martes, 28 de noviembre de 2017

Escena (presentación de un poemario)









Llegan al reducto donde el poeta se explaya acerca de sus debilidades y otros aspectos pusilánimes. Laten pocos corazones alrededor del evento lleno de mucha gente. Un poeta que confiesa haber tenido cinco novias antes de encontrar a su mujer ideal es mirado por una señora de mediana edad a la que le gustan los poemas tristes. El presentador, un antiguo escritor que dice que ya no cree en los vestidos largos ni en las ojeras de los maldurmientes, enfatiza los aspectos más sórdidos de su existencia haciendo un curioso paralelismo con el libro que presenta. El editor se quita la chaqueta y carraspea. Dice que nunca había publicado poesía tan excelente y que está realmente impresionado porque el orden de los poemas no altera la calidad del libro, son tan intercambiables como las cifras de una suma. El poeta termina leyendo durante una media hora una ristra de versos donde habla del silencio, de las locomotoras antiguas, del bar donde conoció a su tercera novia, del nacimiento de su hijo y posterior comunión y del dolor de la existencia. A la señora que le gustan los poemas muy tristes la distrae la poeta de moda que acaba de entrar en la sala. Su poesía es un manto de experiencias que cubren desde lo más terrorífico hasta lo más banal. Sus yoes son como puntadas de una aguja que cose y cose sin parar sobre los heridos tejidos del pasado y del presente. Los aplausos forman un estallido que provoca que la sala de actos de la librería se llene de esporas cosa que fastidia bastante al auditorio.

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