domingo, 13 de julio de 2014

Paseos barceloneses




Salgo de la estación Plaza Cataluña. En el hall hay dos jóvenes durmiendo profundamente, no parece molestarles el tráfago de gente que pasa a las once de la mañana. El día es soleado.  Bajo hasta el mercado de la Boquería. Me tengo que abrir paso entre la gente para no tropezar con nadie. Hay jóvenes vendiendo abanicos;  los puestos de prensa venden todo tipo de recuerdos absurdos;  los turistas suelen ir siempre mal vestidos, algunos lucen sombreros comprados en una de las tiendas turísticas que flanquean las Ramblas. He leído que el ayuntamiento ha decidido no conceder más licencias para darle un respiro a quienes viven en dicha zona, cada vez menos, los vecinos huyen despavoridos. No acabo de creérmelo, ya sabemos que para conceder licencias ha habido extorsiones. Hace años yo frecuentaba las Ramblas como cualquier ciudadana. Me gustaba entrar a la Boquería, tomar una copa de cava y salir con parte de la cesta de la compra, realmente se convertía en un placer comprar en uno de los mejores mercados del mundo. Hoy para entrar he tenido que sortear una buena cantidad de gente de diversas edades y condición. Hacen fotos a todo. Ha crecido la oferta de frutas troceadas en vasos de plástico y de jugos. Lo que antes era exposición de verduras, ahora es exposición colorida de dichos productos. Tiendas de comida rápida donde jóvenes compran  hamburguesas o fats-foods. En  la parte trasera del mercado suelen ponerse lugareños que venden verdura de los huertos del Prat o Viladecans, poblaciones próximas a Barcelona. Un grupo de unos veinte adolescentes se sienta sobre el asfalto mientras come comida envasada y beben latas de refrescos. Uno de los verduleros a quien le estoy comprando pimientos y lechuga me dice que cada día es así, que debería haber una ordenanza para que esa gente no se siente impidiendo el paso.  Están hartos. Es la mala educación, pienso. Son jóvenes rubios, deben tener alrededor de veinte años o menos, sonríen como pájaros despistados. ¿Este es el modelo de ciudad del que tanto hablan los políticos? Salgo decepcionada, atravieso restaurantes y más restaurantes con mesas frente al mercado, alrededor del mismo han proliferado esos establecimientos de dudosa calidad y a precios de escándalo. Por ejemplo una copita de vino blanco se cobra a tres euros cuando la botella entera solo cuesta cinco. Sin embargo, el paisaje ya de por sí desolador, parece atraer a oleadas de gente que no dejan de entrar y salir del templo turístico. Al año pasan más de cien millones de personas por esta calle. El fotógrafo Marc Javierre lanzó un proyecto en Verkama que dio como resultado un reportaje fotográfico de La Rambla titulado:  Tourist Walk. Su intención es denunciar el turismo masivo irresponsable. 

Cada imagen donde una se detiene es digna de una fotografía mientras te planteas varias cuestiones. Una de ellas: ¿no le molesta  a los turistas que desayunan esa aburrida marioneta imitando al grupo Creedence Clearwater  Revival con la música a toda pastilla? Miro alrededor y hay varias ventanas y balcones, los vecinos ¿no están hartos? Otro grupo de jóvenes ya borrachos se ríen a carcajada batiente, torsos desnudos que lucen tatuajes de pánico. Más allá me cruzo con un descapotable que se abre paso saliendo de uno de los garajes de tantos hoteles como han habilitado en los últimos diez años. Regreso a las Ramblas para tomar los Ferrocarriles Catalanes, antes no puedo dejar de sorprenderme porque cada treinta o cuarenta metros hay un hombre de unos treinta y tantos años. Ofrecen unos pequeños pitos que se introducen bajo la lengua y emiten unos sonidos horripilantes. No sé describirlos. Ruego a los dioses que el negocio fracase. La mala educación también permite no respetar el silencio. Vuelvo a encontrar a los durmientes en la misma posición, parecen muertos ¿y si lo están? ¿Nadie se ha dado cuenta?  Como otros tantos lugares de Barcelona, los residentes salimos empujados. Ni la Barceloneta y sus playas, ni el Parque Güell, ni la Sagrada Familia, ni las torrenciales muchedumbres ricas que compran el saturado paseo de Gracia. Habrá que irse a los barrios del Norte mucho más despejados, hasta ahora, de esas hordas traídas a manos del consumo y de políticos que solo piensan en ganancias. La erótica del dinero para una ciudad que acabará muriendo de éxito.

Foto: Marc Javierre


2 comentarios:

  1. Tu descripción me ha recordado "El viejo manuscrito de kafka", un potente cuento que describe el paso de la civilización a la barbarie. ¿Estaremos viviendo uno de esos momentos? A veces así lo pienso.

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  2. No olvidemos de los huertos del Prat el interés que hubo en muchos agricultores, y por muy lugareños que sean (y quizás no lo sean tanto), vender sus tierras de cultivo para aquel aberrante proyecto de Eurovegas con el apoyo de Ferran Adrià. A mi entender esa fotografía con esos jóvenes muestra el fenómeno fagocitador del sistema actual.
    Saludos,
    Anna

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