al hecho de tener una edad que junte todas las edades a la vez porque el ser humano está hecho de tiempo y aunque el tiempo deba contabilizarse no existe ninguna razón para que se fragmente. Es como si un poeta no pudiera regresar a su niñez o alcanzar en un instante la edad que todavía no tiene. Al autor, la poesía le llevaba del sueño, y las razones del sueño eran las que daban a su poesía ese grado de verosimilitud que no caduca con los años. Maurice Blanchot dijo de él que era el poeta que hablaba sin acordarse, y uno de sus mejores amigos, Henri Michaux dijo que sus poemas estaban hechos para expresar esa cosa extraña: la Vida.  Propongo releer a Supervielle antes de un telediario, o mejor,  dejar de ver el telediario y adentrarse en su prosa extraña y no extranjera.

Un día la tierra no será más
Que un ciego espacio que gira
Confundiendo el día y la noche.
Bajo el cielo inmenso de los Andes
No le quedarán montañas.
Ni el más mínimo barranco.
De todas las casas del mundo
Sólo se mantendrá un balcón
Y del humano mapamundi
Una tristeza sin fin (…)


domingo, 17 de marzo de 2013

viernes, 8 de marzo de 2013

lunes, 4 de marzo de 2013

Poesía






Los géneros no hacen que un texto sea mejor o peor, simplemente clasifican,  como todo el mundo sabe. En música, por ejemplo, podemos distinguir la ópera del jazz, la balada del mambo, la sinfonía del rock, nadie confundirá un tango con una canción napolitana,  ni una jazz sesión con una zarzuela. Si nos acercamos al mundo de la pintura también distinguiremos el cuadro por su estilo, desde el expresionismo abstracto  hasta el surrealismo, la pintura veneciana del siglo XVI, o las hieráticas figuras de Chirico;  nuestra mente prepara un escenario en el momento de pensar en tal pintura u otra, no hay confusión posible a no ser que lo desconozcas. No así pasa en la poesía. Podemos distinguir entre la poesía del siglo de Oro , una Jarcha o un romance, un poema arábigo andaluz de un fragmento de la Canción de Rolando, si nos vamos acercando al siglo XX la poesía lo es todo. Tanto vale el poema que nos cuenta el desengaño amoroso de un joven narcisista como el padecimiento de una madura mujer cuyo pasado le provoca malestar. El tema casi siempre se mueve alrededor del yo. Vale tanto decir que esta fuente se secó y pasan los pájaros sobre las alamedas que un oscuro enigma irrumpiendo en el sueño del poeta. Pero no todo es poesía. Cuando vas a una librería,  en la sección de poesía están todos los libros expuestos recién editados, en algunas,  hay secciones dedicadas a autores, allí es menos difícil perderse. Pero para el profano que no sabe distinguir un mal poema, como sí distinguiría un bolero de una samba, y que  no tiene herramientas para discernir ante la exposición de poemarios donde se halla la buena poesía, le recomiendo que se guíe por su olfato y que vaya acostumbrándose a pocos hallazgos.

viernes, 1 de marzo de 2013

Deleuze



Huir, pero mientras se huye, buscar un arma.

O:

!Ah!, miseria de lo imaginario y de lo simbólico, lo real siempre se deja para mañana.