martes, 5 de enero de 2016

En el grosor del cielo




Salimos de Burguete a las cuatro de la tarde más o menos. Siempre comienzo los viajes pensando que soy una pasajera ajena al suceso. Luego nos detuvimos en un pequeño comercio que despachaba bebidas frescas, como hacía calor y frío a la vez nos vimos obligados a tomar una bebida semi-fría con un espesor burbujeante que recordaba a la Cocacola de los años sesenta. Más allá,  la ruta seguía. Conduje hasta un pueblo llamado Andugarín en el que había un hermoso sendero lleno de árboles que no dejaban sombra. Me fijé en una mujer caminando, iba vestida del color de un árbol; parecía un mismo paisaje que se reflejaba en el grosor del cielo.

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