sábado, 28 de junio de 2014

del diario (escribir)






Dotar a la existencia de un sentido. Nunca supo cual era el  sentido de la suya. Mas allá de participar en los ritos a los que se vio obligada desde que nació, se sentía desubicada,  con el sentido de su existencia que se secaba como una arcilla sin forma expuesta al  sol demasiado tiempo. La escritura, tan sólo ella ha dado un sentido circular a  su vida con un argumento entrecortado pero lógico.  Escribir era la única libertad, pero  escribir ¿qué? ¿qué cosa? ¿cuál era el relato? ¿para qué escribirlo? ¿desde un yo maltrecho y descreído? ¿desde una mirada des-complacida? ¿desde la maldita soledad? Escribía y se iba convenciendo de que nada  quedaba apresado, el tiempo y sus substancias resbalaban como fina arena de las playas blancas del  sur. Nunca le interesó mirar desde un vuelo demasiado alto, tampoco el agónico martilleo de un yo  auto-complacido o quejoso. Ella miraba hacia dentro desde fuera y así el afuera se colocaba en el adentro.   Lo mismo valía una taza de  café,  que el  oreo de la colada una tarde de  verano. La misma sensación debía quedar captada en el adentro:  el dolor,  pero tampoco valía creérselo demasiado. Dar un sentido: escribir. Lo enorme en  lo pequeño, la esperanza en los paisajes poblados de semejantes como ella,  como todos,  y ahí poner el poema.




No hay comentarios:

Publicar un comentario