lunes, 23 de enero de 2017

Sobre poesía




(de una entrevista)

“Yo no dirijo mis poemas a nadie. Mis poemas están pensados para la poesía; es la poesía lo que yo amo, el destino de mi escritura (algo así).  La poesía es el objeto de mis desvelos” . 
La poeta comienza a leer un poema y dice algo así como:  “Ella se ha introducido como una hiedra”, por lo que debo entender que se ha introducido una hiedra en ella. La metáfora de que la poesía se introduce, sin aclarar cómo se introduce la poesía, como si se introdujese el mundo, me hace pensar en que algo falla. El poema termina con una confesión muy personal acerca del placer que le produce el sufrimiento, y la autora del  poema no se separa del yo ni instante, como si escribir poesía, por sí misma, fuese un valor, como si para escribir poesía no hiciese falta otra cosa que decir: poesía, como quién dice Pepe o Beatriz. Solo basta nombrar la palabra mágica: poesía,  para que el poema pierda todo el sentido,  puesto que la poesía debería hallarse en el texto sin nombrarla.
El sujeto es algo tan inasible como la poesía, se evapora y no sabemos de qué se habla porque la poesía no es un referente, no es continente, es contenido. ¿Cómo creerla? (a la poeta) ¿qué argumentos me convencerían para que la creyese? La poesía sin cuerpo. Para ella el cuerpo no existe.  La soledad, el amor, el pensamiento, todo ello sin cuerpo alguno y sin historia, conceptos vagos o totalitarios, sin un reflejo de la clase de donde parte el discurso, ni del deseo que lo sostiene.




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