martes, 28 de noviembre de 2017

Escena (presentación de un poemario)









Llegan al reducto donde el poeta se explaya acerca de sus debilidades y otros aspectos pusilánimes. Laten pocos corazones alrededor del evento lleno de mucha gente. Un poeta que confiesa haber tenido cinco novias antes de encontrar a su mujer ideal es mirado por una señora de mediana edad a la que le gustan los poemas tristes. El presentador, un antiguo escritor que dice que ya no cree en los vestidos largos ni en las ojeras de los maldurmientes, enfatiza los aspectos más sórdidos de su existencia haciendo un curioso paralelismo con el libro que presenta. El editor se quita la chaqueta y carraspea. Dice que nunca había publicado poesía tan excelente y que está realmente impresionado porque el orden de los poemas no altera la calidad del libro, son tan intercambiables como las cifras de una suma. El poeta termina leyendo durante una media hora una ristra de versos donde habla del silencio, de las locomotoras antiguas, del bar donde conoció a su tercera novia, del nacimiento de su hijo y posterior comunión y del dolor de la existencia. A la señora que le gustan los poemas muy tristes la distrae la poeta de moda que acaba de entrar en la sala. Su poesía es un manto de experiencias que cubren desde lo más terrorífico hasta lo más banal. Sus yoes son como puntadas de una aguja que cose y cose sin parar sobre los heridos tejidos del pasado y del presente. Los aplausos forman un estallido que provoca que la sala de actos de la librería se llene de esporas cosa que fastidia bastante al auditorio.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Poética (una posible)







Decidí que la protagonista de mis poemas sería una mujer. Esa mujer recorre también las calles de esta ciudad y es anónima. Vive las sensaciones que puede albergar cualquiera, por eso las describe. Es una mujer de la multitud, esa multitud que le produce muchas veces repugnancia y rechazo cuando simboliza la deshumanización. Baudelaire escribió en 1851: “Sea cual sea el partido al que se pertenezca, sean cuales fueren los prejuicios que le hayan alimentado a uno, no conmoverse ante el espectáculo de esa multitud enfermiza que respira el polvo de los talleres (…) esa multitud suspirante y lánguida a la que la tierra debe sus maravillas y que siente correr por sus venas una sangre purpúrea e impetuosa, lanza una mirada larga y cargada de tristeza al sol y a la sombra de los grandes parques”.
Y como dice Walter Benjamin, en aquella población estaba el perfil del héroe, verdadero sujeto de la modernidad. Desconocidos rostros cuyas vidas nadie idealiza. La heroína de estos poemas sube al autobús, o llega a su pequeño apartamento después de un día de trabajo, o mientras pasea, rememora su vida atrapada por las imágenes de todos los balcones que encuentra en la calle.
(Lectura poética. Mayo 1995)

Ese otro día
Ese otro día

Yo antes vivía en una vivienda abalconada.
Luego viví en otra vivienda abalconada. Tuve tres.
Tres viviendas. Los taxis no eran demasiado caros.
Girarme para mirar otra calle no resultaba
peculiar. En cada una de las viviendas
tuve un amante y amé como nunca.
Amé tanto que no podía soportar los balcones
a solas, y tuve que recordar balcones, tuve
que crear con balcones, tuve que cambiarme
a otra vivienda sin balcones. Y no deseo
amar a nadie, mi deseo se cansa. Mi deseo
ya no soporta viviendas abalconadas.
Estoy sentada en una silla. Tengo enfrente
la televisión. La miro. No la observo. La miro.

Suspicacia


Una vez concluido el día asegura el rito:
dar la vuelta a la llave de la cerradura
desabrocharse la falda, bostezar
dirigirse al cuarto. Es todo por ahora.
Se ehca en la cama con la blusa puesta
y palpa el otro lugar, huele a cuerpo,
a un extraño amasijo de lejanos aromas
que le inquieta. Un vecino abre el armario
y ella lo escucha, cuchichea con su mujer
algo referente a los hijos.
Pasea los dedos entre las sábanas,
y cuando se imagina el presente,
no el pasado, que también es voluble.
ni el futuro que se puede falsificar.
Cuando se imagina el presente
ve varias casas con ventanas encendidas
en su oscuridad.

Titubear

Después de sentarse sobre el único asiento libre
del autobús. Después de sacar el diario,
de guardar en el bolso el monedero
mira por la ventanilla. O sería mejor
decir que mira a través de la ventana,
o acaso, seria mejor decir que quisiera
que al mirar algo se revelase: una verdad
un acontecimiento, una sensación.
Pero agacha la cabeza. Recuerda la noche anterior,
un sólo asiento vacío en el cine
en primera fila. También miraba hacia la pantalla
buscando ago revelador, una emoción,
un rostro. Inquieta, comprime el diario
y deja los ojos cerrados mientras aprieta
con mucha fuerza los puños.





Incongruencia

Nuevas palabras para viejos contenidos.
Cómo decirlo: no me turba
que una calle sea transversal a otra.
En los pequeños instantes descubrir
que balancearse equivale a nada, y
que una intuición es sólo eso, no proyecta
más que varias verdades. Pasear
para limitar este ansia
levemente transtornada por la falta
de inquietud. De una acera
a otra. El contenido del zigzagueo.



jueves, 2 de noviembre de 2017

Hilda Doolittle Poema

`

Así, a nuestro modo, furtivo y sigiloso,
discretamente, estamos

orgullosos de vuestra compañía, los que sois
mejores que nosotros, los que insinuáis

que pronto seremos arrumbados,
andrajos inservible hasta como banderas,

ni siquiera aprovechables como vendas;
pero cuando las rejas silbaban

bajo una lluvia de bombas incendiarias,
otros valores nos fueron revelados;
nos cubrió un ala de extraño tejido

y, a pesar del zumbido y el fragor ahí en lo alto,
más alto se oyó una Voz,

aunque fuera su tono más tenue
que un susurro.

(Traducción Natalia Carbajosa)

Un paseo por mi alma

Pensantes que no se ven porque la rareza de verlos provocaría un estallido de animadversión.