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lunes, 28 de octubre de 2013

Felisberto Hernández




Creo haber sentido por primera vez a mi yo. Mi cuerpo estaba sentado en una silla y los ojos miraron por una ventana que daba sobre copas de árboles. Bueno, era mi yo quien se asomó a mis ojos y miró largo rato los movimientos de las hojas mientras la cabeza pensaba en sus cosas. Y debe haber sido él quien se asustó cuando una palmera movió sus palmas como si fueran ciempiés muy grandes.

¿Tengo ilusión o tengo curiosidad de buscar el yo?

Parece que todo este yo mío ocurre dentro de los límites de mi cuerpo.




Diario de un sinvergüenza, Felisberto Hernández. Obras completas, Tomo III, Editorial Arga, Montevideo.

lunes, 14 de octubre de 2013

La lejanía (Cuaderno de Montevideo)








19 de octubre
Me he cambiado cuatro plantas más arriba lo que ha provocado que la mañana haya transcurrido trasladando mis cosas y colocándolas bajo un nueva distribución para que la habitación parezca un hogar. Quizás también debería alterar el orden de mis pensamientos. Un orden que se hunde en la infancia y se desordena en el presente.  La terraza está forrada de falso césped verde brillante donde se apoyan dos tumbonas blancas que producen la ilusión de que sobre ellas puedes disfrutar de una vista frente al mar. Pero no es así. Están orientadas hacia la pared del edificio colindante, un deslucido bloque por el que asoman en su fachada unas ventanas estrechas siempre apagadas. Desde una de ellas sentada veo mucho mejor el cielo y las cúpulas de algunos edificios rematadas de unas horribles antenas. Hay otra perspectiva que me gusta mucho y es que puedo ver el río a lo lejos desde un lateral de la terraza. Ahora disfruto del cielo nublado de Montevideo. Las nubes pasan veloces y ocultan  parte de las cúpulas urbanas en su masa gris y cambiante. Durante un momento resuenan  versos que escribí hace tiempo y la memoria me los devuelve como si los hubiese escrito para que ahora los sintiese en el aire de esta habitación. “Recuerdo dos horas seguidas/ luego un abatimiento,  se filtraba /  la luz,  pero anochecía. Yo era otra/ ¿Dónde estará aquella ropa?/ Era la misma que soy ahora. / Menos cosas que recordar/ menos vida, o más vida, o poca/ vida. O ninguna vida por delante/ ni hacia atrás. Mi vida. ¿Qué es mi vida?/ Estaba sentada en otra silla: lo recuerdo,/ estructura de madera recubierta de lona./ Sobre una mesa con el cristal resquebrajado/ escribí un poema. ¿O era el mismo/ poema?


Ediciones Carena, Barcelona, 2013


jueves, 10 de octubre de 2013

Poema









Agua que suena
tempranamente
a todas horas, estas paredes
me acogen, hemos sentido
varias sensaciones, el verde
iluminaba, el azul cambiaba al nogal,
los peces transeúntes
se convertían en jóvenes
y buscaban
su hermosa dueña.



(versión primera, C.G.)