viernes, 14 de agosto de 2015

A Juana Bignozzi, con mi admiración




Me entero de la muerte de Juana Bignozzi en Oporto a través del Facebook, me paraliza pensar en que ya se ha ido, que ya no está Juana. A Juana le agradezco haberme enseñado tanto de poesía argentina. Ella misma una gran poeta. La conocí en 1992;  vivía en un piso de su propiedad en la calle Provenza, cerca del Hospital Clínico, junto a su marido Hugo. Me recibió en su salón con una botella de vino blanco del Penedés muy frío –entonces también tomaba la misma marca y me gustó la coincidencia-. Su aspecto, de mujer grande y con un cabello largo y lacio, y la inconfundible peca en la comisura de su labio, me impresionó. Llegué a ella gracias a la sugerencia del también desaparecido escritor Horacio Vázquez Rial, como una de las mejores conocedoras de la poesía argentina en Barcelona. En efecto, comenzamos a quedar un par de tardes a la semana. Yo llegaba a su casa y bebía con ella el vino blanco que entraba con los poemas que me iba leyendo. Allí conocí la colección de poesía donde publicó la mayor parte de sus libros y que dirigía José Luis Mangieri (Libros de la Tierra Firme). Juana tenía cierta tirria a la prepotencia española, de hecho cuando pudo se fue para Buenos Aires decía que de Barcelona solo echaba de menos el Corte Inglés y las traducciones al italiano. Ella misma fue una excelente traductora. Treinta años vivió en Barcelona ganándose la vida como traductora. No le gustaba la manera de relacionarnos, la encontraba seca y poco afectiva. Decía que en España perdíamos la memoria y no nos consideraba un país muy culto. No quiso nunca leer en público su magnífica poesía. Se fue en 2004 para Buenos Aires, me dejó una colección de poemarios y el vacío de su presencia. Ahora, en la Plaza de la Virreina del barrio barcelonés de Gracia la recuerdo, bajando ambas hacia el desaparecido restaurante Tastavins, donde éramos capaces de pasar casi la tarde entera hablando de poesía. Nadie se ha acordado de ella en Barcelona, tan cubierta de su propia cultura elitista y olvidadiza. 

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