miércoles, 29 de agosto de 2018

William Blake





Cees Nooteboom visitando los jardines  de la Granja  de San Idelfonso, que hizo construir el primer rey Borbón como consecuencia de su nostalgia de Versalles, observó que los diseñadores de los jardines franceses habían forzado a la naturaleza dentro de un modelo rígido y enconado de figuras geométricas. El racionalismo ordena con su método tantas cuestiones que no podemos olvidarnos de la poesía, que también pasó y pasará  por momentos racionalistas. Pero como nada queda fijado, como nubes de paso, siempre regresan aquellas que dejan la imaginación al descubierto barriendo toda secuela del orden de que el caos carece.
En el siglo XVIII William Blake (Londres 1757, Ibrídem 1827) plagó en su obra mundos de mitos, ritos, símbolos mediante la imaginación, que para él era el verdadero mundo paralelo, es decir,  de “otro reino” habitado por dioses y dáimones que interactúan en los relatos arquetípicos que llamamos mitos. Posteriormente Jung lo denominaría: inconsciente colectivo. Como anota Patrick Harpur en el prólogo –una honda introducción al libro que nos encontraremos- “La verdadera poesía sobreviene al hombre de genio capaz de ver las imágenes y modelos  que subyacen a cada persona, sociedad y momento histórico y determinan su existencia”.
El racionalismo hizo que nos olvidásemos de que además de alma y deberes, existe el  cuerpo y sus necesidades y fantasías.  Para él, el cuerpo era la parte del alma que se percibe con los sentidos. El error fundamental de nuestra civilización  ha sido  la separación de la mente y el cuerpo y la falta de empatía con la Naturaleza. Blake creó su obra apoyado por lecturas como la Biblia, Milton, Paracelso, místicos y  la Cábala. Creía que el mundo se había sumido en la oscuridad y echaba la culpa a la filosofía de Francis Bacon, que inauguró el método científico  dos siglos antes, y la ciencia de Newton, cuya imagen del universo funcionaba como un mecanismo de relojería, obedeciendo leyes mecánicas y regido por un dios remoto. Todo esta corriente de pensamiento y creencias nunca estuvo en el reverso de nada, se simultanea conviviendo con  Aristóteles, Descartes o Freud.
A su manera, Blake fue un pionero del  movimiento hippy así como del feminismo, ecologismo, naturismo y del estudio de la psicología al ponerla en relación con el inconsciente. Despreciaba el sistema educativo que refrenaba la imaginación de los jóvenes, abjuraba de la moralidad social por represora, y decía: "quien desea pero no actúa, engendra pestilencia”.  Su interés fue derivando de una revolución social a una cósmica, para ello inventó una genealogía. Sus libros proféticos son una tarea de años –toda una vida- donde supo verter un universo mítico no solo mediante palabras, sus grabados son también poemas y no complementos del texto. Pero ojo, nos encontramos con dibujos que plasman el arrebato visionario del poeta, el jugo de su sentir. Texto e ilustración en su adherencia atrapan el viaje imaginario del artista inglés hacia los ínferos del ser, como diría Zambrano.


William Blake

Libros Proféticos I
Traducción y prefacios de Bernardo Santano
Introducción de PatrikHarpur


Concha García

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