viernes, 7 de noviembre de 2014

del diario

Usuahia





Abro la puerta del baño. Una pequeña ducha resguardada por unas cortinas de plástico bastante sucias. En la jabonera no hay nada. La taza del wáter está limpia. Me siento sobre ella inspeccionando el receptáculo. Se escucha el goteo del grifo. Lo aprieto pero no deja de gotear. Hay dos toallas blancas bastante gastadas por el uso y limpias,  colgadas cerca de la ducha. Un ventanuco negro da a un patio desde donde entra un poco de luz , como si estuviese reservada a la oscuridad,  dan ganas de gozarla. Es una luz que no ilumina ni alumbra, solo deja constancia de su cualidad aminorada por la lejanía de la que procede su fuente.

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