lunes, 30 de enero de 2017

El apego



El apego no es otra cosa que la insuficiencia para sentir la realidad. Nos apegamos a la posesión de una cosa porque creemos que si dejamos de poseerla deja de existir. Ése es el caso de aquella mujer que se detuvo ante una cola con la creencia de que, si pasaba de largo, se perdería el pescado que allí despachaban. Creía que el alimento que ella  y los suyos no comían, no existía. Mucha gente no es capaz de sentir con toda su alma que existe una diferencia absoluta entre la destrucción de una ciudad y su remediable exilio lejos de ella,

Simone Weil. Cuadernos.
Traducción de Carlos Ortega

lunes, 23 de enero de 2017

Sobre poesía




(de una entrevista)

“Yo no dirijo mis poemas a nadie. Mis poemas están pensados para la poesía; es la poesía lo que yo amo, el destino de mi escritura (algo así).  La poesía es el objeto de mis desvelos” . 
La poeta comienza a leer un poema y dice algo así como:  “Ella se ha introducido como una hiedra”, por lo que debo entender que se ha introducido una hiedra en ella. La metáfora de que la poesía se introduce, sin aclarar cómo se introduce la poesía, como si se introdujese el mundo, me hace pensar en que algo falla. El poema termina con una confesión muy personal acerca del placer que le produce el sufrimiento, y la autora del  poema no se separa del yo ni instante, como si escribir poesía, por sí misma, fuese un valor, como si para escribir poesía no hiciese falta otra cosa que decir: poesía, como quién dice Pepe o Beatriz. Solo basta nombrar la palabra mágica: poesía,  para que el poema pierda todo el sentido,  puesto que la poesía debería hallarse en el texto sin nombrarla.
El sujeto es algo tan inasible como la poesía, se evapora y no sabemos de qué se habla porque la poesía no es un referente, no es continente, es contenido. ¿Cómo creerla? (a la poeta) ¿qué argumentos me convencerían para que la creyese? La poesía sin cuerpo. Para ella el cuerpo no existe.  La soledad, el amor, el pensamiento, todo ello sin cuerpo alguno y sin historia, conceptos vagos o totalitarios, sin un reflejo de la clase de donde parte el discurso, ni del deseo que lo sostiene.




jueves, 19 de enero de 2017

del diario (Antiguos domicilios)





Según Gilles Deleuze, el concepto es un centro de vibraciones que no se corresponde con la realidad, pero permite que oigamos con ella. Los conceptos se definen por su capacidad de resonancia.Enfrentar el saber con el no-saber y empezar a pensar la meta de un pensamiento sin modelo, un pensamiento sumergido en lo pensado, y que inventa los conceptos que este necesita. Un pensamiento inmanente (no trascendente). Pensamiento sin imagen. No sé pensar sin imágenes;  caería en la sensación. La sensación carece de imágenes;  es un estado paradojal, no emocional. La emoción interrumpe el pensamiento puro.  ¿Pensamiento puro sin emoción?

lunes, 2 de enero de 2017

Xilófono de la infancia (Javier Pérez Walias)





Xilófono de infancia
Daguerrotipo de familia


Era verano, probablemente de 1965.
Aún nos aguardaban algunas cigüeñas negras en los campanarios negros, algunas
primaveras de Praga, viviendo, ojo por diente y diente por ojo, en el mayor
de los contrastes: el de la cal viva, el del carbón rojo y la ceniza. Aún
tendrían que pasar trenes y trenes vacíos antes de que llegaran el café con
leche, las medias lunas dulces a las alacenas, las burbujas naranjas del
atardecer en la pista, o los largometrajes, cayendo ya la oscuridad del gran
pañuelo del cielo, por unos céntimos.
Entretanto, mi madre y mis tías se afanaban en ordenarnos por edad, de mayor a menor,
como si fuéramos las notas de un xilófono infantil. Nos mantuvimos, por un
instante infinito, quietos y felices en el tiempo, en el orden cósmico. Un
fotógrafo, con blusón de raso, de los de cámara con fuelle, fijó la orografía del
momento en nuestra memoria de infancia. Bajo la luz solar del solsticio, la
pupila negra y dilatada de melancolía se había convertido, por la unción de un
sombrero de copa, en un presente histórico, en esta sucesión de despedidas.
Detrás quedó la ciudad de los idilios: la fuente de piedra (de la que algunos decían
que en su bola del mundo los operarios introducían barras de hielo para mitigar
la fiebre saliendo a chorros por sus caños de cobre). Al fondo, el palacio de los
marqueses o el vetusto buzón de correos con cabeza de león; más abajo, la
estrecha calle Ancha, el puesto del vendedor de girasoles y la Puerta de Coria.
Allí, junto al mismísimo arco de triunfo de la Puerta de Coria, la que fuera casa de mis
abuelos maternos. A los pies de aquel romántico, quedó preso este xilófono de la
vida, esta escala del universo.
Era verano, probablemente de 1965.

(Esta fotografía está tomada en Plasencia el pasado mes de noviembre de 2016, Javier me explicó que este poema lo escribió recordando su infancia. Colocaban a los niños de mayor a menor de altura formando un imaginado xilófono.  Me gustó la historia, me gustó el lugar, me gustaron los momentos aquellos)