viernes, 8 de julio de 2016

Patagonia: Las aldeas y los mundos en la poesía contemporánea.





En la Sala Maria Aurelia Campmany, del Pati Llimona (Barcelona), dictó su conferencia –magistral, sin necesidad de un solo papel-, Luciana Tani Mellado bajo el título inspirado en José Martí:  “Las aldeas y los mundos en la poesía contemporánea de la Patagonia”. Era viernes, 1 de julio, unas 18 personas, entre ellas bastantes caras conocidas.
La profesora, acompañada de su compañero y profesor Andy Maldonado, comenzó hablando del paisaje patagónico que es donde ella vive, en Comodoro Rivadavia, frente al Atlántico: la meseta asciende pero se achata, no hay grandes diferencias en las alturas. Habló de Pigafetta, que en 1520 nombró por primera vez la Patagonia y dijo que ese mito hiperbólico no es falso del todo. Los patagónicos eran hombres muy grandes y cuando los europeos los vieron se sorprendieron del tamaño de sus pies. Esa es una de las leyendas. Hay más.
A 380 kilómetros se halla la población más cercana de su ciudad: la ciudad de Trelew.  En medio no hay nada. Sí que hay. Hay cielo, tierra,  seres vivos, pero no hay gente. Dijo que la poesía es un modo de mirar desautomatizado, que en la Patagonia el campo de la mirada es relevante, que la mirada desnaturaliza. Habló de Edward Said, autor de Orientalismo, el escritor palestino decía que la poesía es la patria de la afiliación. Tani habló de la diferencia entre filiación: yo soy de aquí, tengo estos ojos, y soy hombre o mujer, la filiación nadie la elige. La afiliación sí.  Tani y yo nos hemos afiliado por la poesía, nos hemos elegido. Hacemos puentes. Habló no solo del espacio en la Patagonia, ese espacio vacío e infinito. Pero vacío ¿de qué?  No tan vacío. Mencionó el poema de Juan Carlos Moisés:

EL QUERIDO

Según el último censo 
nacional,
mi pueblito, el querido,
el natal, tiene más o menos la misma 
cantidad de habitantes 
que cuarenta años atrás; 
eso porque no contaron árboles, 
sueños, pajaritos, nubes, aguaceros, 
todo lo que respira
y queda para siempre.


Después del poema, la profesora abrió la extensión a lo temporal. Lo importante que es el prestar atención al tiempo en la Patagonia. No por el horror al vacío, sino porque se tiene más tiempo. La imaginación puebla con más intensidad la mirada de imágenes de la Patagonia, donde no hay casi gente. ¿Quién dijo que el viento mueve cosas invisibles? Habló de los poetas: de Graciela Cros, de Maky Corbalán, de Juan Carlos Moisés, de Julio Leite, de Liliana Ancalao, mapuche, a quien le robaron la lengua, tuvo que aprenderla de mayor.  Habló de José Martí, en el libro  Nuestra América "cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea". De la metáfora del embudo inventada por el poeta residente en Tierra del Fuego Julio José Leite mencionó su idea: “Nosotros,  en el sur del sur miramos con la parte más estrecha del embudo y la vista es panorámica, quienes miran desde la parte más ancha contemplan una vista focalizada y disminuida, así son quienes piensan que su aldea es lo mejor del mundo”.
La poesía es un domicilio existencial, no solo la poesía, sino quienes creemos en ello. Por eso nos desplazamos. Qué necesidad tenemos de ir de aquí para allá, esos son nuestros domicilios.
Le gusta el concepto de Deleuze: lengua menor. Somos hablantes en una lengua menor. Graciela Cros toma voces de otros lugares, se contagia, es etnolingüística:

Mi hija escribió que yo nací en el huevo de un río
y por eso soy un pez.
Para mi padre era un caracol
entonces debo ser lo que él creía
porque el huevo vino de él.
Sin embargo, mi hija dice que también fui yegua
y que siéndolo parí un hijo de algodón
y a otro que está loco y lejos (…)

Maky Corbalán escribía desde dentro del huevo.  Liliana Campazzo con el cuerpo. Miradas que van de lo máximo a lo mínimo. La exagerada cercanía distorsiona la mirada por eso el aprendizaje de las distancias nos amplía la conciencia;  no es lo mismo la vista focal que la panorámica. Cuando uno solo ve su tierra, su ombligo, su yo, está focalizando demasiado. Rodolfo Kusch, filósofo argentino, investigador del pensamiento indígena y precolombino –no tienen otra palabra para precolombino, decía Tani-, arguyendo la enorme uniformidad que pone la etiqueta a culturas tan diferentes. Kurch y Arlt, los grandes cronistas argentinos del expolio que se hizo con los indios primero, y con los obreros después. Mencionó la película que narra los hechos acontecidos en Trelew en 1972, el asesinato de dieciséis obreros presos en la cárcel de Rawson. (En youtube se puede ver la película La Patagonia Rebelde). La Patagonia no es solo una marca, claro está, la Patagonia está cubierta de una sangrienta historia.
La campaña del desierto del general Roca, ministro de guerra de Avellaneda, provocó el exterminio de los habitantes originarios entre 1879 y 1884. Hace tiempo que la población de General Roca no quiere que su ciudad tenga el nombre de un genocida y piden que se nomine como antes: Fiske Menuco.  Todo eso es lo que también late en la Patagonia. Quieren que no haya calles con ese nombre.
Tani nos recordó que fueron los ingleses quienes colonizaron aquellas tierras con la invasión de ovejas, los territorializaron, por eso no tienen plazas donde haya una iglesia y  ayuntamiento, al estilo español. En el norte argentino sí las hay. En la Patagonia no; además,  en Comodoro el viento te arrastra. Tani ha sentido en Barcelona que el rodillo compresor del turismo, aniquilador y devorador, cada vez hay más turistas, es otra manera de colonizar, aunque sea la mayor fuente de ingresos para la ciudad.
Para llegar hasta el Pati Llimona, en pleno barrio gótico, atravesamos ríos de gente, sobre todo, turistas;  pero la gente no entra en las salas de conferencias. No se es más rico por tener más dinero. En Comodoro, donde el petróleo sale en algunas viviendas de los conductos de las tuberías, explotan a los petroleros. Se gastan el dinero en grandes televisiones, y otros objetos de consumo, beben mucho, hay mucha prostitución, todo queda en la casa del amo. No se invierte en escuelas ni en cultura, para qué.  Mapudungun es la lengua de los mapuches, que quiere decir lengua de la tierra. En el sur de Chile se habla más mapuche porque no los exterminaron con la misma saña. Hay producciones de poesía en su lengua, la lengua de la tierra y el imaginario es opuesto al nuestro. La naturaleza está más presente y el yo ni se nombra. Es la mirada, sobre todo, la mirada la que hace confluir los mundos poéticos. La que hace sentir extrañamiento, como si vieses las cosas por primera vez.



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