jueves, 31 de diciembre de 2015

Anne Carson (poema)



Entrevista con Hara Tamiki (1950)

Y0: Muerte.
HT: La muerte me hizo crecer.
YO: Amor.
HT: El amor me hizo resistir.
YO: Pasión.
HT: La pasión me ofuscó.
YO: Equilibrio.
HT: El equilibrio es mi diosa.
YO: Sueños.
HT: Los sueños lo son todo ahora.
YO: Dioses.
HT: Los dioses hacen que guarde silencio
YO: Burócratas
HT: Los burócratas me vuelven melancólico
YO: Lágrimas
HT: Las lágrimas son mis hermanas
YO: Risa.
HT: Me gustaría tener una risa espléndida.
YO: Guerra.
HT: Ah la guerra
YO: Humanidad.
HT: La humanidad es cristal.
YO: Por qué no tomar el camino más corto a casa.
HT: No había un camino más corto a casa.



(Trad. Jordi Doce)

jueves, 24 de diciembre de 2015

Deseo



Las personas adorables son aquellas que miran una mariposa volar entre las nubes y conocen cuáles son sus recorridos y saben que forman parte del bien común. Son adorables algunos poemas, como los que empiezan diciendo que cuando la mañana se levanta hay mucha gente revoloteando, como mariposas,  y no se identifican con la muerte,  porque ya vendrá.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Escribir






Dotar a la existencia de un sentido. Nunca supo cual era el  sentido de la suya. Mas allá de participar de los ritos a los que se vio obligada desde que nació, se sentía desubicada con el sentido de su existencia que se secaba como una arcilla sin forma expuesta al  sol demasiado tiempo. La escritura, tan sólo ella ha dado un sentido circular a  su vida con un argumento entrecortado pero lógico. Escribir era la única libertad, pero  escribir ¿qué? ¿qué cosa? ¿cuál era el relato? ¿para qué escribirlo? ¿desde un yo maltrecho y descreído? ¿desde una mirada des-complacida? ¿desde la soledad? Escribía y se iba convenciendo de que nada se  quedaba apresado, el tiempo y sus substancias se resbalaban como fina arena de las playas blancas del  sur. Nunca le interesó mirar desde un vuelo demasiado alto, tampoco el agónico martilleo de un yo  auto-complacido o quejoso. Ella miraba hacia dentro desde fuera y así el afuera se colocaba en el adentro.   Lo mismo valía una taza de  café,  que el  oreo de la colada una tarde de  verano. La misma sensación debía quedar captada en el adentro:  el dolor,  pero tampoco valía creérselo demasiado. Dar un sentido: escribir. Lo enorme en  lo pequeño, la esperanza en los paisajes poblados de semejantes como ella,  como todos.  Ahí poner el poema.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Viedma (Catedral)



Luz
que deja
esencia
de
la pintura
nos hace
pensar en
el pincel
la brocha
y la imagen
creando
realidad
y tiempo

viernes, 4 de diciembre de 2015

El fracaso como alegría/uno






El aire mueve las cañas y el rumor del  mar está  lo suficientemente cerca como para parecer lejos. El día es azul y me  dejo mecer  cuando los vecinos no emborronan este silencio. Toda la mañana pasó mientras  leía ininterrumpidamente, cuidando, además mi piel, mis ojos, mis dientes, preguntándome por las turbulencias de agosto al tiempo aparecían recuerdos fragmentados en cuyos relieves la intensidad me anodona, qué hermosa  palabra. Bucles  de escenas, muchas relacionadas con lejanas sensaciones que hoy no me  transmiten más  que un escalofrío agradable. De lo que se duda puedo concluir que existe,como dijo Descartes.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Detenerse



vamos y venimos
somos la entera certeza
de una anomalía
encajamos en huecos
que no estaban
al principio



viernes, 20 de noviembre de 2015

El día anterior al momento de quererle




Dulce amor
ardemos contemplando
cómo se empañan los cristales
oscureciendo los edificios
mientras nuestras manos
toman otro sentido y la casa
se desgaja de la naturaleza
del mal, hay quienes
mueren a esta hora. Seres dulces

como ángeles que nos arraigaron.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Jorge Spíndola (poema)



 los dos zapatos en el aire



una mía amiga dice
que es difícil ser poeta
que es un peligro andar
mostrando las costillas por la calle
o en un libro
yo le digo que no   que no es difícil
más jodido es ser acróbata
o albañil en las alturas

no es difícil escribir
lo difícil es no caerse para arriba
o para abajo

que eso fue lo que le pasó al finado justo cárdenas
por ejemplo él llegaba en pedo a la obra
y se ponía a revocar con un pie afuera del andamio
hacía equilibrio
y un día se ve que se olvidó
y apoyó los dos zapatos en el aire

el resto ya se sabe
justo está enterrado dos metros bajo tierra
y sus hijas dicen que justo está en el cielo

no es difícil ser poeta
(yo escribo palabras al borde del andamio)


Poema



Todo poema:  ¿es una estructura?  ¿Qué llega antes; el lenguaje? ¿Podemos evitar escribir un poema? ¿Quienes son los lectores? ¿No hay demasiados poemas? ¿Es el lenguaje fiel al poema?
Narrar la realidad o describirla. Sacar la conciencia a relucir o esconderla fingiendo que la muestras. Sentir que el poema es un palimpsesto de lo esencialmente humano,  porque todos somos lo mismo; no digo que seamos iguales, pero sí compartimos la misma esencia,  y el poema devuelve algo que sabemos que sabemos. Cada tiempo de nuestras vidas es un tiempo liquidado, agotado. La vida no se re-vive. El poema no se re-lee. Nada se repite. Entonces: ¿por qué esa necesidad de comunicar sentimientos como si fuesen postes señalizadores de rutas invisibles?

lunes, 2 de noviembre de 2015

Camino de Santiago/dos




Me desperté a las siete en el hostal de peregrinos de Logroño. La noche fue tranquila. Los ruidos de la calle cesaron pronto, de repente, y quedó despejada de gente.
Antes, todo el centro fue una gran terraza llena de paisanos y paisanas de todas las edades. El centro conserva los comercios de toda la vida. Todavía no ha sido invadido por la homogeneidad que nos arrasa en ciudades grandes:  tiendas de las mismas marcas nos dan la sensación de estar en el mismo lugar. Logroño tiene su propia historia no arrebatada todavía. Pasé por dos librerías grandes, bien surtidas. En una de ellas las novedades de poesía eran recientes y se les dedicaba un buen espacio. Fui a la calle Laurel,  donde los bares  juntos, uno tras otro, resultan irresistibles. No pueden ser más atrayentes. Me tomé algunas tapas regadas con sendas copas de vino joven de la rioja.  !Para eso estaba en el país del vino!
Desayuné en Murrieta, en la cafetería Concordia:  una exquisita tortilla de patata y un cortado en vaso de cristal acampanado. Enfilé con mi mochila a cuestas hasta el parque de San Miguel. Pensé que la mochila tenía demasiadas cosas e hice un paralelismo con la existencia. Me sobraba el libro de 400 páginas de Sebald, un pantalón largo y la mitad del neceser.  Una vez atravesado el parque enfilé, no sin preguntar antes, hacia  el de la Grajera.  Muchos deportistas a pie y en bicicleta, tan abundantes masas haciendo deporte le quitan al camino el encanto de la soledad. Otros peregrinos me adelantaban. Hablaban amigablemente entre ellos. El recorrido,  a medida que te alejabas de Logroño, era cada vez más bello. Llegué al Embalse de la Grajera construido en 1883;  atravesé un pequeño puente de madera donde me detuve apara observar unos barbos amontonados, repugnantes, sacaban la cabeza y abrían la boca como si esperasen que alguien les tirara comida. Había decenas, todos muy gordos nadando en aquella agua turbia. Los patos cohabitaban arrastrándose en la superficie;  las aguas verdosas parecían estancadas. No todos los peces son iguales, como tampoco los pájaros.  Nombrar no designa más que formas.
Después del puente apareció el pantano y el paisaje cambió completamente. La gente que me cruzaba  decía : -Buen camino-. Algunos intentaban acercarse para conversar,  pero yo era reactiva a conversación alguna. ¿En qué pensaba? En nada que no fuera mirar lo que me encontraba. A veces contabilizo el tiempo y me sorprendo de los años que han pasado. Darse cuenta de que la vida es el instante que pasa,  no es una tontería. Las moreras que encontraba me llevaban a moreras de otros días y estaciones, me comí las más negras pensando que era mejor para la salud una mora que un trozo de chorizo y es que la culpa se mete en todas partes. Comía almendras que descascarillaba piedra sobre piedra. Me sentía libre. Marcelino Lobato, un barbudo hombre que tenía un puesto de información en medio del camino, me informó  que el sol siempre debe estar detrás, y que el camino, ante mi pedido de que me informara donde había un lugar para orinar,  me ofrecería lo que necesitase. Bueno, le dije, gracias. Y volví a colocar la mochila sobre mi espalda.




miércoles, 21 de octubre de 2015

Devenir poesía






Yo quería hundirme, clavarme, fijarme,
petrificarme. Yo quería entrar en el
teclado para entrar adentro de la música
para tener una patria.

(Alejandra Pizarnik)

viernes, 16 de octubre de 2015

Camino de Santiago/uno







Acabo de llegar a Logroño. He tenido suerte ya que al internarme en el Casco Viejo, en la calle Bretón de los Herreros, he encontrado una pensión de peregrinos. Entro y subo amplios escalones de madera hasta la segunda planta. No hay ascensor. Pido una habitación para mi sola, me dan la 606, en el cuarto casi todas las paredes consisten en  grandes ventanales con marcos de madera. Es un edificio viejo desde donde veo la calle y oigo el ruido que produce la misma. Cuando llego a estas ciudades del Norte de España, como también Tudela,  Pamplona, Vitoria… hay algo que me resulta muy ajeno, no sé si es la arquitectura y las plazas rectangulares con grandes estatuas en medio , o la gente, que en su mayoría va muy arreglada y parece conocerse toda;  o la desolación de la ciudad a ciertas horas. Por ejemplo a mediodía. De cuatro a seis la ciudad está prácticamente vacía, después vuelven a salir sus habitantes y llenan las terrazas, las calles, los bares. El cielo es azul y de tanto en tanto lo atraviesan espumas de nubes. También las veo desde mi dormitorio que más bien parece el salón de una casa burguesa solo que la estancia es ocupada por dos grandes camas.

Salgo a caminar, la gente pasea agrupada, casi todo son familias, muchos niños correteando, mujeres mayores muy bien vestidas con gestos hieráticos, alguna parece un personaje de novela de Galdós. Voy hasta el Museo de la Rioja, me lo encuentro paseando y entro. Está en la Plaza San Agustín, piedras pulidas, todo está impecable. Se trata de un Palacio que perteneció a Pedro Ruiz, aunque le llamaban La casa de Espartero. Sorprende la fotografía que hay a la entrada de la que fue la mujer del dueño Jacinta Martínez Sicilia. Muy morena, nariz curvada, labios finos, frente amplia, grandes cejas, sonrisa forzada. Una mujer con cara de hombre. Las manos regordetas se ven claramente. Una cara desafiante y desagradable.

El museo te muestra un recorrido muy completo que nace en la prehistoria, lo miro todo sin detenerme, mucha vasija rota, puntas de lanzas que apenas me interesan. Mapas del territorio dibujando la presencia de los primeros “homo sapiens”. Me voy a la sala de la romanización de la zona, y lo mismo, paso sin detenerme apenas. Llego a la de la Edad Media y miro las vírgenes románicas con aspecto de muñecas, sin expresión alguna. Según el museo,  que te va contando la historia de Logroño, en el s. XVI comenzó a ser ciudad de peregrinación y se estableció en el Camino de Santiago. Los retablos no me interesan demasiado, las escenas religiosas me producen hastío. Paso por el renacimiento y el barroco con sus escuelas madrileñas, castellanas y andaluzas, se trata de pinturas de alumnos bien dotados para copiar, sin una pizca de alma. El s. XIX y comienzos del XX son más interesantes gracias a las pinturas que reflejan instantáneas de la sociedad de aquel tiempo. La de una boda interrumpida por una mujer que al parecer tenía un hijo del novio, da cuenta de la injusticia hacia la mujer de clase baja;  otra pintura de un asilo de ancianas con una monja de aspecto severo leyendo la Biblia, en ellas los rostros hablan  por sí solos. Me ha gustado un paisaje primaveral por la luz que emitía. Paso de largo los retratos de la burguesía, petrificadas caras con gesto de pose. Una imagen de mujer joven cubierta con un velo negro me hace pensar en lo siniestro.


Hay una pequeña escultura de San Millan de la Cogolla del s. XV:  La misa de san Gregorio. Es terrible. El sacerdote de espaldas levanta la Eucaristía.  La casulla con la cruz bordada en la espalda ocupa gran parte de la escena. Dos monaguillos, solo se les ve la cara de perfil,  miran arrobados el gesto del obispo. La sumisión de ambos ante el mismo clarifica el papel que la iglesia ha ejercido durante siglos.
Una sala llena de esculturas de santos de tamaño natural irrumpe y me sobrecojo. Tantos santos juntos con caras muy desagradables y gestos amenazantes, me hacen salir de allí sin deleitarme. Es una escena perfecta para una película de terror.  Me detengo ante una Santa Lucía que porta una bandeja donde dos ojos pegados a ella, como dos almejas, me hace sonreír.  Se trata de una talla del año 1580 que pertenece al monasterio de Suso,  en San Millán de la Cogolla.  No quiero seguir mirando tanta talla y tanto santo, así que salgo a la calle abriéndome paso entre desconocidos. Aquí el casco viejo se recorre en poco tiempo;  he ido hasta el puente de hierro que atraviesa el Ebro y he regresado por el puente de piedra, todo ello no me ha llevado más de veinte minutos. Un grupo de mujeres pasea lentamente, están contentas, se detienen, comentan algo y continúan. Me voy hasta la calle Portales donde de repente me encuentro mirando los ventanales de mi habitación desde la esquina. La hostelera ha sellado mi carnet de peregrina. Un golpe seco y una sonrisa. Ya está. El primer sello lo conseguí en Roncesvalles seis años antes.





lunes, 12 de octubre de 2015

Los antiguos domicilios







Cuando comencé a escribir poesía, una vez desbrozado el terreno de las influencias directas, buscaba la manera de ir asentando una personalidad –ahora lo sé- mediante palabras contundentes, de amplio significado y en desuso. Aplicaba,  además,  conceptos que se distanciaban mucho de la lógica del lenguaje, como por ejemplo: “Combar los pezones un poco soberanos no me veta”. O bien: “Llama a la taquicardia emperatriz de su costado”.(En la ducha)


Los antiguos domicilios 
Editorial La Isla de Siltolá

martes, 6 de octubre de 2015

Yolanda I. Garrafa. Un poema



Mis pies apuran las huellas de mi sombra
las palomas caminan mis sandalias

                               Temo volarme de mí

miércoles, 2 de septiembre de 2015

del diario (Montevideo)









Abro la casa donde voy a vivir un tiempo, en el barrio de Pocitos de Montevideo,  y me encuentro con la mejor biblioteca de poesía iberoamericana que he tenido a mano nunca. Pero no solo eso. La luz entra por todas las ventanas y balcones de tal manera que siento que estoy en un sueño y que cada vez que saque un libro del anaquel la realidad vendrá a susurrarme que todo dura un ínfimo momento de tiempo. 
Entro en la habitación donde se guarda la literatura uruguaya, que ocupa varios estantes. Apretados tomos de Armonía Somers próximos a los de Juan Carlos Onetti,  Circe Maia,  Felisberto  Hernández,  Julio Herrera y Reissig;  Juan Cunha cerca de  Ida Vitale y Enrique Fierro, quienes me han prestado este apartamento-biblioteca. Más arriba hay poemarios de Amanda Berenguer, de Benedetti  y antologías. Antologías de principios del siglo XX . Miro la hora pensando que también me apetece pasear entre las arboladas calles de marzo, recién comenzado el otoño austral.  Pero la poesía vuelve a entrar por todas partes al tomar  de la estantería un amarillento tomo con letras en rojo y negro: “Mapa de la Poesía 1939. Los nuevos valores del Uruguay. Anotaciones de Juan M. Filartigas” . Editorial Albatros (no veo el año).

“El Uruguay musical triángulo de tierra, con una ancha onda azul sobre el Plata, y un cordón tierno de agua y de paisaje sobre el Uruguay, (río de los pájaros pintados según imagen guaraní). El Atlántico golpea con puño fuerte en su pecho, y en el Brasil le hace fondo con paisajes de lenta belleza sensual…”  Este recargado y pictórico prólogo acaba dando la lista de los antologados: Julio Laforgue, El Conde Lautréamont, Delmira Agustini, Florencio Sánchez, José Enrique Rodó, Julio Herrera y Reissig, Julio Supervielle, Carlos Reyles, Pedro Leandro Ipuche, Eduardo Fabini, Juana de Ibarborou (entonces tenía en prensa su poemario “La rosa de los vientos”). Me echo sobre el sofá y abro con devoción el grueso tomo de páginas tostadas por el tiempo, de él se cae un díptico del antólogo. Una foto de su rostro en blanco y negro y debajo una fecha : 1929”. Mi padre tenía dos años cuando se publicó.  Dejo el díptico a un lado y recorro “La calle del viento Norte” de Armonía Somers.



jueves, 27 de agosto de 2015

Poética








La poesía no es un ejercicio contra el olvido, todo lo contrario, la poesía exhibe con toda su fuerza la pérdida. Si no se perdiera nada, poco habría que evocar. Dos temas han acudido a mis poemarios siempre, el paso del tiempo y el paso del deseo, desde la conciencia de lo efímero. Hay una novela de Clarice Lispector: La hora de la estrella. Tiene varios títulos: La culpa es mía, o Ella que se apañe, o El derecho al grito, o Clarice Lispector, o En cuanto al futuro, o Ella no sabe gritar, o Una sensación de pédida, o No puedo hacer nada, o Salida discreta por la puerta del fondo. Tengo, como ella, la duda de un título (poética) entre un infinito número de poéticas. La versatilidad de la poesía no me lo permite ya que afortunadamente no es una ciencia exacta. Tener que elegir es un acto extraño y violento porque descartas otras posibilidades. No me escudo en el titubeo, sino en lo ancho y profundo de la certeza.


lunes, 17 de agosto de 2015

Juana Bignozzi, dos poemas

lo vi comprando reproducciones de Renoir
a una edad en la que yo aún no había salido
de la niña de las cerezas en el almanaque de la cocina
cuando ya en la muerte para nada sirve el entendimiento
tantos años después supe que era un desamparado
cuando lo vi comprando esa lámina de la mujer del sombrero.






2
Otra vez nos vi caminando por ese lugar que nunca conoceremos
había libros sucios y viejos y manchados por el suelo
con el nombre de la gente de toda nuestra vida y con mi nombre
y otra vez caminábamos felices tratando de no mancharnos
por ese lugar que tanto conocimos sin saber donde está.

viernes, 14 de agosto de 2015

A Juana Bignozzi, con mi admiración




Me entero de la muerte de Juana Bignozzi en Oporto a través del Facebook, me paraliza pensar en que ya se ha ido, que ya no está Juana. A Juana le agradezco haberme enseñado tanto de poesía argentina. Ella misma una gran poeta. La conocí en 1992;  vivía en un piso de su propiedad en la calle Provenza, cerca del Hospital Clínico, junto a su marido Hugo. Me recibió en su salón con una botella de vino blanco del Penedés muy frío –entonces también tomaba la misma marca y me gustó la coincidencia-. Su aspecto, de mujer grande y con un cabello largo y lacio, y la inconfundible peca en la comisura de su labio, me impresionó. Llegué a ella gracias a la sugerencia del también desaparecido escritor Horacio Vázquez Rial, como una de las mejores conocedoras de la poesía argentina en Barcelona. En efecto, comenzamos a quedar un par de tardes a la semana. Yo llegaba a su casa y bebía con ella el vino blanco que entraba con los poemas que me iba leyendo. Allí conocí la colección de poesía donde publicó la mayor parte de sus libros y que dirigía José Luis Mangieri (Libros de la Tierra Firme). Juana tenía cierta tirria a la prepotencia española, de hecho cuando pudo se fue para Buenos Aires decía que de Barcelona solo echaba de menos el Corte Inglés y las traducciones al italiano. Ella misma fue una excelente traductora. Treinta años vivió en Barcelona ganándose la vida como traductora. No le gustaba la manera de relacionarnos, la encontraba seca y poco afectiva. Decía que en España perdíamos la memoria y no nos consideraba un país muy culto. No quiso nunca leer en público su magnífica poesía. Se fue en 2004 para Buenos Aires, me dejó una colección de poemarios y el vacío de su presencia. Ahora, en la Plaza de la Virreina del barrio barcelonés de Gracia la recuerdo, bajando ambas hacia el desaparecido restaurante Tastavins, donde éramos capaces de pasar casi la tarde entera hablando de poesía. Nadie se ha acordado de ella en Barcelona, tan cubierta de su propia cultura elitista y olvidadiza. 

martes, 28 de julio de 2015

Silvia Castro Méndez (un poema)




Orillas

Pertenecer.
Hacerse uno
indiviso
un enjambre en nosotros.

Nos/otros.

Este río en el medio que no deja.
La amenaza perenne del desborde.

A veces
sobre un puente
alcanzamos los dedos:
fragilidad de isla desde la que tendemos
la ilusión de una dársena.

Y ese yo equidistante,
confuso entre las huellas,
mirando en el espejo plural
donde también respiran
los ausentes,
               
                        allá

donde trazamos
alguna vez
la fuga.

Transeúntes que somos
alertas de otredad
desde cualquier orilla de la ciénaga.

martes, 21 de julio de 2015

Esconderse







Al principio nos escondemos de los demás porque nos parece que su mirada puede dañarnos, luego nos protegemos metiéndonos debajo de la mesa o de la cama porque sus pisadas pueden rodearnos; la tendencia a esconderse nace ya a principios del siglo II a.C. Ademia, que vivía bajo el techo de su progenitor, viendo que una tarde se acercaban varios soldados a caballo hacia su casa, cerró la puerta de golpe y se fue corriendo hasta el gineceo donde también estaban sus hermanas y su madre. Vio pasar a los fornidos hombres desdibujándose en una lejanía de viñas. Se  los imaginó arrasando la cabaña de su maestro, un sabio que se entusiasmaba solo si los pájaros cantaban con sus diferentes trinos al unísono.




viernes, 17 de julio de 2015

Estampas Barcelonesas




 ESTAMPAS BARCELONESAS

Se apeó del autobús en Vía Layetana. Bajó hasta Correos caminando. Solo unos metros. La puesta de sol se veía abriendo un haz de luz en la estrecha calle. Apenas cuatro metros de ancha y alzar la vista para ver un par de nubes enrojecidas, hinchadas. Un escaparate de pasteles, otro de electrodomésticos. Caminó hasta Avignon y se detuvo ante el quiosco de prensa. Titulares que noticiaban catástrofes y corrupciones diversas. Un zapatero escuchaba la radio en su minúsculo local. Giró por la plaza George Orwell. Un establecimiento que exhibía en el escaparate comidas marroquís. Un par de jóvenes dentro, comprando. La tienda de ropa juvenil. Una discoteca que exhibe un cartel con las canciones heavy metal más demandadas. El fondo es rojo y está lleno de taburetes. Caminaba deprisa. Una bodega llena de botellas. Un pakistaní hablando con un colega. Un hotel de dos estrellas. Las Ramblas. Un gentío hacia arriba que se cruza con otro que dirige su marcha hacia abajo. La sensación de que no la conocía nadie. Respiró. El cielo se hizo más amplio. La terraza del Café de la Ópera. Gentes de otros lugares tomando cervezas en grandes copas. Titulares de prensa. Un limpiabotas sin cliente. Algarabía. Automóviles que se detienen en el semáforo. Ciclistas atravesando la calle mirando cuidadosamente a los peatones. Tres caricaturistas ocupados en reproducir la imagen del cliente que se había sentado para que le dibujen sus rasgos. Un grupo de árabes. Dos mujeres con pantalón corto exhibiendo unas pecheras impresionantes. Cuatro travestis. Una mujer fotografiándolo todo. Un bar de tapas en la calle Hospital esquina Ramblas. Un garaje con tres plantas subterráneas. La vida. Calle Nou de la Rambla. Una tienda de vestidos de novia. No hay de novios. Otra de ropa interior. Un nuevo hotel de tres estrellas. Obras en la fachada de un edificio. El barrio se regenera. Una galería de arte. Una tienda de productos exóticos. El barrio se va regenerando. Una inmobiliaria. Tres metros más allá, en la otra acera, otra inmobiliaria. Un apartamento de treinta y cinco metros cuadrados más treinta de terraza cuesta. Seis mil euros el metro cuadrado, incluidos los que dan al vacío. Una tienda de ropa interior sexy. Calle San Ramón. Varias mujeres jóvenes paseando de arriba abajo. Algunas apostadas en la esquina. Más allá la Filmoteca. Otras, con tipos de aspecto sucio a su lado. El paisaje, pensaba ella, realmente había cambiado. Unos años antes también había mujeres en esa calle. Más viejas, alcohólicas, gordas. Sin duda los clientes salieron ganando. La migración, hermosa palabra, trajo un aire nuevo. Jóvenes hermosas. Hermosas jóvenes rubias con acentos extranjeros. El barrio, sin duda, se estaba regenerando. La farmacia cerrada en la esquina con Sant Pau. Aquel edificio envejecido y sucio. Hermoso y extraño en aquella ciudad con aires tan mundanos. La portería putrefacta. La esquina resquebrajada. Era algo raro en una ciudad con tanta inmobiliaria. ¿O no? Quedaba algo de aquel pasado que no quería ser todavía derribado. Se habían ido las prostitutas mayores dejando paso a aquellas preciosidades vulnerables. La tienda de pollos asados. Cuántos huevos blancos en el escaparate. ¿Serían todavía comestibles? El restaurante caro, en medio de una tienda de pakistanís y una droguería que todavía exhibía en su escaparate herramientas del pasado siglo. Una anciana con pelos en la punta de la nariz. ¿Una bruja? No, una ciudadana con pensión de doscientos cincuenta euros. El recuerdo de una película rodada en el barrio. Lo enorme acontece grande. Lo diminuto, irreal. Se sentó. Buscó entre las tapas del bar gallego unos callos. El camarero estaba mal peinado. Digamos que se parecía a un hombre que se acababa de levantar tras una gran pelea. No era precisamente la imagen de un hombre pulido. Los puso en el microondas en un plato de porcelana blanca. Algo de grasa no se había diluido. Pinchó con el tenedor un amarillento callo. Apartó dos garbanzos. Miró a través de la cristalera manchada hacia su balcón. Por fortuna no había llovido y su ropa se bamboleaba enorme, acaparadora.


jueves, 16 de julio de 2015

de Árboles que ya florecerán



La edad son goznes
mirar hacia abajo
ver un fondo donde ardes,
sentimientos de pena
para alcanzar algo mejorable
sin que se sepa definir
esto de aquello, y lo otro,
no cabe así. El día bruto
la luz era maléfica
una religión era necesaria.
Voy a mi extremo
que no tuviera miedo de la noche
ni de repetir la escena.
Desvié mis ojos hacia la cama
no estaba yo tampoco. Treinta años
condensados en el gesto
indefinible, cercano, inalcanzable,
enroscando la cafetera
junto a ningún ser aquí cerca.
Sólo tus muslos húmedos
alcanzan un arco de 48 horas
sin determinar bien
qué emoción antecede a otra
o cuál es el lugar
donde poner las manos ahora.
Tus muslos ardían
dentro del arco
en el que me muevo a tientas,
regalo del tiempo, el acto,
alguien me lo dio todo
en una pensión. La botella
la lámpara, la colcha verde,
recuerdo eso y la luz recogida
tras las cortinas, recuerdo eso,
la televisión, un sutil movimiento
para entrar en cavernas de ansia,
y el trabajo de los días,
de los años, de lo prieto.
Que el amor perdure -decías-
largo instante inscrito aquí
y ahora mismo
en la divisibilidad.
Parece ser que se origina
lo perdurable en el instante
dispersando el escalofrío.
Yo, para ti, tú, para mí.
Resplandor y música
alguien golpeó la pared.



viernes, 10 de julio de 2015

del diario (Tánger)







Todas las cosas están ocultas en sus opuestos –la ganancia en la pérdida, el don en la negativa, el honor en la humillación, la riqueza en la pobreza, la fuerza en la debilidad, la abundancia en la escasez, la elevación en el rebajamiento, la vida en la muerte, la victoria en la derrota, el poder en la impotencia y así sucesivamente-. Por lo tanto, si un hombre desea encontrar, que se conforme con perder; si desea un don, que se contente con una negativa; si desea el honor, debe aceptar la humillación;  y el que desea la riqueza debe satisfacerse con la pobreza; que el que desea ser fuerte se contente con la debilidad; que el que desea la abundancia se resigne con la escasez; el que desea elevarse debe dejar que lo rebajen; el que desea la vida debe aceptar la muerte; el que desea conquistar debe contentarse con la impotencia…
Una ciudad humana, es decir, una ciudad capaz de responder a todas las necesidades fundamentales del hombre: físicas, afectivas y espirituales. La ciudad islámica clásica contienes valiosas enseñanzas. (Titus Burgkhardt)

viernes, 3 de julio de 2015

Momento en Junio







MOMENTO EN JUNIO

Se van.
Hacen cloc clac, como si chocaran.
Crujen dentro y fuera del agua,
están en otra parte: vuelan.
No hay números infinitos
sólo los que dividen unidades.
Mi mejor chaqueta para el espectáculo.
Tú estabas más vieja. No es la edad,
sino las señales. ¿Averiguaste dónde
en qué lugar se forman?
Una dentro de otra, como gemelas,
son agujeros en una vida llana
que pretende altibajos sin emociones.
Parecías una laguna sin vida interior
cuyas ondas te daban un semblante
de ninfa poco aureolada.
Yo me convertí en la pesadilla
y hacía ruido cuando me movía,
hacía clong-clong, y se alejaba
todo lo que tenía ganas de acercarse.
Formé una ladera de restos
como cuando subes a una loma
y encuentras una incineradora de basura
cuyas cimas se dibujan
porque varias gaviotas te inquietan
alineadas sobre los plásticos.
Recordé cómo llegué aquí
y mis pies crecieron. Cómo
no haber llegado. Me fui acercando
a un presente que estuvo presente.

(de Cuántas Llaves, 1998)

viernes, 26 de junio de 2015

del diario









Dice Pascal Quignard que llama retórica especulativa a la tradición letrada antifilosófica que recorre toda la historia occidental desde la invención de la filosofía y fecha su advenimiento teórico en Roma, en el año 139, añadiendo que su teórico fue Marco Cornelio Frontón. Dice que Frontón afirmaba que el arte de las imágenes es comparable en el lenguaje con el sueño, por el papel que cumple en la actividad diurna. El mundo es en el tiempo un torrente acrecentado por una tormenta, que se arrastra a sí mismo y que lo arrastra todo, la lluvia de los seres no se interrumpe. Todo desemboca en la noche. La percepción de las imágenes nos atrae para devolvernos espacios repetidos en la memoria que nos deja un rastro de recuerdos. Frontón afirma que los argumentos de los filósofos no son más que chasquidos de la lengua, porque demuestran sin imágenes. Las palabras ligadas entre sí son la poesía productora de imágenes. Detenerse ante una estación de autobuses que te sorprende porque no la esperabas encontrar, produce una imagen de otra ciudad y otro tiempo, demostrando así que la percepción de lugares similares en cualquier lugar hace que nos sintamos en el mismo punto desde un ángulo poético. Si lo que nos atraviesa al pasar por la estación de autobús es un hambre de pensamiento, retrocederemos intentando comprender por qué no estás donde estuviste. 

miércoles, 24 de junio de 2015

de Cuántas LLaves







VISIÓN


Nada es más molesto que oír el agua de un grifo
en una noche de insomnio. Salen salamandras
de las rendijas de las cloacas y el resto de la espuma
de quien se cepilló los dientes se mezcla en el agua
de una cañería. El agua de los conductos de toda una ciudad
con restos de saliva se va al mar esta noche.
Vivo cerca de la desembocadura, sé que ayer
estuviste aquí y me asomo a la ventana
imaginándome el agua con la que te enjuagaste

en una ola.

(Cuántas Llaves, 1998)

sábado, 20 de junio de 2015

Pascal Quignard





Mi vida, si hubiese dependido de la felicidad y del reconocimiento, hubiera estado privada de los únicos valores que yo le concedía: la imprevisibilidad de los días, la violencia del alma, los deseos que se mantienen apartados del mundo, el estremecimiento del lenguaje silencioso, la independencia feroz, una zona más celosa, más susceptible y más inaccesible aún que la libertad.

jueves, 11 de junio de 2015

Estoy en Piriápolis






Estoy en Piriápolis
vacía de sentimientos,
dejé mi relación
de ocho meses
muy atrás, luego vino
otra, fueron todas tan
absurdas. Amar no se pudo.
Creímos que la
característica fundamental
de la soledad
radicaba en el hecho
de que
ante la posibilidad
de tomar una dirección
y sentir un instante de
este mundo
no se dividiese tanto
el techo que nos cubre.
El techo que una vez
se descorrió y vimos
todo lo que existe


(El día anterior al momento de quererle)

domingo, 7 de junio de 2015

El olvido







Atónita habla de ahondarse
y rápida vigila la manta
como si ebullición fuese
ser solo pauta o inverosímil
temporalidad.



(Desdén, 1990)

sábado, 23 de mayo de 2015

Alfabeto (Inger Christensen)






Mientras escucho un cedé de sonidos de pájaros para  sobrellevar  el ruido de la  ciudad que llega tras la ventana, abro el poemario de Inger Christensen recordando su afable rostro sonriente en Barcelona,  hace ya unos cuantos años. Recuerdo su cuerpo menudo y su potente voz enunciando sus acompasados versos. Entonces ella  tenía  cincuenta y siete años. Nació en Vejle, Dinamarca en 1935, y murió en 2009 en Copenhague. Su obra es considerada cumbre de la poesía danesa. Ha sido candidata al premio Nobel. Traducida a más de treinta lenguas,  recibió  numerosos premios, entre ellos el Premio Nórdico de la Academia Sueca. La editorial Sexto Piso inaugura colección de poesía,  y lo hace editando Alfabeto, que todavía no había sido traducido al castellano.
Según Octavio Paz, la poesía moderna se mueve entre dos polos, que él llama lo mágico y lo revolucionario. Lo mágico consiste en un deseo de regresar a la naturaleza mediante la disolución de la conciencia de uno mismo, que nos separa de ella. Lo revolucionario exige “la conquista del mundo histórico y de la naturaleza. Ambos fundamentos convergen en la poesía de la poeta danesa.
Alfabeto es uno de los libros esenciales de la poesía europea del S. XX. Se trata de un largo poema inspirado en las reglas que rigen la naturaleza y las matemáticas (era profesora de matemáticas). “Las proporciones numéricas están en la naturaleza, como la forma en que un puerro se envuelve a sí mismo desde dentro”, dijo al publicar Alphabet en 1981. Se basó en dos principios de composición. El primero es la secuencia de Fibonacci. El primer poema de la serie tiene un verso, el segundo dos, el tercero tres, el cuarto, cinco, y así sucesivamente. El segundo es el alfabeto. Cada poema y las palabras que utiliza, sigue el orden de las letras: a, b, c, d, e. Sin embargo, bajo esa forma aparentemente estricta, hay lugar para el azar. La autora emprende un viaje paradisíaco, donde poeta y lenguaje se fundan en unión. La lógica,  en el poema no existe. Solo aquello que ocurre en la poliédrica dimensión de la realidad. Hay algo extraordinario/ en la manera en que las palomas/ viven mi vida/ como una evidencia”.
La cadencia con su fuerza enumeradora dotan a la obra de una estructura sistemática que abre la conciencia de quien lo lee por todos lados. El poema parece estar escrito desde la cocina de su casa, una casa rodeada de árboles en cuyo exterior los animales, las plantas, el movimiento de las nubes, en fin, todo lo que existe porque lo vemos deja una evanescente impresión de visibilidad de lo invisible. El paso del tiempo sin que nadie se aferre al su detención melancólica, se mueve con una asombrosa precisión en el nombrar constante de todo lo que existe. Sentimos el oído, la voz, el olfato, el tacto, miramos con la lectura pero el poema se va introduciendo como una música lejana que envuelve y acerca su melodía hasta inundarte. Para Christensen, el lenguaje es directa emanación de la naturaleza, y los primeros versos de Alfabeto parecen brotar de la misma: Los albaricoqueros existen, los albaricoqueros existen. Es su ojo quien nombra y quien mira: los helechos existen; y zarzamoras, zarzamoras/ y bromo existen; y el hidrógeno, el hidrógeno. El hidrógeno que posibilita que la bomba de cobalto exista, y que exista el poder destructivo del odio, pero también existen los niños que aseguran la continuidad del alfabeto, del mundo: Como si alguien hubiese/ juntado el tiempo/ y lo hubiese empujado/ a través de la puerta de/ una habitación”. Sin la traducción excelente de Francisco J. Uriz, que ha hecho concondar el vocabulario danés con el castellano respetando los 386 versos que forman Alfabeto.


Traducción de Francisco J. Uriz
Poesía Sexto Piso, Madrid 2014


sábado, 9 de mayo de 2015

Paraíso perdido



Si, si el recuerdo, gracias al olvido, no ha podido contraer ningún lazo, echar ningún eslabón entre él y el minuto presente; si ha permanecido en su lugar, en su fecha; si ha guardado las distancias, el aislamiento en el seno de un valle o en la punta de un monte, nos hace respirar de pronto un aire nuevo, precisamente porque es un aire que respiramos en otro tiempo, ese aire más puro que los poetas han intentado en vano hacer reinar en el paraíso y que solo podría dar esa sensación profunda de renovación si lo hubiéramos respirado ya, pues los verdaderos paraísos, son los paraísos que hemos perdido.

Marcel Proust

sábado, 2 de mayo de 2015

Ella 4







La realidad se aposenta en el hueco
donde no cabía nada. Pan.
Manos que lo hacen. Cuerpo que se enreda
asfixiando el sentimiento
de otro. Bien pensante ojo.
Nariz poderosa. Un día entero.
Dos días completos. La vida.

Resplandores en el temor.

martes, 28 de abril de 2015

Vidas secas (del diario, 1985)






20 de mayo

La soledad que yo siento nace del desasosiego, de una honda tristeza hundida. En mi caso no tiene pasado, es gratuita;  esta desazón supongo que debe hilarse con algo parecido a una ausencia, pero no es algo concreto, esa ausencia no existe en presencia, es irreal. Se perpetúa en mí solamente;  rellena ese hueco que  no puede llenar nadie:  es una extraña ausencia.

miércoles, 22 de abril de 2015

Lo de ella



15
Lo de ella me aprieta
corro hacia el escondite
merienda y casa revisitada.
Una niña.
Aquella prenda aquí.



(Editorial Icaria, 2003)

miércoles, 15 de abril de 2015

Ana Cristina César







Fotografiando

Hoy estas delicias de lo banal me recuerdan
cuando yo te amaba en la distancia -
trote galope de dos caballos por mata
abro el libro de los deberes muy rápido
sacudo las hojas desde lo alto de la cabeza
y cae un anuncio, manía de secretear
"aquel día..."
Relampagueé.

martes, 7 de abril de 2015

de Los antiguos domicilios (inédito)



¿Y si todo estuviese,  en realidad,  en mí? Como si mi cuerpo,  en su volumen,  pudiese ser dividido de fuera hacia adentro y en cada segmento habría un sentido de la percepción más rotundo, más ¿completo? Ahora vivo con un fragmento de esa división y a veces siento que otra parte de mí sabe cosas que solo se pueden discernir si las imagino. Por ejemplo, que estoy viva y muerta, que soy árbol y cielo, que puedo percibir lo que pasó mañana.




domingo, 29 de marzo de 2015

Flores mías que nunca las he visto (Song Kiwon)



Flor de melocotón japonés

Una mujer, en edad prematura para ser madre
da a luz a un hijo sin padre.
Hijo y madre pierden el conocimiento.
Durante tres o cuatro años deambulan por aldeas desconocidas
y hoy se han acurrucado bajo un muro de sol
y ella le da de mamar a una sucia muñeca.
El calor del tenue rayo de luz de febrero cubre a la madre
en la rama del árbol de melocotón japonés que traspasa el muro,
y, como por casualidad,
brotan ahora unas cuantas flores.



(Trad. Kim Un Kyung / Revisión: Oliverio Coelho)

viernes, 13 de marzo de 2015

Exceso de fugas




He salido del cine pensativa. En la sala había mucha gente uruguaya residente en Barcelona interesada en un  ciclo sobre el cine de su país, que también siento como mío. La presentadora hablaba de los lazos entre Uruguay y Cataluña. A mi lado se ha sentado una pareja heterosexual que hablaba en catalán. Me ha parecido que él era uruguayo. La película era más bien triste, aunque muy interesante. La ternura que ha despertado un transexual contrastaba con la violencia del guardián del orden en la población de Rivera. Provincia adentro la vida bullía, como en todas partes. Hay varias maneras de sentir amor, pero pocas de darle salida. Vamos a imaginarnos un tubo atascado de unos cincuenta centímetros. Las paredes del mismo están agujereadas y además del atasco hay fugas. En una fuga alguien siente que se escapa su tiempo recordando la muerte prematura de un hijo y por allí sale ese amor. Desde otro orificio alguien está convencido de que dios está en todas partes, y por allí sale ese fluido. Desde otro el transexual se pinta los labios y se atusa el pelo mientras piensa en ese hombre del que se ha enamorado, y suspira. Desde otro una mujer espera en la carretera oscura que el coche que avanza se detenga. La obstrucción parece generarse por el exceso de fugas. 

jueves, 5 de marzo de 2015

Animales pequeños (Luciana A. Mellado)



Hay un temblor doble hacia dentro y hacia afuera, sístole y diástole, ritmo que late e interroga. Hacia dentro un mar con sirenas que se preñan de preguntas. Hacia afuera unos pocos signos que hablan de ese "nosotros" en que andamos, esa pluralidad de la piel, voces o lenguas que habitan esa lengua y aún debemos desvelar (Jorge Spíndola)







Amapola es un día de viento

¿Abuela, qué es una amapola?

Una flor así de alta.

Nosotros teníamos amapolas
en nuestra casa.

Muchas.

Rojas y negras.

¿Qué cura la amapola?

No sé.

Es aterciopelada
y tiene muchas ramas.

Así de altas eran las amapolas
de mi casa.
mirá.

(del libro Animales pequeños, Ed. La Carta de Oliver, Re. Argentina)

sábado, 28 de febrero de 2015

Poema en Maldonado







Más abajo está la llave
cuando llegues al apartamento
ves al contador de la luz y busca
la factura del mes de abril
allí está el poema
tuve la sospecha de que
lo ibas a hacer desaparecer
pero los encuentros no se producen
varias veces (fue que) yo no (quise) quería
la alfombra se desenrolla

y entras.

C.G.

martes, 24 de febrero de 2015

Sobre poesía






Acabo de recibir un libro de poemas. Lo abro y me encuentro con unos versos que resuenan en otros libros, sin embargo, abren un nuevo recorrido con las palabras. Pienso que cuando no haya poesía,  yo ya no estaré. Tampoco quien me ha enviado el libro, ni los que comienzan a escribir sus primeros versos, ni quienes quieren publicar su segundo libro encontrándose con la puerta cerrada de las editoriales. No estaremos aquí. La vanagloria y la gloria que conducen al conflicto y a la discordia, ya no será sentida por ninguno, y el deseo de ser amados, se evanecerá en los rojos cielos del olvido. Solo tenemos, como escribió Kavafis, la posibilidad de no envilecernos mientras estemos por estos mundos.


miércoles, 18 de febrero de 2015

Conjuro




Que la similitud entre lo que miro al detenerme ante ellos y un estado de ánimo que recorre un año entero de grietas, no detenga el aire que entra por las rejillas. Que lo que nos ilusionó un día al tomar los papeles para que la letra repitiese su son de alma perdida, no acabe convirtiéndose en los poemas fechados de las famas asesinas. 

domingo, 15 de febrero de 2015

Ildefonso Rodríguez (2 poemas)








Filtrado

Un rayo de luz
traspasó el vaso de agua
fue filtrado, mínima
derivación de la transparencia
un pensamiento negro

sucede ya
varias veces al día.



Una sortija

Para llamar a los alejados
una sortija en el dedo anular
canta un grillo en su celosía
hace cri cri cri cri
ya vuelven los seres perdidos.




(Inestables, intermedios) Eolas ediciones.