domingo, 17 de agosto de 2014

Marcel Duchamp y el aura







Tarde de domingo en casa. Saco del archivo artículos antiguos y comienzo a leer. Guardé,  en marzo de 1996, hace dieciocho años, un "Editorial" de ABC firmado por José Ángel Valente. Cómo han cambiado los tiempos. La editorial se titulaba: “El aura y las estéticas de la retracción”. ¿Podemos imaginarnos un artículo parecido ahora en cualquier diario? Me llamó la atención el asunto del aura de nuevo. 
Valente decía que le parecía curioso que la experiencia de los “ready-made” de Marcel Duchamp cuestionara todos los elementos tradicionales de la obra de arte, salvo el del aura. En efecto,  lo que hacía Duchamp era sustraer el objeto fabricado en serie, fruto absoluto de su reproductibilidad, cargándolo  de aura al ser despojado de su instrumentalidad. Por lo tanto, un orinal descontextualizado adquiere un espacio aurático. Han pasado muchos años y me pregunto si no hemos perdido del todo, por exceso, la percepción del aura. La literatura, en muchos casos pura mercancía, solo es visible en cuanto se reproduce en serie,  llegando al ideal cuando de una novela se puede crear una película. Muchos escritores aspiran a eso. Nos damos cuenta de que en cierta forma, Lacan, Althusser, Derrida… tenían razón cuando vieron en el Mayo del 68 el comienzo de una nueva era mercantilista.

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