miércoles, 14 de marzo de 2018

Taller de la poeta con Cecilia Silveira







Reflexión acerca del Yo en el poema

Cuando me hago la pregunta sobre el yo en el poema, la sola idea de pensarlo me produce
una sensación de simetría, o quizás de lateralidad. Me veo al lado del yo, y al mismo tiempo
me siento como la parte complementaria de ese yo, como si esa otra parte fuera muda, y el
mí tuviera la voz. Pero al tener la voz, lo que dice ese yo pasa por mi garganta, y eso la
convierte en mi voz, quizá en un altavoz de lo que dice ese yo.
Muchas veces ese yo nos dicta lo que hay que decir, pero nosotros tenemos un filtro, y no
queremos o no podemos decir o nombrar algunas cosas, y digo nosotros, porque ni el yo en
el poema es uno solo, ni cuando le damos voz somos en singular, es un juego de espejos
múltiples, y al final una de las facetas toma protagonismo, y dirige el poema.
Cuando se logra que el protagonismo tenga un tono común en un conjunto de poemas, se
consigue contar una historia, con su idea original, su desarrollo, y su cierre, aunque no sea
en una cronología lineal, sino en varios niveles, y con desarrollo tangencial.
En el momento de escribir, esto no se tiene en cuenta, yo no lo hago mientras escribo,
necesito que me llegue el mensaje del yo, y poder exponerlo dejándolo pasar por mi cuerpo.
Ahí se incorpora el tema del cuerpo, que se relaciona con el verbo ser, y el yo en poesía
con el verbo estar. Somos cuerpo, y estamos en él a través del yo . En inglés el ser y estar
se confunden en el “ to be”, y siempre me llamó la atención cómo se perdía esa dualidad. La
poesía conecta esos dos estados del verbo, quizás esto ocurre en todos los verbos. Eso es
lo que estoy investigando, sobre lo que escribo ahora.
Creo que los verbos son el entorno natural para el yo, y que por medio de las conjugaciones
y las personas se crean las facetas múltiples que se van a reflejar en el poema.

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