martes, 15 de agosto de 2017

Un día de agosto en Saint-Tropez

Un día de agosto en Saint-Tropez









Fuimos temprano a Saint-Tropez desde Cap Brun, en Toulon. Estamos a unos setenta kilómetros de distancia. Fue la segunda intentona después del pasado jueves, a la altura de Hyères ya había caravana para entrar y todavía quedaban más de treinta kilómetros. En esta ocasión, la autovía no estaba demasiado llena, teniendo en cuenta que madrugamos para que así fuera. Pasamos por la zona de viñas con la denominación de origen:  Côtes-de-Provence, tan bellas como los exquisitos vinos que produce, sobre todo los rosados, que se beben como si fuese agua y te dejan una agradable sensación nada parecida a la de los vinos secos y duros. Durante varios kilómetros solo vemos coníferas y vides, además de los autos correspondientes, cada vez más abundantes en todas partes. Alguna vez iremos en autos voladores, no sé cómo será mirar hacia el cielo, si el efecto que producirá será el de sentir que estás bajo una gran tela de araña.
Esta parte de la costa azul es escarpada y sus accidentes geográficos hacen imposible ir en línea recta. Junto al mar, está llena de calas y en algunas no se puede acceder si no es en barco. Llegamos a Saint-Tropez a las nueve de la mañana, vimos instalado el circo Price y a más de una joven rubia corriendo con el cuentakilómetros en el brazo antes de entrar en la población con más glamour de esta zona y de otras de Francia . Ya estaba a rebosar de gente. Encontramos un ángel con el nombre de María Pía, argentina que lleva 27 años viviendo en Saint-Tropez.  Se encargaba de publicitar un paseo en barco por la costa y la bahía de Saint-Tropez por 11 euros. ”À bord du bateau Rose des vents, una promenade familiale pour vivre 1 heure de détente commentée en direct per notre équipage entièrement tropézien”.
Agradablemente sorprendidas al encontrar a alguien que hablara nuestra lengua, le preguntamos más cosas. Nos dijo que el mercadillo de los sábados iba a estar hasta las dos, y que a esa hora se recogía la gente. Que era una ciudad muy cara; que el turismo la encarece más, y que hasta los ricos están en crisis ya que suelen alquilar sus enormes embarcaciones de recreo. Días atrás estuvieron Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa en uno de ellos, una embarcación, cuyo precio es de 42 millones de euros, de un millonario que los invitó a pasear. De Niza al barco en helicóptero. Hace tiempo que me desprendí de los libros de Vargas Llosa, incluida su biografía.
Un día de amarre en el puerto cuesta 4.000 euros. No se le veía muy feliz por todo ello a María Pía, nuestro ángel. Fuimos hasta el mercadillo, atravesamos callejuelas con escaparates que exhibían ropa y complementos carísimos. Ahí estaba Louis Vuitton, entre otras marcas, que también están en el Paseo de Gracia de Barcelona. El capitalismo en todo su esplendor, pero en pequeñas tiendas con encanto y dependientas de portada de revista de modas. Me sentí incómoda ante el aluvión de gente. Sé que formo parte del grupo, que no estoy fuera, pero es difícil escribir esto sin mi observador yo. En el mercadillo vendían de todo, como cualquier otro, solo que los precios eran mucho más caros. Nos compramos dos camisetas, y tuvimos la tentación de comprar un mantel, menos mal que nos detuvimos. Después fuimos al paseo en barco.  Nos adentró en la bahía, que era muy hermosa, azul y bordeada de montañas, amplia, salpicada de embarcaciones grandes y pequeñas, conducidas por ociosos turistas, rubias perfectas tomando el sol en la proa, algún nadador que saltaba al mar desde su embarcación. Fuimos viendo la ciudadela, el viejo Saint-Tropez, donde vivió en los años sesenta Juan Goytisolo con su esposa, y las villas de las celebridades. Cómo no,  las dos casas de Brigitte Bardot, una escondida para que no molesten los paparazzi apostados frente a la otra, la que está en la costa, mucho más modesta que la villa de la hija de Tatiana Yeltsin, o la de los dueños de la cerveza Heineken, o la de Román Abramóvich, propietario del Chelsea Football Club, o la de Louis Vuitton, cuyos bolsos de precios astronómicos son imitados y los venden los top manta en diversas ciudades.   También está la villa de Elton John, y la Mohamed Al-Fayed, entre otros y otras… Generalmente no viven allí todo el año, y a veces ni siquiera aparecen, aunque deben pagar su mantenimiento. El exceso, en cualquiera de sus modalidades no es algo que me atraiga especialmente, en este caso me produce indignación. Recientemente el equipo de fútbol francés que ha comprado a Neymar por la modesta cantidad de 222 millones de euros, le alquiló una mansión por 50.000 euros al día, donde celebraron una fiesta por todo lo alto.
El paseo fue agradable y pude ver Saint-Tropez desde lejos. El escenario de muchas películas de Louis de Funès se quedó convertido en eso, un escenario. Dimos otro paseo por las cada vez más atiborradas calles hasta que decidimos tomar cada una su camino durante una hora. Me sirvieron una cerveza carísima, la gente iba acomodándose para comer en todos los restaurantes, en la terraza del Café Sénéquier, dos mujeres ancianas con operaciones faciales varias me miraron con desprecio, sus rostros eran casi iguales, y me imaginé una escena en el infierno con caras de aspectos similares, como la del hombre que tenía al lado, mientras tomaba la cerveza, de refilón pensaba que era un joven por su ropa, lo miré atentamente y descubrí otro anciano peinado a lo garçon con el cabello negro. Los ricos todavía no pueden detener el tiempo, esencia de lo que somos, o sencillamente, lo que nos queda por vivir.







lunes, 24 de julio de 2017

Poema de Leónidas Escudero







5-Contradicciones: "Misterio”

Tengo que regresar a donde nunca estuve.
¿Cómo? Como lo oíste,
porque si fuera yo de aquí
no sentiría las ganas de pegar la vuelta a
donde no sé.
Pregunto a loj amigo,
y diligentes hormigas y a árboles,
a todo bicho y nadie sabe nada de nada.
Y esto que digo es triste,
ser exiliado a un país allende
más allá de allá a donde siempre
estoy yendo y siempre
nada.
Hasta si muevo un dedo
sé que me estoy acercando y voy, voy
pero contradictoriamente
me espanta la idea de llegar.

martes, 18 de julio de 2017

Sobre Julia Uceda





La poesía de Julia Uceda (Sevilla, 1925) -sobradamente conocida sobre todo desde que se le concediera el premio Nacional de Poesía en 2003 por la publicación de sus obras completas -, nos ofrece el recuento de una serie de emociones sentidas de verdad,  que después de ser interiorizadas,  traen a la memoria un haz luminoso de palabras resonando en los tejidos más hondos. Allí donde podríamos ubicar imaginariamente la memoria afectiva: “cuchillos de madres como palabras, ecos/ de palabras dichas o no dichas pero/ oídas, siempre oídas”. Eso es el poema. Mostrar un reguero de posibilidades y de in-certezas.
Progresivamente la autora ha ido incorporando nuevos puntos de vista en sus textos y diversas referencias que tienden más hacia el hermetismo simbolista que hacia la anécdota de sus primeros libros. Lectora incansable no ha cerrado las puertas del saber y la curiosidad y por ello cada libro nuevo plantea una interrogación acerca del sentido de la existencia. El resultado es notorio, pues su escritura,  con cada libro,  da un paso más hacia la indagación, lejos de la mística y cualquier atisbo de religiosidad , nos arroja en un adentro. Como ha escrito Jacobo Cortines, intercala espacios de la intimidad para escuchar la voz de la memoria, sueños que son eco de otros sueños, vacíos donde se esfuma el cuerpo, territorios donde dialoga la sombra de lo que fuimos.
“Tampoco los espacios perdidos/ pesaban como ahora, calle pretérita,/ en camino a tu imagen de esta tarde./ en que veo a una yo dentro de yo sentada en la butaca/ -que entonces no veía: la madera/ muy clara de la mesa brilla bajo la luz. Fuera,/ los monjes del invierno que ya sabes...-/ cerrando un libro que nunca acabaría de leer”.
No sin cierto gusto por lo enigmático, en este poemario Julia Uceda ordena los poemas por orden alfabético. Pero el orden no marca el ritmo hacia ningún lado. Lo puedes abrir al azar.  En realidad, los poemas,  forman un círculo. Vemos que la influencia oriental acerca de la concepción del tiempo y el espacio (sincronicidad, circularidad) en la obra de Julia Uceda, cada vez más afianzada,  muestran pensamiento poético distinto al de otros compañeros de generación, lo que hace que su poesía se aleje de la tradición más castiza, algo gastada ya bajo mi punto de vista, de tanto uso, y sobre todo, porque al lector o lectora contemporáneos le pedimos a la poesía un sentido que no cuelgue tanto del tendedero de lo estético.
“Ni siquiera la memoria restos de un juego efímero/ en el que ya nada nos puede acontecer”. Las interrogaciones sobre el ser,  sobre los sueños o los recuerdos, sobre el olvido y la mirada, siempre mucho más intensa y profunda, de la poeta, dialogan  con el haya de su infancia, ahora convertido en un fuerte árbol. Es una hermosa metáfora del paso de los días, de esta manera la poesía llega de extraños lugares sin fecha y sin tiempo. “Vuelve la sombra antigua y sin sentido/ cuando la noche se despide: siempre/ la misma hora, desde hace tantos años/ la misma visitante/ ¿Ordené yo la muerte?/ Andes de despertar, dorados ojos enigmáticos / me miran con reproche, con tristeza. / Y en vano les pregunto”. El paso del tiempo posiblemente en algunos poetas convierta sus textos en logros filosóficos, porque ciertos aspectos de la realidad no carecen de poesía. La comprensión vital y generosa acerca del sentido de la existencia, eso es lo que han buscado muchos filósofos y en la poesía de Julia Uceda se extiende,  como un manto de palabras, una zona de la que nunca ha prescindido la autora de origen andaluz.  “El poeta es un ser molesto para el hombre que, simplemente, vive, porque es un ser que se adelanta a su tiempo y, en contraste, forma parte de la activa conciencia de él. Y mientras más honda es esa conciencia, más molesta para los demás”, escribió hace muchos años. 

Concha García

domingo, 25 de junio de 2017

Diarios (inédito)


Abro la casa que me ha prestado Ida Vitale y Enrique Fierro en el barrio de Pocitos de Montevideo y me encuentro con la mejor biblioteca de poesía latinoamericana que he tenido a mano nunca. Pero no solo eso. La luz entra por todas las ventanas y balcones de tal manera que siento que estoy en un sueño y que cada vez que saque un libro del anaquel,  la realidad vendrá a susurrarme que todo dura un ínfimo momento de tiempo. 

Entro en la habitación donde se guarda la literatura uruguaya, que ocupa varios estantes. Apretados tomos de Armonía Somers próximos a los de Juan Carlos Onetti,  Circe Maia,  Felisberto  Hernández,  Julio Herrera y Reissig, Juan Cunha. Más arriba de Amanda Berenguer, de Benedetti, y antologías, antologías de principios del siglo XX . Miro la hora pensando que también me apetece pasear entre las arboladas calles de marzo, recién comenzado el otoño austral.  Pero la poesía vuelve a entrar por todas partes al tomar  de la estantería un amarillento tomo con letras en rojo y negro  “Mapa de la Poesía 1939. Los nuevos valores del Uruguay. Anotaciones de Juan M. Filartigas” Editorial Albatros (no veo el año)

“El Uruguay musical triángulo de tierra, con una ancha onda azul sobre el Plata, y un cordón tierno de agua y de paisaje sobre el Uruguay, (río de los pájaros pintados según imagen guaraní). El Atlántico golpea con puño fuerte en su pecho, y en el Brasil le hace fondo con paisajes de lenta belleza sensual…”  Este recargado y pictórico prólogo acaba dando la lista de los antologados: Julio Laforgue, El Conde Lautréamont, Delmira Agustini, Florencio Sánchez, José Enrique Rodó, Julio Herrera y Reissig, Julio Supervielle, Carlos Reyles, Pedro Leandro Ipuche, Eduardo Fabini, Juana de Ibarborou (entonces tenía en prensa su poemario “La rosa de los vientos”). Me echo sobre el sofá y abro con devoción el poemario, de él se cae un díptico del antólogo,  una foto de su rostro en blanco y negro y debajo una fecha : 1929”. Mi padre tenía dos años cuando se publicó. Dejo el díptico a un lado y recorro los poemas.  

lunes, 19 de junio de 2017

Ella 3





Ella 3

Ella, alguna vez sumida en el anhelante
vaso de bourbon, o ligera cabalgata
de botellas de vino. Y díganle
que su diente nunca dio bocados
a los cuencos de finísima arcilla.


miércoles, 24 de mayo de 2017

Tirana









La ciudad de Tirana se expande bajo las faldas de los Alpes Dináricos que enmarcan la ciudad ofreciendo a la visitante una espectacular visión a medida que te vas acercando desde el aeropuerto,la avenida se llena de cafés, de mercadillos, de hoteles de todos los tamaños y de gente. La primera extrañeza  es la ausencia de turistas. No hay restaurantes de moda nitiendas de Inditex que te hacen sentir en cualquier ciudad como en la tuya porque el consumo no muestra radicales diferencias en parte alguna. Otra sorpresa es la cantidad de hombres que,  a las nueve de la mañana,  ya están sentados en el café, transmiten tranquilidad y el tiempo no parece correr para ellos. Algunos juegan al ajedrez o a las damas apiñados en las plazas en cuyo centro se levantan estatuas de partisanos, aquellos que en 1944 la liberaron de la ocupación italiana y más tarde alemana. Aquí no hay reyes ni santos. Aunque hubo un rey, pero ya no reina.
La renta per cápita de los albaneses es muy baja, uno de los países más pobres de Europa y sin embargo hay algo en el ambiente que hace muy acogedora la ciudad, aunque el tráfico sea una locura y haya tantos ciudadanos de un lado para otro. Un albanés puede estar cuatro horas sentado ante su taza de café turco o jugar sobre el capó de su taxi Mercedes Benz a las cartas.
El gobierno que tomó el mando en 1944 utilizó una mezcla de terror nacionalista y comunista. Enver Hoxha aisló el país para seguir en el poder después de que los demás regímenes comunistas europeos hubiesen caído. Quedan señales de aquellos tiempos como los búnkeres repartidos por todo el territorio, casi un millón. Cuando murió, en 1985, fue enterrado en el búnker pirámide  del Boulevard de los Héroes, justo al lado de su residencia, ahora ambas edificaciones están derruidas, la pirámide que ordenó construir la hija del dictador está pintarrajeada, algunos adolescentes trepan por sus paredes inclinadas. Apenas detectas gente con los ojos puestos en el teléfono móvil. Albania ha sido el único estado en la historia en declarar la inexistencia de Dios. Fue ateo desde 1967 hasta 1990. Se destruyeron mezquitas e iglesias, pero la religión no se puede decretar inexistente porque suele renacer con más fuerza. En las pocas mezquitas que quedan, los muecines oran a viva voz cinco veces al día con ayuda de megafonía. Te detiene el canto. Te detienen los autos que pasan sin hacer caso de los pasos de cebra. Te detiene el hermoso cielo y las fachadas de muchos edificios sin revocar. Pero la extrañeza no te deja en paz y camino por calles cuyos nombres no puedo retener porque la lengua albanesa de origen indoeuropeo (tiene además tres dialectos) proviene del antiguo ilirio y en la actualidad sus raíces se reparten entre lenguas como el turco. Es una de las lenguas anteriores al latín,  junto con el griego y el vasco. Aunque no pueda recordar sus nombres porque soy incapaz de retener la grafía, puedo ver los diminutos comercios invadiendo las aceras;  en algunos casos se estrechan tanto que desparecen en la calzada. Te encuentras con pequeños colmados donde se ofrece fruta del tiempo, una fruta poco lustrada, ya lo largo de las aceras decenas de ropa colgando, hay tanta que no me explico quién la compra. A veces parece que paseas por un barrio de Atenas para trasladarte a algunas calles de Fez, ese aire entre oriental y europeo hace que Tirana sea tan particular. Una mujer de mediana edad vigila las brasas de un fuego que reaviva, en su comercio caben apenas tres mesas frente a un mostrador deslucido y viejo, el local no tiene más de veinte metros cuadrados, rezuma tiempo y abandono. La mujer prepara unos pinchos que algunos viandantes consumirán. Unos metros más adelante me introduzco por un callejón que me lleva a una serie de bloques con ladrillos a la vista, los primeros pisos tienen rejas, cada una de una forma, algunas son trozos de somieres, otras parecen no ajustar del todo. Una joven sale de uno de los departamentos, una mujer me mira sentada desde un banco, algunos balcones parece que se vayan a caer. Padecieron años de aislamiento tras la dictadura comunista y la crisis de 1997 a causa del colapso de unos sistemas financieros regulados por el gobierno de Sali Berisha.  Se trataba de depósitos que generaban intereses muy altos y casi toda la población invirtió en ellos, el colapso llegó casi a descomponer el país, fueron asesinadas más de dos mil personas y diez mil albaneses iniciaron otra emigración masiva. Las huellas de la miseria son siempre visibles en las clases más vulnerables y casi toda Tirana fue vulnerada, lo que no impide que te vuelvas a sorprender en el trayecto que lleva al centro de la ciudad, arquitectura de moldes fascistas por la amplitud donde te imaginas a las masas vitoreando al dictador. También hay muchas tiendas de vestidos de novia. Las bodas forman parte de la tradición y hay vestidos para elegir, en algunas calles tienes que levantar la vista para descubrir en el primer piso una cristalera ocupada por maniquíes de novias. Hay tiendas donde venden aceites esenciales para el cuerpo, unos aceites que te perfuman y hacen deseable a la mujer que se los unta. Cerca de las estaciones de autobuses surgen decenas de gomerías que me recuerdan las existentes en Montevideo, un cruce de imágenes familiares une a las dos ciudades por un instante. La percepción del tiempo también se ocupa de lo que no es real y sin embargo nos envuelve. Por ello no puedo concluir este artículo sin prometer continuarlo en la próxima entrega.

Concha García




martes, 16 de mayo de 2017

Neni Salvani






Neni Salvani nació en Carrara (Italia) en 1925,  a los tres años se trasladó con su familia a Rio de Janeiro donde estudió Filosofía y Letras. Fue profesora en la Universidad Santa Úrsula en Río de Janeiro y publicó los poemarios: Mar Longe (Mar lejano) y Sinos de Areina (Campanas de arena). Se trasladó con su marido, el arquitecto Fernando Tabora a Caracas en 1965 y durante 18 años impartió la Cátedra de Literatura Brasilera en la UCAB. Vive discretamente en Barcelona desde hace dos años, con su hija, la fotógrafa Carla y su familia. Emigrar no se elije, muchos son los condicionantes para que las personas tengan que irse de su país. En su casa del barrio de Vallcarca,  en Barcelona, detrás del Parque Güell, la vegetación es más abundante que en las áridas aceras de otros barrios. Al llegar me encuentro en la casa con Juan Pablo Roa, poeta colombiano instalado en Barcelona.  Juan Pablo ha descubierto la poesía  Neni gracias a su librería Animal Sospechoso, ubicada en el barrio de Gracia. Está también Carla Tabora, su esposo, y Cristina Guzmán, librera y editora venezolana. Siempre que se sale, ya una no es del lugar que dejó, dice Nini. Sus 92 años no le han quitado lucidez, ni curiosidad, ni el brillo de los ojos.
Comienzo preguntándole si la poesía remite siempre a la infancia, sobre todo la que escribe ella.
No es fácil hablar sobre ello.  Cuando una es infante,  la vida pertenece a otras personas que deciden si vas o te quedas. La elección empieza después a desarrollarse y es entonces cuando tomas decisiones. Mi familia se trasladó a vivir a Brasil, al otro lado de la Bahía de Río de Janeiro, donde mi papá tenía obligaciones pues era ingeniero. Me case con el arquitecto Fernando Tabora, decidimos ir a  vivir a Venezuela y ahora estoy al lado de mi hija.
Mis  libros publicados están en idioma portugués. Yo fui a Brasil a los 3 años y la evocación fue a través del idioma. En la universidad  estudie el castellano,  todo era muy determinado para el estudio del español, leíamos a  Calderón y Quevedo,  todo de acuerdo a un programa.
Mis lecturas fueron muchísimas. Una mezcla entre la narrativa y la poesía, el teatro el ensayo… todo está mezclado con el crecer de una.
Su poesía, no se puede reducir a unas explicaciones, la búsqueda de la palabra mediante la propia palabra se convierte en indagación, la misma que tuvieron otros grandes poetas, aunque ella es muy discreta. A un lector joven que le dirías, le pregunto. responde pensando… Llegar a la poesía no desmenuzándola  y analizándola. La poesía siempre ha sido difícil pero justamente es el único chance que tenemos de conocer,  o pretenciosamente conocer , la búsqueda interior. Es un misterio. Como combina una palabra con la otra, como se encuentra la palabra que exprese el verso, eso es la poesía.
¿Cualquiera puede escribir poesía? Le digo, y responde:  Hay una vocación hacia el misterio de la palabra esa vocación es la respuesta. Supongo que alguien que descubra a Dante no va a dudar nunca de que el realmente era un poeta, entonces los demás somos pequeña cosa.
La duda siempre te persigue, cuando el poeta se encuentra con su duda y encuentra la definitiva, encuentra como un muro que hay que deshacer, es difícil expresar la poesía, una puede estar sentada en una oficina y a la vez estar trabajando la palabra.


Huellas místicas  que recuerdan las de otras poetas de su generación como Ida Vitale.  Nani no conoce a Ida Vitale. Pero parecen compartir el mismo cielo estrellado. La constatación de una trascendencia, una búsqueda no limitada,que  no es religiosa. Es del misterio del misterio a través de la palabra.  No es trascendencia hacia Dios, sino hacia la propia palabra.
El idioma es una piedra para la poesía. Por ser tan importante, la expresión es importante. Me dice.  Es a través de ese mas allá que existe la expresividad interior, la posibilidad de comunicación. La búsqueda mística a través de San Juan y Santa Teresa.

El segundo libro Campanas de arena, lo escribió dos años después, en él evoca toda la vida que empieza a sonar desde el primer momento,  como es una campana que suena pero no alcanza a todos porque la campana es de arena. El ritmo en sus poemas hacen sonar los poemas. El poema es también ritmo.
No se ha traducido todavía nada esta poesía tan excelente. “Dejé la escritura y la duda fue mayor. Yo me sentí humildemente que estaba invadiendo un campo que yo no alcanzaba. Era mayor de lo que yo podía hacer y entonces dejé de escribir. Yo me sentía muy unida a Rilke que pasó tantos años sin escribir, ¿pretenciosa,  no?”  No pretenciosos quienes seguimos escribiendo.
“No permití que se desarrollara el narcisismo de ser escuchada.  Durante mi vida escribí muchos poemas pero no los publique, los guardé.”
A mi madre, dice Carla,  lo que le pasó le pasaba a muchas mujeres entonces,   el gran amor era su esposo. Yo los conocí y se llenaban mucho recíprocamente,  y vivieron esa gran aventura del amor.  La vida de la pareja y de los hijos fueron una vocación muy grande. Nani añade:  “Me parecía que había tantas palabras en el mundo que no hacía falta añadir más palabras. “
Nani se entusiasma y recuerda. Le pregunto si conoció a Elizabeth Bishop. Su marido estuvo trabajando con Maria Carlota de Macedo, “Lota”, la compañera de la poeta norteamericana,  en la creación del Parque do Flamengo. Sí la conoció, aunque confiesa que no la había leído.”Ella vivió muchos años en Ouro Preto, una ciudad colonial barroca”
No era fácil comunicarse en Brasil con sus editores y lectores,  estando en Venezuela. La ciudad estaba en un momento de expansión y había grandes escritores como Juan Lizcano, librería Cruz del Sur, Rafael Arraez, Yolanda Pantin,  Rafael Cadenas , Eugenio Montejo… en Caracas todas las generaciones se juntaban. La gente quería publicar en Caracas,  por ejemplo en Monte Avila o en la  Biblioteca Ayacucho.
“Daba clases de poesía contemporánea brasileña. Conocí a a Clarice Lispector. Cuando entramos en contacto estaba muy enferma, yo la he leído muy bien, una de las personas que conoce mejor su obra, dice la editora. Ella era su aventura interior , era extraordinaria, su descubrimiento del mundo que devolvía en literatura era de verdad insólito en Brasil, aunque la literatura brasileña tenía mucha importancia ella era nueva y única, estaba fascinada. Tenía mucha obra. Escribía de una forma interesante, sentada y sobre las rodillas escribía con una máquina de escribir, todo en ella era interesante, tuvo un hijo muy enfermo…













lunes, 24 de abril de 2017

jueves, 13 de abril de 2017

Ya no queda nada de todo aquello




Aquí las horas pasan como pasa todo. Han aumentado en los bares las pantallas de televisión, ahora son reversibles, se pueden ver por ambas caras, son delgadas, como una sábana. Ayer todo el mundo estaba mirándolas mientras estaba expectante a que el joven metiera el gol en la portería. Salí de la calle y me puse a mirar fotos de unos días antes. Sonaban los ruidos de la gente, eran como golpes de puerta en una habitación sin ventanas. 

lunes, 3 de abril de 2017

Poema de Viky Frías





MI NO SER

Yo pude no haber nacido,
quedarme en el vientre
de mi madre
en fase de huevo,
ser expulsada con la menstruación
-un minúsculo grano rojo
sin bautizar.

Yo pude haber caído en las cloacas
y servir de alimento a algún pez
o a una rana,
mis brazos y mis piernas
no hubiesen brotado,
el corazón
jamás habría dolido,
ninguno de mis pensamientos

pensado.

Señal de vida



Lo estuve siguiendo con la mirada hasta que se sentó en un banco.

lunes, 6 de marzo de 2017

Poema de Carmen Cuevas




Nubes al alba

Soledad entre las nubes. Arreboles
rojos de fuego vivo, rostros
calientes, pero helados a la vista.
Columna de nubes al albor: encarnadas,
grises, violáceas,
una hoguera removida de paleta
avistada; rojas fresas,
azafranes ardorosos, surgiendo
en irradiación temprana, ardor sereno

más suave que un susurro.







Carmen Cuevas vive en Murcia. Trabaja con otras poetas en "Miradas en los enresijos" Poesía de mujeres del s. XX

martes, 14 de febrero de 2017

Melisa Bendersky (un poema)





 

Melissa Bendersky

Por la rebelión

No te depiles. No te afeites.
Sé una mujer peluda, suave.

No te tiñas el pelo, no tapes tus canas.
No te pases la planchita,  no temas al frizz, no hace nada.
Sé una persona con cabeza.

No escondas tus tetas, no las encorsetes, no las encorpiñes
salvo por prevención a la violencia o el dolor.
Sé mamífera, de tus tetas viene el alimento que perpetuará a la especie.

No uses zapatos con los que no puedas correr el colectivo
o que te lastimen, te cansen, te incomoden.
Sé una mujer descalza antes que engrillada por tu propio calzado.

No te calles. Si a la audiencia no le gusta saberte crítica, divertida, cuestionadora, locuaz, buscá otros interlocutores.
Sé una mujer que piensa. Y no tengas reparos en mostrarlo.

No te maquilles. Distorsionar tus rasgos verdaderos
de acuerdo a pautas fijas de belleza no te hace hermosa.
Un clown también usa maquillaje.
Sé una mujer con cara de mujer.



Melissa Bendersky: Nació en Bariloche, Patagonia argentina, en 1975. Tiene dos hijos. Es periodista, escribe poesía y cuentos cortos. También se tienta con la literatura infantil.