miércoles, 26 de junio de 2013

Poesía (Walter Rela)

Una de las veces que Antonio Machado se refiere a la poesía, la define como “respuesta animada al contacto del mundo”. La relación con la realidad es, por consiguiente, estrecha, íntima: se trata de un diálogo. Vemos en cambio, muy a menudo, que la poesía se ha vuelto monólogo, perpetuo girar del pensamiento sobre sí mismo, oscuridad expresiva, acumulación de imágenes.
Se considera muchas veces a la belleza como una esencia aislada de lo real, del vivir cotidiano, -y aún en oposición con él-, de modo que las ocupaciones corrientes, la vida en compañía, serían trabas para el creador. Comparto, al contrario, la opinión de que la experiencia diaria, viva, es una de las fuentes más auténticas de la poesía.  Su expresión adecuada es un lenguaje directo, sobrio, abierto, que no requiere cambio de tono con el de la conversación, pero que sea como una conversación con mayor calidez, mayor intensidad.
La misión de este lenguaje es descubrir y no cubrir; descubrir los valores, los sentidos presentes en la existencia y no introducirnos en un mundo poético  exclusivo y cerrado.



Walter Rela, Poesía Uruguguaya del Siglo 20. Alfar, 1994



Foto: aquí vivi un mes de octubre en Austin

lunes, 17 de junio de 2013

Leyendo Deleuze





Cuando lees - solía
tejer guirnaldas-
la imagen que llega
no pertenece a tu tiempo,
es mero pensamiento
y establece
pecepciones aproximadas
de la dulzura
que te habita.



Foto. Bar en Bariloche (Patagonia argentina)

jueves, 13 de junio de 2013

Eduardo Rezzano



CALIGRAFÍA

Como escribe Mariano Peyrou, en los poemas de Caligrafía toman forma la extrañeza de la existencia y la irrealidad de lo real.  La poesía de Eduardo Rezzano desordena el presente porque se extiende más allá del tiempo cronológico, se suprime toda sincronía. En su mirada, entre irónica y desencantada, habita un hombre que deviene niño en la manera de impresionar la realidad que le circunda. La realidad vista desde el propio extrañamiento de alguien que siente que la verdadera raíz de cualquier habitante de esta ciudad, por poner un ejemplo, no está sostenida por sentido de pertenencia alguno, excepto el de pertenecer a la realidad más inmediata. Alterar la visión de la realidad, fantasear con lo que no existe y traerlo al lenguaje: eso es la poesía.
Una realidad no arborescente, siguiendo la idea de Deleuze y Guatarri, sino rizomática. Lo arborescente es el orden jerárquico, las oposiciones binarias, no hay unidades de medida, sino multiplicidades de medida, el texto que no jerarquiza se extiende por los recovecos de la memoria no selectiva, hace hincapié en la máxima sensibilidad a una hora determinada, es solidario con quienes padecemos, emigra a otros lugares y por ello sorprende al lector.

Mario Arteca, que tiene un blog muy interesante ha escrito en el mismo un largo artículo sobre Eduardo, de su poemario GATO BARCINO, asegurando,  con muy buen tino,  que en su poesía se elabora un delicado equilibrio entre la distancia y lo lejano. Para hacerlo, formalmente utiliza estructuras mínimas, pero amplificadas por el acontecimiento que provoca la atracción del significado. Que donde debiera haber erosión y deterioro, hay disfraz y máscara, en perfecta consonancia con las teorías de Batjin. De donde parece cristalizarse una contradicción, se instala una progresión, y no hay movimientos en serie que no reproduzcan la naturaleza de una estructura, en este aspecto, sus poemas forman geometrías dadaístas.
Estimulado por distintas experiencias, el poema es concebido ante un espacio liso y desértico. Pantalla blanca dice él de su antesala a la creación, también dice que los animales forman parte de su mundo y que no se siente humano, sino animal.




Despeñadero


En la memoria guardo
apenas tres sonidos

el canto de un pájaro
sin nombre
una campana que toca
a muerto y
el mar contra las piedras

a partir de esta pequeña música
trato de reconstruir algunas voces

pero es inútil
la música me conduce al silencio

cada mañana
cada atardecer.


Nieve

Un paisaje blanco
un vestigio ona o siberiano
un paisaje de arena
o mar adentro
el agua al cuello los tiburones

descubrí que me llamaba Pedro
que ni remotamente
era el depositario de mi memoria

descubrí que no tenía nombre
que mi cuerpo era el de una serpiente
enroscada sobre su presa.


Eduardo Rezzano nació en La Plata (1968)  (Argentina)
Poemas de CALIGRAFÍA. Amargord Ediciones. Colección Transatlántica

domingo, 9 de junio de 2013

Edgar Bayley






Es infinita esta riqueza abandonada

esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha extinguido
después del rostro hay otro rostro
tras la marcha de tu amante hay otra marcha
tras el canto un nuevo roce se prolonga
y las madrugadas esconden abecedarios inauditos islas remotas
siempre será así
algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo
pero otro sueño se levanta y no es el mismo
entonces tú vuelves a las manos al corazón de todos
de cualquiera
no eres el mismo no son los mismos
otros saben la palabra tú la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios
y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no importa tu fracaso
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
y cada gesto cada forma de amor o de reproche
entre las últimas risas el dolor y los comienzos
encontrará el agrio viento y las estrellas vencidas
una máscara de abedul presagia la visión
has querido ver
en el fondo del día los has conseguido algunas veces
el río llega a los dioses
sube murmullos lejanos a la claridad del sol
amenazas
resplandor en el frío
no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada.


(Edgar Bayley, Buenos Aires, 1909-1990)
Foto: Tánger 

lunes, 3 de junio de 2013

Acontecimiento (1)








Sucedió que me fui volviendo sensible, y cada vez más, a la posible distinción entre el devenir y la historia. Nietzsche decía que no se hace nada importante sin un "nubarrón no histórico". No se trata de una oposición entre lo eterno y lo histórico, ni entre la contemplación y la acción: Nietzsche habla es de aquello que se hace, del acontecimiento mismo o del devenir. Aquello que la historia capta del acontecimiento es su efectuación en los estados de cosas, pero el acontecimiento en su devenir escapa de la historia. La historia no es la experimentación; ella es solamente el conjunto de condiciones casi negativas que hacen posible la experimentación de algo que escapa a la historia. Sin la historia, la experimentación quedaría indeterminada, incondicionada, pero la experimentación no es histórica. En un gran libro de filosofía, Clio, Péguy explicaba que hay dos maneras de considerar el acontecimiento, una que consiste en transcurrir el acontecimiento recogiendo la efectuación en la historia, el condicionamiento y el pudrimiento en la historia, pero otra que consiste en elevar el acontecimiento, instalándose en él como en un devenir, rejuveneciendo y a la vez envejeciendo en él, pasando por todos sus componentes o singularidades. El devenir no está en la historia, no es de la historia; la historia designa solamente el conjunto de condiciones, por recientes que sean, de las que nos apartamos para "devenir", es decir, para crear algo nuevo. Eso es exactamente lo que Nietzsche llama lo intempestivo. Mayo del 68 fue la manifestación, la irrupción de un devenir en estado puro. Hoy se ha puesto de moda denunciar los horrores de la revolución. Eso no es nada nuevo, todo el romanticismo inglés está colmado por una reflexión sobre Cromwell muy análoga a la que se hace hoy sobre Stalin. Se dice que las revoluciones tienen un mal porvenir. Pero es que no se cesa de entremezclar dos cosas, el porvenir de las revoluciones en la historia y el devenir revolucionario de la gente. En los dos casos no se trata de la misma gente. La única oportunidad de los hombres está en el devenir revolucionario, lo único que puede conjurar la vergüenza o responder a lo intolerable.


(Entrevista de Toni Negri a Guiles Delleuze,( fragmento) . Trad, Edgar Garavito.)