domingo, 28 de febrero de 2016

de "Los antiguos domicilios"






El pensamiento construye formas esta tarde de ocho de agosto . Percibo constantemente el verde en sus formas, el azul en su extensión, el gris en su talle. Roca, hierba, cielo, tierra, florecillas allá en el huerto;  animales como la vaca, el perro, varias clases de pájaros y hormigas, muchas hormigas. Un hombre que entra en bicicleta al convento donde viven las monjas, la escultura al fondo en forma de cabeza astada de ciervo sostenida por el muro que protege el monasterio. Yo, dentro. Lo que no se simboliza corre en el aire que respiro. No debo confundirme nunca con la idea de provisionalidad y con la idea de transitoriedad. Provisional es que yo esté aquí en este momento, en un estado de transitoriedad que se mueve, gracias al deseo, en camino de múltiples direcciones.

sábado, 20 de febrero de 2016

Delicuescencia





Una vez resueltas las necesidades básicas:  comer, dormir bajo un techo, disponer de una red de gente con la que compartir la vida y los afectos, no hay que preocuparse más que de mantener ese estatus, esa básica premisa para vivir. Aspiramos a vidas felices, o al menos, simétricas, sin grandes vuelcos que nos desmoralicen como las guerras, los estados de melancolía, muertes, enfermedades; en fin, todo eso que también forma parte de la existencia. Si no contamos con un número determinado de endorfinas podemos tender a la tristeza profunda, si no contamos con un número indeterminado de deseo, podemos tender al hastío. Sabemos que gozar de objetos de consumo no nos satisface, vemos a los jóvenes perdidos en una absurda fiesta que los enajena. Se creen valientes, se muestran arrogantes, maleducados, si pudieran hasta te podrían dejar tirada en una esquina. Vemos cómo el avance del capitalismo arrasa con miradas que podrían cruzarse, embelesadas ante las minúsculas pantallas de los teléfonos móviles, y ya no nos miramos. Sentimos la fobia a otros cuerpos, la instauración de un nuevo legado que consiste en cultivar el propio cuerpo llenándolo de tatuajes –que es una forma atávica de añorar un pasado lejano, y ellos no lo saben-. La arrogancia de la belleza huera, vacía, ensimismada, capaz de producir seres solitarios, el colmo de la materialidad en uno mismo. En realidad nada ha cambiado, solo que hemos ido destruyendo la Naturaleza poco a poco, naturaleza no es solo la tierra, también somos nosotros, amarnos a nosotros mismos es una fuente de rencor e insatisfacción. Como dijo Pasolini, las luciérnagas han desaparecido, la cultura se ha convertido en un instrumento de barbarie totalitaria, el hombre, la mujer, con capacidad de consumir –no hablo de los millones de desterrados y pobres que posiblemente quintupliquen en número la población satisfecha- producimos soledad sin experiencia, es la soledad fosilizada, inane. Como observó Françoise Giroud, ha desaparecido la autoridad y eso ha hecho que las personas no tengan superyo. En términos freudianos eso quiere decir que no hay referentes ni culturales ni éticos. Esa mayoría estupidizada abruma porque crece y crece; pero por una ley de paridad universal, otros, otras, se apartan de ese escenario donde todo refulge tanto que no deja ver, como ya he dicho, el brillo de las luciérnagas. Ahora brillan seres opacos, que salen de sus escondites, que no se relacionan con la palabra ni con el cuerpo, que aparecen como muertos vivientes, sin embargo, no se puede estar muerto y vivo. ¿O sí?




viernes, 12 de febrero de 2016

Órfila Bardesio (poema)





Vapores


Se evapora el volar
De las manos
Que emantan la Geometría.
Se evaporan los ojos
De la rama casi dueña
Que los lleva.
Se evaporan cabellos
De los que dicen:
“tus cabellos”
Se evapora la costumbre
De usar cuerpo
Como una túnica.
Se evapora la ventana
Abierta en breves días.
Pero la Gracia dura,
La Música permanece en su aire,
Callados los instrumentos.


lunes, 1 de febrero de 2016

Sobre poesía






Acontecimiento y El día anterior al momento de quererle.

Entre ambos poemarios distan más de cinco años. Hay un engarce, algo que es similar y resuena más en estos libros que en mis anteriores.
No es algo que dependa solamente de las palabras. Las palabras, sin ese engarce con la existencia no hacen lenguaje, no es lengua poética. No digo que sea autobiografía, digo existencia, de velocidades cambiantes:  nada permanece fijo.
Se producen cambios, hay que estar alerta, dejar respirar a las palabras, acaban llegando solas, llegan cuando lo real se cruza con lo simbólico, con lo ancestral, salen del subconsciente, tocan lo mágico –palabra rechazada por los razonadores profesionales-.
Lo mágico cabe en la realidad, forma parte de ella, se ensarta. Como en el sueño, la realidad se bifurca y se amplía dando lugar a situaciones temporales muy condensadas, es decir, instantes.
En estos poemas los instantes parecen fotogramas. Un pequeño vuelo de tiempo, casi imperceptible, ahí está la huella, el negativo. Instantes que provocan extrañamiento. Abundancia de imágenes que traspasan la noción de tiempo donde los barcos entran o salen. El viaje del amor y la conciencia del cuerpo que en su contingencia evocadora de movimientos interpretativos abren el arco de las posibilidades de la realidad, allí donde se sueña esta marcado un territorio, allí donde se escribe, se inicia una ruta.

Si la metáfora de Acontecimiento era ir hacia un no-lugar, en El día anterior al momento de quererle,  la metáfora se produce en el propio viaje. No hay lugar donde llegar,  solo un presente desmenuzado que altera el orden en busca de un territorio habitable simultáneo a la memoria y al recuerdo de lo que todavía no ha sucedido.