lunes, 4 de julio de 2016

Reseña de poetisas del 27 (1999)






En el número de Insula que dedicó a la “Mujeres del 27” en mayo de 1993,  Emilio Miró anunciaba la revisión y revalorización de las poetas de dicha generación: Ernestina de Champourcín (Vitoria, 1905) , Josefina de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria, 1907),  Concha Méndez (Madrid, 1898), Carmen Conde (Cartagena, 1907) y Rosa Chacel (Valladolid, 1899) ya estaba en marcha. Y así ha sido. El mismo estudioso se ha encargado de prologar y seleccionar los poemas de las poetas mencionadas en una edición que estaba haciendo bastante falta desde varios puntos de vista. Que sea otra vez  un tomo dedicado sólo a las mujeres sigue pareciéndome necesario, y no nos queda más remedio que aceptar y elogiar la publicación de estos trabajos. Se trata de la Antología de poetisas del 27, editada por Castalia en 1999.

La introducción de Emilio Miró es valiosa en cuanto a la información que nos ofrece. Primero presenta al grupo de ocho poetas que han constituido la generación del 27 (todos varones) y después pone en cuestión el concepto de generación -demasiado restrictivo- ante el de grupo -mucho más específico-. Nos explica que Gerardo Diego en la segunda edición de su Antología de 1934 incluyó a dos poetas mujeres: Ernestina de Champourcín y Josefina de la Torre, y no precisamente para cubrir la cuota femenina pues en ningún momento hizo el poeta y académico distingos entre unos y otras: “mi selección no era un capricho mío personal, sino un acuerdo, conformidad casi exacta en el gusto de la mayoría de los dieciséis poetas consultados por mí” (y todavía hoy algún crítico dice que crear una sección femenina del grupo es un despropósito). A continuación repasa las ediciones de diversas antologías para constatar que en la mayoría las mujeres han sido excluidas o mencionadas por mera cortesía  -por ejemplo en el tomo VI de Historia de la Literatura Española de Valbuena Prat, el antólogo justificaba la inclusión de algunas poetas solamente por galantería-  Como dice Miró, más que un acto justiciero aquello fue un requiebro.

Como grupo, las poetas del 27, compartieron varias experiencias similares. En las décadas de 1920 y 1930 publicaron o escribieron sus primeros libros todas ellas, excepto Rosa Chacel que hasta 1936 fue autora de un sólo libro de poemas A la orilla de un pozo. Los orígenes familiares de todas pertenecieron a la clase media, burguesía y alta burguesía;  ninguna tuvo titulación universitaria -como era normal en las mujeres de su generación-. Rosa Chacel fue casi autodidacta; Josefina de la Torre se formó sobre todo con la música y la interpretación teatral, y confiesa Concha Méndez en el primer capítulo de sus Memorias. “A nosotras, las niñas, nos enseñaban en la escuela materias distintas a las que aprendían los niños; a ellos les preparaban para que después siguieran estudios superiores; nosotras, en cambio, recibíamos cursos de aseo, economía doméstica, y otras cosas que nos harían pasar de colegialas a esposas”.  Además todas contrajeron matrimonio con artistas o escritores. Concha Méndez fue la más viajera y cosmopolita -novia durante más de seis años de Buñuel y esposa después de Atolaguirre- escribió sus primeros poemas gracias a los consejos de García Lorca. Hoy, sus poemas urbanos y de paisajes cuyo correlato es el propio estado de ánimo de la autora, no han perdido actualidad para el lector por el dominio de la técnica reflejado en metros cortos o en romances en hetpasílabos o alejandrinos. Se descubre que a medida que pasa el tiempo la poesía de Concha Méndez se parece más a una autobiografía marcada por el desgarro emocional.


El yo en todas estas poetas ocupa un papel fundamental. Quizás los sonetos de Rosa Chacel hoy se nos antojan un tanto encorsetados, pero su fidelidad por el arte clásico y su pensamiento siempre en constante revisión han hecho que su poesía sea una tensa y rigurosa exploración intelectual. Chacel durante casi medio siglo se negó a reunir en un volumen sus poemas “... me queda por decir que todavía en cierto modo reaccioné contra el clasicismo de mis versos. Comprendí que el rigor de la forma me encadenaba”. Queda por descubrir la faceta más vanguardista de Ernestina de Champourcín -tan injustamente tratada-, devota durante toda su vida de la obra de Juan Ramón Jiménez. Su primer libro, de sesgo modernista, dio paso a otros poemarios (más de quince) el último publicado seis años antes de su muerte, en febrero de este año, en los que buscaba su propia voz. El estudioso de su obra,  José Angel Ascunce,  dice “La poesía de Ernestina desvela una temática amorosa que engloba la totalidad del ser (...) el sujeto frente a sí mismo y el sujeto frente a lo otro”. Quizás su postura antifeminista y el componente religioso de su obra no hayan actuado muy en su favor para una profunda revisión de su obra, mucho más liberada de los clichés ideológicos en sus poemas de carácter vanguardista “En el pentágrama del cielo traza una golongrina/ la fuga del ocaso”. Josefina de la Torre a los 20 años publicó su primer poemario escrito también  bajo la influencia del magisterio de Juan Ramón Jiménez y la imaginería vanguardista tan propia de aquellos tiempos. La poeta grancanaria, como Carmen Conde y Ernestina de Champourcín, acabó escribiendo poemas donde la inocografía cristiana, la fusión sacrificio-amor y la frustración maternal se situaron en el eje de su discurso poético (y que durante toda la postguerra será prácticamente el tema oficial de las mujeres poetas que se quedaron en España). Carmen Conde, como se sabe, llegó a ser académica, atribuyéndosele el título de primera voz femenina de la lírica de la postguerra, también lectora y admiradora de la obra del poeta de Moguer. Sus poemas se decantan, sobre todo por el tema de la frustración maternal y amorosa y la sublimación del amor a través de la poesía en ese conflicto que vivió entre estar casada con un hombre muy débil y estar enamorada de una mujer.  De ahí - dice Emilio Miró- que su sujeto poético se muestre siempre como si fuese una niña ya adulta. Recordemos también que fue la primera en recopilar la obra de las poetas españolas de la postguerra en una antología (Poesía Femenina Española 1939-1950), aunque no sabemos por qué Rosa Chacel y Concha Méndez no aparecieron, quizás el hecho de que estuvieran en el exilio diluyó sus nombres en aquellos momentos. 

(Reseña publicada en ABC Cultural)
Iré publicando reseñas de libros que comenté cuando se iban editando y me parecen todavía relevantes,
Concha García

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